La Patria. Ese resabio útil para que se maten entre sí los explotados 01. Introducción




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La Patria. Ese resabio útil para que se maten entre sí los explotados
01. Introducción
Tras haber leído nuestro último trabajo publicado bajo el título: “¿Guerra entre países o entre las clases dominantes de esos países?, el pasado día 27 de setiembre a las 13:32 Hs., el señor Domingo Schiavoni nos remitió el siguiente mensaje:

<

  Saludos cordiales>>.



 

Señor Domingo Schiavoni:


02. ¿Argentina y Siria semicolonias?
En su brevísima observación crítica, el argumentario que Ud. expone pretende sostenerse sobre la idea de que, el “componente social esencial para resolver la contradicción entre países capitalistas como Argentina y países imperialistas como EE.UU., por ejemplo, no es el proletariado sino que siguen siendo las burguesías nacionales autóctonas. Y nos habla Ud. de revolución nacional, en la que los asalariados deben luchar por la emancipación económica del país o patria común, sin la cual no pueden ellos mismos ser emancipados.
Nos ha tildado de “eurocentristas”, pensando a estas alturas que las semicolonias dominan el panorama de las relaciones internacionales, como si la anexión de territorios por la fuerza de las armas siguiera a la orden del día en el Mundo desde su apogeo en el siglo XIX. ¿Sabe cuántas colonias quedan hoy en el Planeta? Pues, no muchas. Y salvo una, las demás desde el punto de vista territorial y poblacional son insignificantes: Anguilla (Reino Unido: 102 Km2. Población 13.477), Aruba (Países Bajos: 193Km2. Población: 110.000), Bermuda (Reino Unido: 53,2 Km2. Población: 67.837), Islas vírgenes (Reino Unido: 670 Km2. Población: 146.508), Islas Caimán (Reino Unido: 260 Km2. Población: 54.878), Islas Malvinas (Reino Unido: 356,3 Km2. Población: 3.140), Guayana Francesa (Francia: 92.300 Km2. Población: 260.000), Montserrat (Reino Unido: 102 Km2. Población: 5.879), Guadalupe (Francia: 1.704 Km2. Población: 425.700), Martinica (Francia: 1.100 Km2. Población: 432.900), Antillas Neerlandesas (Países Bajos: 960 Km2. Población: 225.369), San Pedro Miquelón (Francia: 242 Km2. Población: 7.012), Islas Turcas y Caicos (Reino Unido: 417 Km2. Población: 44.819), Groenlandia (Dinamarca: 2.166.086 Km2. Población: 56.840), Gibraltar (Reino Unido: 6,8 Km2. Población: 28.875) Nueva Zelanda (Reino Unido: 268.680 Km2. Población: 4.306.400), Samoa americana (EE.UU. Actualmente bajo supervisión del comité de descolonización de la ONU: 199 Km2. Población: 55.000), Nueva Caledonia (Reino Unido: 19.060 Km2. Población: 232.258) Bonaire (Países Bajos: 282 Km2. Población: 16.541), Curazao (Países Bajos: 444 Km2. Población: 140.794). Total: 2.553.217,3 Km2. Población: 6.425.512)
La superficie de tierra firme sobre las aguas de nuestro Planeta es de 150.386.640 Km2. La mayor parte de los inmensos territorios que a finales del Siglo XIX fueran colonias del centro capitalista temprano imperial en Asia, África, América Latina y Oceanía, abarcaban 89.400.000 Km2 con una población aproximada de 930 millones de habitantes. Desde entonces, esos territorios colonizados se redujeron en 86.846.783 Km. y sus habitantes en 923.574.438 personas, que han pasado ya a formar parte de la comunidad de naciones soberanas de desarrollo económico dependiente, incluyendo al actual Estado sirio. Todos ellos son hoy miembros de las Naciones Unidas.
¿De dónde ha sacado Ud. que países como Argentina o Siria sigan siendo semicolonias? La semicolonia es una categoría geopolítica transicional entre la colonia y el Estado nacional soberano económicamente dependiente. Se define por la independencia política limitada sobre determinados territorios, en tanto que los actos de gobierno en ellos están sometidos a jurisdicción política extranjera, mediante la presencia militar de la —o las— potencias extranjeras ocupantes. Los ejemplos mencionados por Lenin en 1919 son China, Persia y Turkia. Más recientemente, el antiguo Vietnam del Sur durante el gobierno títere de los EE.UU. presidido por Nguyen Van Thieu en 1975, por entonces en guerra con Vietnam del norte, reconocido por la ex URSS y China como país independiente. También pueden comprenderse todavía en la categoría de semicolonias, “comunidades autónomas” como el llamado “país vasco” y Catalunya en España, así como los territorios habitados por palestinos en el Medio Oriente y los saharauis en África.
El territorio de las Islas Malvinas, que permanece ocupado militarmente por el Imperio Británico desde 1835, es actualmente considerado por las Naciones Unidas como un territorio en litigio con Argentina, donde sus habitantes, los “kelpers”, se consideran británicos por consenso unánime. Argentina reclama ese territorio, por el hecho geofísico de que se localiza dentro de sus aguas territoriales. A esto los imperialistas británicos responden, que desde el punto de vista del derecho democrático a la autodeterminación de los pueblos, ese territorio pertenece a la Corona. Y con el cinismo que caracteriza por igual a todos los burgueses, llaman colonialistas a los gobernantes argentinos, extendiendo tal acusación a quienes piensan como Ud.
¿Qué le parece? Campoamor decía que: “en este mundo traidor, nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”. Nosotros preferimos mirar a la verdad de frente y sin anteojeras, que no admite ambigüedades, señor Schiavoni. Nos ha preguntado Ud. si los argentinos que reclaman esas islas, luchan contra la burguesía inglesa o contra la extranjería de una potencia colonial, y en defensa de nuestro territorio” Luchan y han muerto como asalariados que son y han sido en su mayoría, para que quienes sigan explotando y oprimiendo a los asalariados de ese archipiélago, en vez de británicos pasen a ser argentinos. Si Ud. se siente orgulloso y satisfecho pensando que así lucha por su propia emancipación personal, pues, que le aproveche.

