H. P. Blavatsky la doctrina secreta




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TENTATIVAS PARA CREAR AL HOMBRE

11 EL DESCENSO DEL DEMIURGO. 12 LOS DIOSES LUNARES RECIBEN LA ORDEN DE

CREAR. 13 LOS DIOSES SUPERIORES SE NIEGAN.

Aquí la tradición vuelve otra vez a ser Universal. Lo mismo que pasa en la primitiva versión repetida en los Purânas, vese en la última el relato Mosaico. En la primera se dice:

Él, el Señor (el Dios que tiene la forma de Brahmâ) cuando el mundo se convirtió en un océano, infiriendo que la tierra yacía dentro de las aguas, y deseando levantarla (separarla), se creó otra forma. Así como en el Kalpa (Manvántara) precedente había asumido la forma de una tortuga, del mismo modo tomó en éste la forma de una Verraco, etc. (2).

En la “creación” Elohística (3) “Dios” crea “un firmamento en medio de las aguas”, y dice, “aparezaca la tierra seca”. Y ahora viene el clavo tradicional del que se cuelga la parte esotérica de la interpretación kabalística.

12 LOS GRANDES CHOHANS (4) LLAMARON A LOS SEÑORES DE LA LUNA, DE LOS

CUEPOS AÉREOS: “PRODUCID HOMBRES (5), HOMBRES DE VUESTRA NATURALEZA.

DADLES LAS FORMAS INTERNAS (6). ELLA (7) CONSTRUIRÁ VESTIDURAS EXTER-

NAS (8). MACHOS-HEMBRAS S ERÁN. SEÑORES DE LA LLAMA TAMBIÉN...”

¿Quiénes son los “Señores de la Luna”? En la India son llamados Pitris o “Antecesores Lunares”, pero en los manuscritos hebreos es Jehovah mismo el “Señor de la Luna”, colectivamente como la Hueste, y también como uno de los Elohim. La astronomía de los hebreos y sus “observaciones del tiempo” eran reguladas por la Luna. Un kabalista, después de demostrar que “Daniel... hablaba de la providencia de Dios por tiempos determinados”, y que el Apocalipsis de Juan “menciona una ciudad cúbica cuidadosamente medida, descendiendo de los cielos”, etcétera, añade:

Pero el poder vitalizador del cielo reside principalmente en la luna... Era el ..... (Jehovah) hebreo -y San Pablo prescribe-: “Que ningún hombre os juzgue por vuestra observancia del séptimo día, y del día de luna nueva - que son una sombra de las cosas que han de suceder; pero el cuerpo (o substancia) es de Cristo”, esto es, Jehovah - esa función del poder que “hace de la mujer estéril una madre dichosa”,- “pues los hijos son el don de Jehovah”... lo cual es una clave a la objeción que su esposo hizo a la Shunamita, por la ida de ella al hombre de Dios - “pues no es ni el séptimo día ni el día de luna nueva “. Los poderes espirituales vivientes de las constelaciones y señalaban grandes guerras por los movimientos y posiciones de las estrellas y planetas, y especialmente como resultado de la conjunción de la luna, la tierra y el sol. Bentley comenta la “guerra inda entre los dioses y los gigantes”, según la señalaba el eclipse del sol en el nodo ascendente de la luna, 945 antes de Cristo (!), a cuyo tiempo nació (9) o fue producido por el mar, SRI (Sarai, S-r-i, la esposa del Abram hebreo) (10) que fue la Venus Afrodita (sic) de los occidentales, emblema “del año lunisolar, o la luna (puesto que Sri es la esposa de la Luna; véase la nota al pie), la diosa de la reproducción”... (11). (Por tanto) el gran monumento y señal del período exacto del año y mes lunar, por el cual este ciclo (de 19 años tropicales del sol y 235 revoluciones de la luna) podía calcularse, era el Monte Sinaí -el Señor Jehovah descendiendo allí... Pablo habla (pues) como un mystagogo, cuando dice acerca de la mujer libre y de la mujer esclava de Abraham:- “Pues esta Hagar (la mujer esclava de Abraham) es el Monte Sinaí en la Arabia”. ¿Cómo podía ser una mujer una montaña? ¡Y tal montaña! Sin embargo, en un sentido... lo era y de un modo maravillosamente verdadero. Su nombre era Hagar, en hebreo ....., cuyos números se leen 235, o exactamente el número de meses lunares equivalentes a 19 años tropicales que completan este ciclo, y muestran lo verdadero de la semejanza y similitud; el Monte Sinaí siendo, en la lengua esotérica de esta sabiduría, el monumento del tiempo exacto del año y mes lunar, por los cuales podía computarse este ciclo espiritual vitalizador -y cuya montaña, en efecto, era llamada (Fuerst) “la Montaña de la Luna (Sin)”. Así también Sarai (SRI), la esposa de Abram, no pudo tener hijos hasta que su nombre se cambió en Sarah ....., dándole la propiedad de esta influencia lunar (12).

