El ritmo en el relato




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EL RITMO EN EL RELATO
El escritor al narrar una historia puede contar hechos que ocurren en poco tiempo o en un periodo largo. No se debe confundir el ritmo con la acción: pueden ocurrir muchas o pocas cosas con independencia del tiempo que duren los hechos narrados.
Ritmo lento: Los acontecimientos ocurren en un corto espacio de tiempo. Se ralentiza la narración insertando comentarios ajenos a la acción, como juicios o reflexiones del narrador; los diálogos y las descripciones también detienen el paso del tiempo.
Ritmo rápido: Los acontecimientos ocurren en un amplio espacio de tiempo. Se acelera el ritmo omitiendo acontecimientos ocurridos entre dos momentos de la historia (pasaron tres años...), o resumiéndolos (los tres años siguientes los pasó dedicado por entero al cuidado de su huerto).

La relación entre el tiempo de la historia (TH) y el tiempo del discurso (TD) se puede resumir en el siguiente cuadro:





EXPLICACIÓN DEL FENÓMENO NARRATIVO

FÓRMULA DE LA RELACIÓN

PAUSA: el tiempo de los hechos (tiempo de la historia)se detiene completamente. El narrador se ocupa de reflexiones, digresiones, etc.

TH 0

TD 4

RALENTÍ O ANÁLISIS: el tiempo de la historia se demora mediante la narración de detalles, con lo cual el tiempo del discurso se prolonga

TH < TD

ESCENA: existe una correspondencia, más o menos exacta, entre el tiempo de la historia y el tiempo del discurso. Suele corresponder a momentos de diálogo, escenas teatrales, etc.

TH = TD

RESUMEN O PANORAMA: el tiempo de la historia se condensa; en el discurso se cuentan los hechos de forma rápida y escueta

TH > TD

ELIPSIS O ELUSIÓN: se eliminan o no se cuentan fragmentos enteros del tiempo de la historia, con lo cual el discurso tiende a cero

TH 4

TD 0

TEXTO A:
Día 23


10.13 Me despierta un timbrazo. ¿Dónde estoy? En un sofá. ¿Y este living tan mono? Ah, ya recuerdo. ¿Dónde está Gurb? La puerta de su alcoba está cerrada. Debe de estar durmiendo a pierna suelta. Siempre ha sido de mucho dormir. No como yo, que soy madrugador y diligente. El timbre sigue sonando.
10.15 Golpeo suavemente con los nudillos la puerta de la alcoba. No hay respuesta. Decido acudir personalmente a la llamada.
10.16 Abro. Es un mocito que trae un ramo de azucenas. Para la señorita, dice. Le doy dos duros de propina y me entrega el ramo. Cierro la puerta.
10.18 En la cocina. Anoto los dos duros que he puesto de mi propio bolsillo y que, en rigor, ha de pagar Gurb. Busco un jarro. Cuando lo encuentro, lo lleno de agua y dispongo las flores en el jarro como mejor sé. El resultado deja bastante que desear. Quizá no debería haber cortado tanto los tallos. Ahora ya es tarde para arrepentirse.
10.21 Abro el sobre que acompañaba el ramo. Contiene una tarjeta escrita a mano. No debo leer lo que dice, pero lo leo. A mi Cuqui preciosa con un millón de besitos shmuch shmuch shmuch shmuch shmuch shmuch shmuch. Pepe.
Eduardo Mendoza: Sin noticias de Gurb

TEXTO B:


Era un loro desplumado y maniático, que no hablaba cuando se lo pedían sino en las ocasiones menos pensadas, pero entonces lo hacía con una claridad y un uso de razón que no eran muy comunes en los seres humanos. Había sido amaestrado por el doctor Urbino en persona, y eso le había valido privilegios que nadie tuvo nunca en la familia, ni siquiera los hijos cuando eran niños.

Estaba en la casa desde hacía más de veinte años, y nadie supo cuántos había vivido antes, Todas las tardes después de la siesta, el doctor Urbino se sentaba con él en la terraza del patio, que era el lugar más fresco de la casa, y había apelado a los recursos más arduos de su pasión pedagógica, hasta que el loro aprendió a hablar el francés como un académico. Después, por puro vicio de la virtud, le enseñó el acompasamiento de la misa en latín y algunos trozos escogidos del Evangelio según San Mateo, y trató sin fortuna de inculcarle una noción mecánica de las cuatro operaciones aritméticas. En uno de sus últimos viajes a Europa trajo el primer fonógrafo de bocina con muchos discos de moda y de sus compositores clásicos favoritos. Día tras día, una vez y otra vez durante varios meses, le hacía oír al loro las canciones de Yvette Guilbert y Arístide Bruant, que habían hecho las delicias de Francia en el siglo pasado, hasta que las aprendió de memoria.

Gabriel García Márquez: El amor en los tiempos del cólera
- ¿Qué texto tiene un ritmo lento y cuál rápido?
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TEXTO

REFERENCIAS TEMPORALES

HECHOS QUE OCURREN

A







B







- Escribe el diario de lo que hiciste el sábado pasado
- Escribe un relato corto contando los hechos que más te hayan impactado a lo largo de tu vid


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