En China, sus habitantes estuvieron cerrados al comercio con el exterior hasta bien entrado el siglo pasado. A partir de 1830, Inglaterra tuvo interés en abrir el mercado chino a la importación y exportación, desencadenando a fines de esa década la Guerra del Opio, que culminó con la derrota del país asiático. Como consecuencia, Gran Bretaña impuso a China el tratado de Nankín de 1842, por el cual la obligaba a liberar sus puertos, a fijar un tope a los derechos aduaneros de exportación y a permitir que los extranjeros tuvieran áreas residenciales y comerciales fuera del alcance de la justicia local. Posteriormente China sufrió otra derrota militar, esta vez a manos de Japón, en 1895, que le obligó a conceder nuevos derechos de navegación fluvial y privilegios comerciales, además de permitir la fundación de más factorías extranjeras. Varias potencias: Francia, Gran Bretaña, Alemania, Rusia y Japón, se consolidaron también en "zonas francas", con tropas, barcos y administración propia.


Las naciones de Persia y Turkía también permanecieron ocupadas parcialmente por tropas de varias potencias. Persia ya había sido dividida en 1907 entre Gran Bretaña y Rusia en Áreas de influencia. Más tarde, en 1919, Gran Bretaña le impuso el mando de oficiales británicos para reorganizar el ejército, ingenieros para la construcción de un ferrocarril financiado por un crédito británico y la obligación de aceptar sus "consejos". En cuanto a Turkía, Gran Bretaña dominaba su Estado, aunque éste, a su vez, oprimía a otros países. En 1920, las tropas británicas llegaron a ocupar Constantinopla.
En vista de estas circunstancias, desde la segunda década del siglo pasado Lenin sostuvo que, en las colonias y semicolonias, estaba planteada la necesidad de revoluciones democrático-burguesas para crear Estados nacionales independientes y nacionalmente homogéneos. Bajo tales condiciones, el proletariado de las colonias y semicolonias debía luchar por la autodeterminación nacional sin que esto supusiera ejecutar su programa socialista. El concepto de autodeterminación política va unido, pues, a este tipo de situaciones y limitado exclusivamente a ellas, a la lucha por la liberación nacional del colonialismo, incluidas sus formas transicionales. Por eso las consignas que adoptaban los movimientos de liberación eran del tipo nacional y democrático-burgués. Así, las reivindicaciones del Kuomintang en China incluían la unidad nacional, el control de la aduana por el Estado chino, la expulsión de las tropas y barcos imperialistas y la abolición de los privilegios para los extranjeros. En Persia y en Turkía, las consignas de los movimientos nacionales eran la expulsión de los extranjeros.
03. Dinero, libertad de comercio e intercambio internacional desigual
Para catalogar a los países de atraso económico relativo, como Yugoslavia, por ejemplo, Lenin empleó la palabra "dependientes". Estos países pueden llegar a sufrir la "anexión económica" al imperialismo, pero tienen independencia política y ésta es su "diferencia específica" con respecto a las colonias o semicolonias. Para Lenin —siguiendo a Marx— el concepto de Estado nacional capitalista económicamente dependiente, está comprendido en la dinámica de la libertad de comercio entre países donde impera la propiedad privada sobre los medios de producción, lo cual determina —inevitablemente— que la burguesía de los países centros económicos relativamente más desarrollados, consigan dominar a la burguesía económicamente dependiente de los menos desarrollados, convirtiendo así la presunta “libertad de comercio” en una superchería, es decir, engaño que se hace para sacar un rédito o beneficio.
A esta conclusión había llegado Marx en 1844 analizando la naturaleza del dinero:

<(en “El Timón de Atenas”) destaca especialmente dos propiedades en el dinero:

1º) Es la divinidad visible, la transmutación de todas las propiedades humanas y naturales en su contrario, la confusión e inversión universal de todas las cosas; hermana las imposibilidades;

2º) Es la puta universal, el universal alcahuete de los hombres y de los pueblos:

¡Oro!, ¡oro maravilloso, brillante, precioso! ¡No, oh dioses, no soy hombre que haga plegarias inconsecuentes! (Simples raíces, oh cielos purísimos!) Un poco de él puede volver lo blanco, negro; lo feo, hermoso; lo falso, verdadero; lo bajo; noble; lo viejo, joven; lo cobarde, valiente ¡oh dioses! ¿Por qué? Esto va arrancar de vuestro lado a vuestros sacerdotes y a vuestros sirvientes; va a retirar la almohada de debajo de la cabeza del hombre más robusto; este amarillo esclavo va a atar y desatar lazos sagrados, bendecir a los malditos, hacer adorable la lepra blanca, dar plaza a los ladrones y hacerlos sentarse entre los senadores, con títulos, genuflexiones y alabanzas; él es el que hace que se vuelva a casar la viuda marchita y el que perfuma y embalsama como un día de abril a aquella que revolvería el estómago al hospital y a las mismas úlceras. Vamos, fango condenado, puta común de todo el género humano que siembras la disensión entre la multitud de las naciones, voy a hacerte ultrajar según tu naturaleza”>> (K. Marx: “Manuscritos económico-filosóficos” El poder del dinero).


Para Lenin, la presunta “libertad de comercio” entre países “soberanos” bajo el capitalismo, es un ideal reaccionario1. Del mismo modo que lo es la “libertad” que supone el contrato de trabajo entre asalariados y capitalistas:

<(como fusión del gran capital industrial con el capital bancario) busca la dominación no la libertad>>. (V.I. Lenin: “Cuadernos sobre el imperialismo” en Obras Completas T. XXVIII. Cuaderno 9 “thea”. Ed. Progreso Moscú/1986 Pp. 344)
Y dado que el capital financiero es el alcahuete de la Ley del valor que rige las relaciones económicas internacionales y sobre la cual se ha erigido el imperialismo —incluyendo los conflictos políticos entre países que desembocan en guerras—, de este razonamiento incontrovertible, Lenin sacó la siguiente conclusión:

<> (Op. cit.)

04. De la nacionalidad a la internacionalidad del capital
A propósito de lo que Ud. ha catalogado como colonia, el ejemplo que presenta Lenin de país económicamente dependiente, es Argentina, al cual Inglaterra había venido dominando económica y diplomáticamente desde el siglo XVIII, "sin violar su independencia política". Por supuesto, Argentina padeció todo tipo de condicionamientos políticos, derivados de su dependencia económica respecto de Gran Bretaña. No obstante, estaba ubicada en una relación distinta con respecto a los países coloniales y semicoloniales, porque ostentaba autodeterminación política.
¿Qué entendieron Marx y Engels por nación bajo el capitalismo? Que, en ellas:

<cada vez más el fraccionamiento de los medios de producción de la propiedad y de la población (en distintas pequeñas partes). Ha aglomerado la población, centralizado los medios de producción y concentrado la propiedad en manos de unos pocos. La consecuencia obligada de ello ha sido la centralización política. Las provincias independientes, ligadas entre sí casi únicamente por lazos federales, con intereses, leyes, gobiernos y tarifas aduaneras diferentes, han sido consolidadas en una sola nación, bajo un solo gobierno, una sola ley, un solo interés nacional de clase y una sola línea aduanera>>. (Op. cit. Cap. III. El subrayado y lo entre paréntesis nuestro)
Para Marx y Engels, pues, la nación no es la simple unidad política de una población al interior de un territorio políticamente delimitado, sino que esa unidad de sus habitantes está regida por leyes y dirigida por gobiernos, cuyo interés no es el de toda la población sino el de su clase social dominante cada vez más opulenta y minoritaria. Tal es la función del dinero y de la libertad de comercio.

Cabría preguntarse aquí, si países como Argentina no se asemejaban a las semicolonias por el hecho de que estaba allí planteada su liberación desde el punto de vista económico. Lenin contestaba que sí, pero este objetivo: liberarse de la dependencia económica respecto del imperialismo y de las consecuentes presiones políticas y diplomáticas que se derivan de ella, ya no constituía un objetivo político en el sentido democrático burgués. ¿Por qué? Pues, porque, la mayor o menor dependencia económica de un país formalmente independiente respecto del resto, es producto del desarrollo económico desigual imperante en el mercado internacional, donde las distintas economías nacionales se vinculan a través del intercambio de sus mercancías, no ya confrontando directamente sus respectivos precios de producción —como sucede en cada economía nacional—, sino a través del distinto poder adquisitivo de sus respectivas monedas nacionales, determinado por la productividad del trabajo en cada país según la composición orgánica del capital promedio, con que cada país produce sus propias mercancías; poder de compra que se refleja en los distintos tipos de cambio de cada moneda nacional respecto de las demás, donde a mayor productividad del trabajo, menor valor de cada unidad de producto y, por tanto, mayor poder adquisitivo de su moneda nacional.2


Esta forma de intercambio internacional desigual, basada en el desarrollo económico desigual entre distintos países, lejos de atenuar la desigualdad económica en el plano de las relaciones comerciales internacionales tiende fijarla y acentuarla, agudizando la lucha entre clases sociales al interior de los países capitalistas económicamente dependientes. Al mismo tiempo que los mayores réditos de los países más desarrollados, permitían a sus burguesías apaciguar las luchas sociales en sus propios territorios.
05. El proletariado: de clase social nacional, a su condición de clase internacional
Así es como, siguiendo esta lógica económica del capitalismo, Marx y Engels llegaron a concluir que:

<<La lucha del proletariado contra la burguesía es, ante todo, en la forma aunque no en el contenido, una lucha nacional (el contenido o fundamento de su lucha es internacional). El proletariado de cada país debe, por supuesto, arreglar cuentas ante todo con su propia burguesía>>. (“Manifiesto Comunista” Cap. I Burgueses y proletarios. El subrayado y lo entre paréntesis nuestro)
Es tan de cascote que cada explotado no puede luchar por sus intereses de clase sino en el marco de su propio país, como que tampoco nadie puede elegir su lugar de nacimiento. En éste y solo en este sentido meramente circunstancial, el proletariado es una clase formalmente nacional. En 1864, Alemania era un país cuyo Estado permanecía todavía en poder de la Aristocracia feudal decadente. Pero el capitalismo allí estaba ya en pleno desarrollo. ¿Cuál debía ser el comportamiento del proletariado ante la dialéctica planteada entre aristocracia y burguesía en aquella “patria común” de los alemanes? En ese momento, los partidarios de Lassalle y los sindicalistas se dedicaban a crear confusión en torno a tal interrogante. Pero los marxistas lo tenían muy claro y su voz cantante durante aquella polémica fue Engels, en “La cuestión militar prusiana y el partido Obrero alemán”:

<> (Op. cit.)
¿Cual es todavía hoy el cometido del nacionalismo burgués residual al interior de los países capitalistas económicamente dependientes? Neutralizar en todo lo posible la dialéctica fundamental entre burguesía y proletariado, para retardar la revolución socialista desviando la atención de los explotados, hacia esa otra dialéctica entre cada nación económicamente dependiente y el imperialismo. O sea, trasladar la contradicción y la lucha entre clases sociales en un mismo país, al plano político de las contradicciones y lucha entre países. Convertir el odio de clase en odio hacia el extranjero.
La nación y su Estado nacional, sea de carácter semifeudal o capitalista, es la forma político-territorial de dominio bajo la cual el proletariado ha venido desarrollado sus luchas que le permitieron fortalecerse y madurar como clase, consolidando sus fuerzas a través de sus propias luchas. En este sentido y sólo en éste, es el proletariado una clase nacional y su lucha una lucha nacional. Porque deviene como clase social dentro del territorio en que circunstancialmente habita y se ve precisado a luchar por sus intereses como clase social explotada. Por eso Marx y Engels distinguen al proletariado como una clase peculiar, que al luchar por la conquista del poder actúa como clase nacional, aunque no en el sentido burgués de la expresión.
Es decir, que su lucha empieza asumiendo un carácter nacional, en el sentido de que está limitada o circunscrita a los límites de su nación. No puede pasar de ahí. ¿Por qué? Pues, porque en sus orígenes más remotos, la acumulación del capital nacional era insuficiente como para poder proyectarse a otros países. El desarrollo capitalista estaba todavía en pañales y los países eran compartimientos estancos, aislados unos de otros. Una situación que comenzó a cambiar cuando Estados nacionales capitalistas como Inglaterra y Francia, se disputaban territorios de ultramar a cuyas poblaciones sometían militarmente reduciéndoles a colonias, para apoderarse de sus materias primas —el algodón en la India, por ejemplo— que una vez procesadas en las industrias de sus metrópolis, las exportaban a menores precios con destino a esos mismos países colonizados, arruinando sus industrias artesanales más primitivas y esquilmando a su población:

<que había sido célebre por sus tejidos, no puede ser considerada como la peor consecuencia de la dominación inglesa en la India. El vapor y la ciencia británicos, destruyeron en todo el Indostán la unión entre la agricultura y la industria artesanal. (K. Marx: “La dominación británica en la India” Londres, 10 de junio de 1853)

Aquí está el embrión de ese futuro atleta que pegaría el salto de la nacionalidad a la internacionalidad de las luchas sociales. Mientras tanto, la lucha política de los asalariados por su emancipación social en numerosos países capitalistas, no podía trascender a sus propios territorios nacionales y, forzosamente, debía ser una lucha de carácter nacional. Pero ya en ese momento, Engels y Marx observaron que, en los países capitalistas más desarrollados, como Inglaterra, dada su lógica intrínseca el capitalismo nacional devenía en capitalismo transnacional. Es bajo estas nuevas circunstancias, cuando el proletariado comienza a dejar de ser una clase nacional cuya lucha por su emancipación social quedara limitada al territorio bajo dominio de sus respectivas burguesías nacionales, para pasar a ser, necesariamente, una clase cuyas luchas tendrían un alcance político internacional:



<<Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía ha dado un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países. Con gran sentimiento de los reaccionarios, ha quitado a la industria su base nacional. Las antiguas industrias nacionales han sido destruidas y están destruyéndose continuamente. Son suplantadas por nuevas industrias, cuya introducción se convierte en cuestión vital para todas las naciones civilizadas, por industrias que ya no emplean materias primas indígenas, sino materias primas venidas de las más lejanas regiones del mundo, y cuyos productos no sólo se consumen en el propio país, sino en todas las partes del globo.>>. (K. Marx – F. Engels: “Manifiesto comunista” Cap. II)
06. El engaño de la lucha por la emancipación nacional
Nos acusa Ud. de profesar un esquematismo dogmático espantoso de carácter “eurocentrista”, creyendo ilusoriamente que al luchar junto a la burguesía por la emancipación política y/o económica de su propio país, el proletariado también lucha por su propia emancipación humana como clase social. Es indiscutible que los EE.UU. como país lograron emanciparse política y económicamente de la Gran Bretaña desde julio de 1776. ¿Ha cambiado allí por eso la lógica de la explotación capitalista, la sujeción económica y política del proletariado norteamericano a su respectiva burguesía nacional? ¿Se atenuó siquiera? Al contrario. Se ha reforzado. ¿Puede probar Ud., por ejemplo, que no haya sucedido lo mismo en Argentina desde la declaración de su independencia en 1816?
El grado de explotación capitalista del trabajo asalariado, se mide universalmente por su productividad, de modo que a mayor productividad del trabajo por unidad de tiempo empleado, mayor explotación de los asalariados, en tanto que todo incremento de la productividad, determina que el salario disminuya en todo lo que el plusvalor embolsado por los capitalistas aumenta. ¿No es esta lógica del capital la que preside objetivamente las luchas obreras universalmente hoy día?

<>. (K. Marx-F. Engels: “Manifiesto Comunista” Cap. I)
En cualquier país cuya sociedad está dividida en clases, su emancipación política del imperialismo en modo alguno supone la emancipación de todos sus habitantes. Las mayorías laboriosas siguen sometidas a la explotación y, por tanto, a la dominación política de sus clases explotadoras. ¿Dónde está pues, la “patria libre” de los asalariados en la sociedad capitalista? Marx y Engels contestaron a esta pregunta:

<(bajo el capitalismo) no tienen patria. No se les puede arrebatar lo que no poseen. Pero dado que el proletariado debe en primer lugar conquistar el poder político, elevarse a la condición de clase nacional, constituirse en nación, (mientras tarde en conseguir ese cometido) todavía es nacional, aunque de ninguna manera en el sentido burgués (precisamente porque su cometido político acorde con su extracción de clase, no pasa por comportarse como un burgués. Y si lo hace, se engaña así mismo ). (Op. cit. Cap. II) AQUÍ VOY
Luchar hasta expropiar a la burguesía y humanizarla acabando con la explotación. Porque en cada crisis económica y en cada guerra, los burgueses muestran sin rubor su inhumanidad, su semejanza con cualquier animal de rapiña. Esta es, pues, la única forma política posible y necesaria que tienen los asalariados, para emanciparse económica y socialmente de su condición de explotados y oprimidos, emancipando también a los capitalistas. Su propio ser, sometido a una explotación cada vez más intensa según progresa la productividad del trabajo, es lo que les impulsa a la lucha. ¿Ha tenido Ud. en cuenta este pensamiento rigurosamente científico, que ha venido rigiendo la relación entre asalariados y capitalistas en el Mundo entero? Ha calificado a este razonamiento de esquematismo dogmático espantoso¿Es Ud. o ha sido de condición asalariada, señor Schiavoni?
07. De la nacionalización a la internacionalización de los capitales nacionales
¿Cómo y en qué grado de magnitud ha evolucionado históricamente la “intromisión” del capital multinacional imperialista en la economía nacional argentina durante las últimas décadas? ¿Se ha hecho Ud. esta pregunta? Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la participación de las grandes empresas transnacionales extranjeras en el producto bruto argentino, aumentó de manera sostenida en la década de los 90, pasando del 45% en 1993 al 63% en 2001. Ahí han quedado las privatizaciones de más de 100 empresas estatales durante el gobierno peronista de Menem, acompañado por el profundo ataque a las condiciones de vida y de trabajo de los asalariados argentinos.
Al amparo de ese gobierno, Gregorio Pérez Companc, un argentino dueño de Molinos Río de la Plata —que le compró a Bunge y Born—, se convirtió en holding comprando trigo a precio alto, que procesaba y vendía como harina más barata, para arruinar a las pequeñas y medianas empresas de ese sector. Así son los paradigmas de la revolución nacional que Ud. proclama, señor Schiavoni. Y así fue como este insigne prócer llegó a ser uno de los magnates más poderosos del Mundo, con un patrimonio de 1.500 millones de dólares. En 1973 su grupo estaba formado por diez empresas; al terminar la dictadura de Videla y Galtieri, pasaron a ser 53; al promediar la presidencia de Alfonsín 84; y durante la primera presidencia de Menem llegaron a ser 149. [¿Qué ha hecho, pues, la burguesía nacional supuestamente patriota en Argentina? Codearse con el gran capital extranjero, fusionarse con él hasta desaparecer como “capital nacional”, para que sus personeros puedan así seguir medrando como capital multinacional, dentro y fuera del país.
Y en cuanto a las llamadas clases medias bajas, un fenómeno que Marx y Engels también habían observado en 1848:

<(burguesas subalternas) que hoy encontramos cara a cara con la burguesía, solo el proletariado es una clase realmente revolucionaria. Las otras clases van degenerando y finalmente desaparecen con el desarrollo de la industria moderna; el proletariado, en cambio, es un producto peculiar (como clase no puede degenerar ni desaparecer, porque es el sustento social esencial de la burguesía y lo único que tiene para perder son sus propias cadenas) La clase media baja, el pequeño fabricante, el comerciante, el artesano, el campesino, todos estos luchan contra la burguesía, para salvar de la extinción su existencia como fracciones de la clase media. Por lo tanto no son revolucionarios, sino conservadores. Más todavía, son reaccionarios, porque intentan hacer retroceder la rueda de la historia. Son “revolucionarios” tan sólo a la vista de su inminente proletarización; son sectores de clase burguesa subalterna sin futuro, incapaces de hacer historia por sí mismos>> (Op. cit. Cap. I. El subrayado y Lo entre paréntesis nuestros)

Tal es el sentido político anacrónico, reaccionario y engañoso de la supuesta lucha por “la patria común” contra el imperialismo; un sueño embrutecedor para entretenimiento político de incautos, que el proceso de acumulación capitalista subrepticiamente se lleva por delante sin escrúpulos. Una realidad que se ha visto universalmente confirmada y fue rigurosamente prevista por Marx y Engels en 1848.



Las presentes circunstancias bajo el capitalismo tardío, se caracterizan no por la simple tendencia a la unidad internacional de los capitales —como en los tiempos de Marx—, sino por su concreción real y efectiva a la vista de cualquiera que no cierre los ojos ante ella o mire para otro lado. Y a este resultado se ha llegado, precisamente, a caballo de los conceptos burgueses de soberanía política nacional y libertad de comercio, llevados a la práctica por la Ley económica capitalista del valor. Sin necesidad de guerras de conquista, colonias ni semicolonias.
Marx y Engels se adelantaron a esta realidad actual del capitalismo con asombrosa capacidad científica previsora en pleno apogeo del colonialismo, vislumbrando sin contar con indicios tangibles de ninguna índole, una realidad para ellos todavía distante: la unificación de los capitales nacionales que acabaron por unificarse a escala continental, como en los EE.UU., la Commonwealth inglesa y la Comunidad Económica Europea:

<uniformización de la producción industrial y de las correspondientes formas de vida, va logrando que se esfumen paulatinamente los aislamientos y antagonismos nacionales. El dominio del proletariado acelerará esa extinción. Su acción conjunta, por lo menos la del proletariado de las naciones más civilizadas, es una de las primeras condiciones de su liberación (social, como clase explotada)>>. (Op. cit. Cap. II. El subrayado y lo entre paréntesis nuestro)
Cierto, Lenin no desdeñaba la importancia de la lucha contra los restos del colonialismo. Por ejemplo, en abril de 1919, el emir Amanullah que había tomado el poder en Afganistán, denunció un tratado semicolonial que Gran Bretaña le había impuesto a los anteriores gobernantes de ese país, y emprendió acciones para enfrentar militarmente al imperialismo que buscaba volver a la antigua condición. Lenin caracterizó entonces a Afganistán como "el único Estado musulmán independiente en el mundo" que podría encabezar la lucha de los pueblos musulmanes por la libertad e independencia. Pero Lenin dijo esto cuando la tendencia a la internacionalización del capital y al entrelazamiento con las burguesías nacionales en casi todos los países dependientes todavía no era un hecho, como lo fue a partir de la segunda postguerra mundial. Lenin hablaba claramente de una lucha burguesa de liberación en la etapa de transición hacia la internacionalización del capital, cuando el pasaje de las semicolonias a la condición de Estados independientes era un tránsito previo, progresivo, necesario y obligado, hacia lo que hoy es ya una realidad. Bajo estas nuevas circunstancias, la resistencia que opuso a la OTAN el régimen dominado por la Liga socialista yugoslava en 1999, constituye un anacronismo en toda regla, tanto desde el punto de vista burgués como desde el punto de vista de la necesaria unidad política del proletariado a nivel mundial.
Así las cosas, quienes en esa guerra se inclinaron por la defensa incondicional de Yugoslavia, desde el punto de vista marxista no son más que víctimas irreflexivas del sentimentalismo pequeñoburgués tendente a defender al débil frente al fuerte, anteponiendo un antiimperialismo burgués dependiente y pacato necesariamente perdedor, al compromiso efectivamente revolucionario con una eficaz estrategia de poder que, por su naturaleza social, solo puede estar al alcance del proletariado. Y el primer paso de esa estrategia proletaria, debe consistir en una política conducente a su unidad internacional, que ya tiene su posibilidad real de concreción en la unidad internacional del capital global.
Esta realidad nada tiene que ver con la estrategia del nacionalismo pequeñoburgués colonialista que esgrimió el régimen yugoslavo sometiendo a Kósovo, ni con el que todavía sueñan los nacionalistas argentinos respecto de las Malvinas, escondiendo el hecho de que así someten la voluntad política de sus actuales habitantes. Y menos aún tiene que ver con el neutralismo pacifista. Sí le incumbe al proletariado, en cambio, la conversión de cualquier guerra interburguesa de rapiña, en guerra civil revolucionaria contra el capitalismo, tal como lo hemos dicho y volvemos repetir aquí, porque tal parece que nunca será suficiente:

<<En las guerras modernas las mayorías explotadas siempre han servido como simple carne de cañón y, por tanto, en modo alguno deciden provocarlas, emprenderlas, dirigirlas ni sacar beneficio de ellas. Bien al contrario, son sus víctimas propicias. No solo porque crean un excedente económico en disputa que no disfrutan y, además, ponen los muertos y heridos de guerra en ambos bandos, sino porque a uno y otro lado de las trincheras, encima son los que cargan con el grueso de sus costes materiales (pagando impuestos). La supuesta “guerra entre países” —como tantas otras expresiones que suele acuñar la burguesía en la conciencia enajenada de los explotados— sirve para ocultar la verdad que subyace a ella>>. "¿Guerras entre países o guerras entre las clases dominantes de esos países

08. La intelectualidad “marxista” en Argentina y el marxismo
A propósito de este asunto, nos aconseja Ud. que leamos lo que al respecto ha dejado dicho Jorge Enea Spilimbergo. En su “Autocrítica de la revolución popular” escrita en diciembre de 1955, Spilimbergo empieza diciendo que, tanto el yrigoyenismo como el peronismo cayeron a manos de la oligarquía, terrateniente y comercial —ésta última tradicionalmente intermediaria con el imperialismo inglés— porque ambos partidos políticos no fueron capaces de “superar las contradicciones” que frenaron a sus dos movimientos. ¿No será que carecieron de voluntad política para ello? ¿Y no será que carecieron de voluntad política, porque así está en su naturaleza de clase intermedia? Veamos.
En el apartado que tituló “La izquierda cipaya”, Spilimbergo arremete contra el socialdemócrata Juan B. Justo porque, en 1930, orientó a su partido socialista en la idea de predisponer a sus militantes, para que aleccionaran a los obreros argentinos, contra la burguesía industrial argentina, considerada progresista:

<>. (Spilimbergo: Op. cit.)
Spilimbergo pensaba, evidentemente, que con el desarrollo autosostenido de su industria, Argentina podía lograr su emancipación económica como país respecto del poder imperialista.3 Quince años después el peronismo asumió el gobierno de la Nación retomando las banderas del Yrigoyenismo, al mismo tiempo que aquél Partido Radical pequeñoburgués de Yrigoyen, se pasaba con armas y bagajes al partido “Unión Democrática” de la oligarquía tradicional, correa de trasmisión de la diplomacia británica al interior del Estado Argentino.
El general Juan Domingo Perón asumió el gobierno en 1945. ¿Qué pensó y opinó Spilimbergo de ese gobierno diez años después? Empezó sorprendiendo al decir que:

<<“se apoyó en el proletariado argentino pero no fue el gobierno del proletariado>> (Ibíd.)
Seguidamente, Spilimbergo reconoció que, a caballo de la onda larga expansiva del capitalismo iniciada durante la Segunda post Guerra Mundial:

<<Bajo la administración peronista se ha vivido (en Argentina) una época de intensa acumulación industrial. Este desarrollo, logrado a expensas del imperialismo (¿???), trajo consigo el afianzamiento de la propiedad burguesa (individual) de los medios de producción>> (Ibíd. Lo entre paréntesis nuestro).
Pero en el siguiente párrafo completa su descripción crítica del movimiento peronista, reprochándole no haber conseguido:

<<….atraerse al grueso de la burguesía argentina>>.
E inmediatamente intenta explicar por qué:

<(es decir, con el imperialismo), por miedo a represalias económicas. En segundo lugar, no aceptaron que se movilizara al pueblo, única manera de afianzar la política antiimperialista, y mucho menos que parte de lo ganado al capital extranjero se convirtiera en mejores salarios y otras conquistas sociales. No olvidemos, por último, las conexiones de nuestra burguesía con la propiedad terrateniente y el capital internacional, ni su subordinación al mercado yanqui-europeo de medios de producción.

La burguesía industrial argentina, endeble y temerosa, al punto de no haber logrado hasta la fecha constituir un partido político que la represente, prefirió que todo se limitara a un reajuste de las condiciones imperantes durante la década del 30. Postuló su "lugarcito" en la constelación oligárquica, y en pos de ese objetivo militó, en la Unión Democrática, no sólo contra Perón y el pueblo, sino también contra sus propios intereses>> (Op. cit. Lo entre paréntesis nuestro).
O sea, que si el peronismo no fue un gobierno del proletariado, según el legado de Spilimbergo se explica, porque la burguesía industrial argentina tuvo miedo, tanto del imperialismo como de las luchas del proletariado. En realidad, si el peronismo no fue un gobierno del proletariado, es porque ese partido demostró haberse puesto al servicio de la burguesía en su conjunto, como no podía ser de otra manera y ha quedado históricamente demostrado. Tal como antes había sucedido con el Partido Radical de Hipólito Yrigoyen. Ambos fueron partidos peleles que, por su naturaleza de clase, solo podían involucionar hacia su derecha, como así fue.
Spilimbergo intentó confusamente conciliar al marxismo con el nacionalismo burgués, creyendo que la “revolución” nacional era no solo posible sino necesaria. Para él, como para Ud., la revolución socialista en los países económicamente dependientes, pasaba por la previa liberación nacional de sus burguesías nacionales respecto del imperialismo, confiando en el presunto carácter revolucionario nacional de las incipientes burguesías industriales. Y esa tarea exigía la conformación de un “bloque histórico de poder político” entre el proletariado y la burguesía nacional argentina emergente, es decir, el “pueblo”. Como así lo proclamaba ese famoso estribillo de la marcha peronista:

Los muchachos peronistas

Todos unidos triunfaremos,

Y como siempre daremos

Un grito de corazón:

¡Viva Perón! ¡Viva Perón!

Por ese gran argentino

Que se supo conquistar

A la gran masa del pueblo

Combatiendo al capital.
El peronismo —como el Yrigoyenismo— fue un bloque de poder político socialmente contradictorio que la pequeñoburguesía concibió para que los asalariados argentinos fungieran en él, como una fuerza política de apoyo a la burguesía nacional industrial incipiente, contra la poderosa oligarquía pro imperialista. Pero no precisamente para resolver esa contradicción política en el sentido progresivo, sino para que se mantenga en los mismos términos, como en un “stand by”. De ese modo la pequeñoburguesía política dirigente de ese partido, tendía a conjurar el peligro de que sus bases sociales pudieran ser expropiadas como clase intermedia, sea por un extremo u otro de la contradicción entre la burguesía nacional y la burguesía pro imperialista en Argentina. Y trataron de lograrlo a contrapelo de la tendencia económica irrefrenable del capitalismo. ¿Cómo? Reforzando al polo de la contradicción más débil —la burguesía nacional—, contra el más fuerte, la burguesía pro-imperialista. Y para eso se valieron del proletariado.
Tal como vino repitiendo Marx en diversos pasajes de su obra, la pequeña burguesía tiende a conciliar los polos opuestos o contrarios al interior de las contradicciones dialécticas generadas por el capitalismo. Dada su condición de clase intermedia, la pequeña burguesía teme que el aluvión expropiatorio le pueda venir tanto del proletariado como de la gran burguesía. De ahí que su radical anticomunismo se haya venido combinando con la política de apoyarse en el bloque de poder “popular constituido por la burguesía nacional y el proletariado, para equilibrar fuerzas con el bloque de poder entre la oligarquía terrateniente y la burguesía comercial, retardando las consecuencias de la inevitable centralización de los capitales, es decir, su expropiación:

<contradicción, porque la contradicción es el núcleo de su ser. No es más que la contradicción social en acción. Debe justificar teóricamente lo que él mismo es en la práctica, y al señor Proudhon corresponde el mérito de ser el intérprete científico de la pequeña burguesía francesa, lo que constituye un verdadero mérito, pues la pequeña burguesía será parte integrante de todas las revoluciones sociales que han de suceder>>. (K. Marx: Carta a Pável Vasílievich Annenkov del 28/12/1846. El subrayado nuestro)4
Preservar al sistema y subsistir como clase dominante subalterna, compartiendo en las mejores condiciones posibles el común negocio de explotar trabajo asalariado con la burguesía en su conjunto Tal es la lógica económica y social que preside el comportamiento político de la pequeñoburguesía. Nosotros lo tenemos muy claro, señor Schiavoni. Y tal precisamente ha venido siendo el comportamiento de los frentes policlasistas en países como Argentina.
Por tanto, siendo cierto que tanto el yrigoyenismo como el peronismo hayan sido dos movimientos políticos de carácter pequeñoburgués, en cambio no es cierto que esos movimientos políticos hayan sido incapaces de resolver políticamente la contradicción esencialmente no antagónica, entre el bloque histórico de poder político imperialista constituido desde 1860 por la oligarquía terrateniente agroexportadora en alianza con la burguesía comercial porteña, y el bloque histórico de poder “nacional constituido por la burguesía industrial y el proletariado. Incapaz es el que no puede. Tanto el yrigoyenismo como el peronismo se negaron a asumir ese cometido.
Por tanto, lo que la verdad histórica ha demostrado, es que el interés político de quienes dirigieron el bloque político “nacional”, se orientó instintivamente NO precisamente para resolver esa contradicción con el bloque imperialista en sentido revolucionario, sino para mantenerla viva, obstaculizando así que se incline a favor de cualquiera de sus dos contrarios. Porque ese sería el fin de la pequeñoburguesía como sector de clase propietaria de medio pelo. Esto es lo que explica la función del yrigoyenismo y del peronismo en función de supuestos árbitros en esa dialéctica de poder político entre el bloque nacional y el bloque imperialista.
Spilimbergo dice que, para llevar a cabo el proceso de industrialización argentino, el bloque de poder “nacional” debía no eliminar sino resistir la formidable presión” que el capital imperialista ejercía a través de la oligarquía nacional; y que, para eso, el peronismo debió apoyarse en los asalariados y la pequeñoburguesía de la ciudad y el campo. Pero del supuesto “fracaso” de tal experiencia le echó todas las culpas a la burguesía industrial que tildó de endeble y temerosa”:

<

La burguesía industrial argentina, endeble y temerosa, al punto de no haber logrado hasta la fecha constituir un partido político que la represente, prefirió que todo se limitara a un reajuste de las condiciones imperantes durante la década del 30. Postuló su "lugarcito" en la constelación oligárquica, y en pos de ese objetivo militó, en la Unión Democrática, no sólo contra Perón y el pueblo, sino también contra sus propios intereses>>. (Jorge Eneas Spilimbergo: Op. cit.)

Lo cierto es que buena parte de la industrialización urbana y rural del país, se llevó a término con el producto de valor procedente de los excedentes agropecuarios argentinos exportados por la oligarquía terrateniente con destino a las metrópolis imperialistas. Negocio en el que la oligarquía comercial porteña ofició de intermediaria, Posteriormente, ese proceso industrializador se aceleró a partir de 1945, gracias a los 5.000 millones de dólares de superávit de la balanza comercial argentina, equivalentes a las exportaciones de trigo y carne con destino a los países beligerantes en la Segunda Guerra Mundial, que durante ese período no tuvo su correspondiente contrapartida en las importaciones. Así las cosas, cabe afirmar que la tan cacareada emancipación económica del proletariado como clase nacional, cabalgó sobre una contradicción política interburguesa (burguesía nacional-imperialismo), en última instancia económica y políticamente complementaria.


Y no es que la burguesía industrial fuera temerosa de nada, porque siempre tuvo muy claros sus intereses de clase y actuó en consecuencia. El supuesto bloque de poder entre la burguesía nacional y el proletariado en Argentina, fue y sigue siendo, pues, otro embeleco en el que quiso creer esa intelectualidad pequeñoburguesa de los países económicamente dependientes, como fue el caso de Spilimbergo en Argentina, soñando con la posibilidad de que la emancipación económica del país y del propio proletariado, viniera de la mano de la burguesía nacional supuestamente progresista.
Lo que ha pasado en realidad, es que ese bloque de poder permitió mantener intacta la sujeción del proletariado a la explotación económica y opresión política de que sigue siendo objeto por el sistema, entre cuyos intersticios ha venido sobreviviendo la pequeñoburguesía buscándose la vida, mientras el “viejo topo” de la Ley del valor hacía lo suyo. En ese intervalo, al “marxismo” de esa intelectualidad de medio pelo, como Spilimbergo, los chivos expiatorios que se inventó en su discurso confuso y contradictorio, le han servido para eludir su compromiso sincero con la revolución. Uno de esos chivos expiatorios fue la burocracia media y baja, su idiosincrasia política derivada de su sociología parasitaria, mientras los altos dirigentes aparecían como si hubieran querido hacer otra cosa pero no pudieron:

<dentro de los límites de la legalidad burguesa (la propiedad privada sobre los medios de producción y de cambio). Ello explica que las formas clásicas del estado burgués argentino fueran mantenidas y aún desarrolladas durante la última década.

De este modo, las empresas nacionalizadas lo fueron sin el control obrero; los planes económicos se trazaron y cumplieron sin la intervención de los sindicatos; la lucha contra el agio no movilizó a los consumidores; la prensa, cerrada a la voz del pueblo, fue el órgano de la burocracia.

¿Pero era capaz la burocracia de cumplir al estilo burgués, es decir, respetando el orden heredado, las tareas de liberación nacional que la clase obrera pugna por cumplir al estilo proletario, o sea, revolucionariamente y no respetando otros límites que los señalados por el interés del pueblo?

La respuesta es negativa. Aunque la burocracia no es una clase, su elemento humano se recluta entre la pequeña-burguesía de cuello duro y los técnicos e intelectuales de las clases dominantes. Los funcionarios apoltronados, las ratas de escritorio, poseen una tradición, un espíritu de cuerpo, una conciencia social, cuyo carácter distintivo es el odio antiobrero, la simpatía hacia el patrón, la rutina sin riesgos, y el servilismo antinacional. De ahí que las cuatro quintas partes de la burocracia peronista haya combinado su amor al presupuesto y a la coima con un rabioso antiperonismo>>. (Op. cit. Lo entre paréntesis y el subrayado nuestros)
Decir que la burocracia peronista fue rabiosamente antiperonista es otra forma de matar al mensajero. Tanto como para que los explotados argentinos sigan creyendo en que el Peronismo sigue siendo un movimiento revolucionario. ¿O no, señor Schiavoni? Armando Jaime, antiguo líder del “Frente Antiimperialista por el Socialismo” y candidato a Presidente de la República Argentina en las elecciones del 11 de marzo de 1973, contaba durante su exilio en España lo que le había escuchado decir a Perón reunido con sus más allegados:

<<Nosotros debemos dejar que los obreros resuelvan el 90% de los problemas políticos del país, mientras nosotros nos reservamos el 10% más importante>>
Yrigoyen y Perón junto a sus cuadros superiores supieron muy bien lo que hicieron y para qué. Por tanto, haber confiado en que el peronismo gobernaría el país permitiendo el control obrero de la producción, para luego cargarle la culpa de ese fiasco monumental a la “burocracia”, es como imaginarse que la trasmisión de un coche puede funcionar sin el motor. O como creer en lo que dejó dicho a sus discípulos el profeta cristiano Isaías:

<> (“Antiguo Testamento”: Cap. 11 versículo 6)
A propósito del becerro y el león, recordamos a “nuestro general” recién llegado de su exilio, haber dicho que él ya era un “león herbívoro”. Si por emancipación económica del proletariado en cualquier país, se entiende el hecho de obtener el producto íntegro de su trabajo —como así consideramos los marxistas consecuentes que debe ser y sin duda será—, entonces la clase social que de verdad sacó provecho en Argentina frente al capital multinacional, no pudo ser otra que la burguesía nacional. Pero ya vimos que la historia no ha discurrido por los derroteros que se imaginó la intelectualidad pequeño burguesa en los países capitalistas económicamente dependientes. Porque de esa burguesía nacional presuntamente “progresista”, la que no acabó convertida en gran burguesía transnacional —como es el caso de Pérez Companc—, fue absorbida por el capital multinacional excedente o supernumerario procedente de los países imperialistas. Ni más ni menos que como previeron Marx y Engels en 1848.
En lo que respecta a los asalariados argentinos, como los demás en otras latitudes siguen siendo no igual, sino más explotados y oprimidos que nunca. Y sus personeros ejecutores de la explotación y opresión política directa, en todo ese proceso de la supuesta “emancipación nacional”, pudieron haberse reciclado por fallecimiento, cambio de fisonomía, de nombre y hasta de nacionalidad. Como Bin Laden. Pero la clase social que les ha venido identificando como sus beneficiarios, sigue siendo la misma en todas partes. Lo demás es puro cuento para justificar que la explotación y la opresión política —más o menos disimulada— sigan su curso, señor Schiavoni.
Un saludo: GPM.



1 Teniendo en cuenta que la mayor o menor productividad del trabajo está en función de la composición orgánica media del capital actuante en cada país, el más beneficiado en los intercambios internacionales es el que detenta la mayor composición orgánica, obteniendo más ganancia a cambio de menos. O sea, que el mercado internacional fija el intercambio desigual entre países y, por tanto, su desigual desarrollo económico. Pero la incontenible difusión del progreso científico técnico a instancias del “efecto demostración”, tiende a igualarlo.

2 La composición orgánica del capital se define por la relación entre el capital invertido en suelo, edificios, maquinaria, materias primas, materias auxiliares (combustibles-lubricantes, material de escritorio, etc.) y mobiliario, respecto del invertido en salarios.

3 Con esto estaba diciendo, que Argentina distaba ya mucho de lo que una vez fue, es decir, una colonia británica. Que usted nos recomiende leer las obras de Spilimbergo para curarnos de nuestro brote eurocentrista, parece un sarcasmo, señor Schiavone.

4 En ese momento, Marx estaba en pleno trabajo de elaboración escribiendo su conocida obra “Miseria de la Filosofía”, que acabó a principios de 1847 como respuesta a: “Filosofía de la miseria”, de Proudhon.


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