Esto podrá considerarse como una digresión del asunto principal; pero es muy necesaria para los lectores cristianos. Pues, después de estudiar desapasionadamente las respectivas leyendas de Abram o Abraham, Sarai o Sarah, que era “hermosa a la vista”, y las de Brahmâ y Sarasvatî o Shrî, Lakshmî-Venus, con las relaciones de todas éstas con la Luna y el Agua (y especialmente comprendiendo el significado kabalístico verdadero del nombre de Jehovah, y su relación y conexión con la Luna), ¿quién puede dudar de que la historia de Abram está basada en la de Brahmâ, o que el Génesis está escrito siguiendo las antiguas líneas usadas por todas las naciones antiguas? En las antiguas Escrituras todo es alegórico, todo está basado e inseparablemente relacionado con la astronomía y cosmolatría.

13 ELLOS FUERON CADA UNO (13) A SU TIERRA DESTINADA: SIETE DE ELLOS, CADA

UNO A SU LOTE. LOS SEÑORES DE LA LLAMA SE QUEDARON DETRÁS. NO QUERÍAN

IR; NO QUERÍAN CREAR.

Las enseñanzas secretas muestran a los Progenitores divinos creando hombres en siete partes del Globo “cada uno en su lote”, esto es, cada uno una raza de hombres externa e internamente diferentes, y en Zonas distintas. Esta demanda poligenésica se halla tratada en otra parte, en la Estancia VII. Pero ¿quiénes son “Ellos”, los que crean, y quiénes son los “Señores de la Llama” “que no querían”? El Ocultismo divide a los “Creadores” en Doce Clases; de las cuales cuatro han alcanzado la “Liberación” hasta el fin de la “Gran Edad”; la quinta está próxima a alcanzarla, pero permanece todavía activa en los planos intelectuales, al paso que siete se hallan aún bajo la ley Kármica directa. Estas últimas obran sobre los Globos portadores de hombres de nuestra Cadena.

Los libros exotéricos hindúes mencionan Siete Clases de Pitris, y entre ellos dos especies distintas de Progenitores o Antecesores: los Barhishad y los Agnishvâtta, o los poseídos por el “fuego sagrado”, y los vacíos de él. El ritualismo hindú parece relacionarlos con los fuegos de sacrificios y con los brahmanes Grihastha en primitivas encarnaciones; los que han atendido y los que no han han atendido debidamente a los fuegos sagrados de su casta, en anteriores nacimientos. La distinción, como se ha dicho, se deriva de los Vedas. La clase primera y más elevada (esotéricamente), los Agnishvâtta, están representados en la alegoría exotérica como los jefes de familia Grihasthas o brahmanes que, no habiendo cumplido con el deber de sostener sus fuegos domésticos, y de ofrecer sacrificios al fuego en sus vidas pasadas en otros Manvántaras, han perdido su derecho a que se les ofrezcan oblaciones con fuego. Por el contrario, los Barhishad, siendo brahmanes que han conservado los fuegos sagrados de sus moradas, son de este modo reverenciados hasta hoy. De aquí que los Agnishavâtta estén representados como vacíos de fuegos, y los Barhishad como poseídos de los mismos.

Pero la Filosofía Esotérica explica las cualidades originales como debidas a la diferencia de naturaleza de ambas Clases: los Pitris Agnishvâtta están vacíos de “fuego”, esto es, de pasión creadora, porque ellos son demasiado divinos y puros; mientras que los Barhishad, siendo los Espíritus Lunares más estrechamente relacionados con la Tierra se convirtieron en los Elohim creadores de la forma o el Adam de polvo

La alegoría dice que Sanandana y otros Vedhas, los hijos de Brahmâ, primera progenie suya:

No tenían deseo ni pasión; estaban inspirados por santa sabiduría, apartados del universo y sin deseos de progenie (14).

Esto es también lo que significan en la sloka las palabras “No quisieron crear”, y se explica como sigue:



“Las Emanaciones Primordiales del Poder Creador están demasiado cerca de la Causa Absoluta. Son fuerzas transitorias y latentes que sólo se desarrollarán en los próximos y sucesivos grados”.

Esto lo explica. De aquí que Brahmâ se diga que se sintió irritado cuando vio que aquellos

Espíritus encarnados, producidos de sus miembros (gâtra), no querían multiplicarse.

Después de lo cual, en la alegoría, crea él otros siete Hijos nacidos de la Mente (15) a saber: Marichi, Atri, Angiras, Pulastya, Pulaha, Kratu y Vasishtha, siendo este último substituido a menudo por Daksha, el más prolífico de los Creadores. En casi todos los textos, estos Siete Hijos de Vasishta-Daksha son llamados los Siete Rishis del Tercer Manvántara; esto último refiriéndose tanto a la tercera Ronda como a la Tercera Raza-Raíz, y a sus Razas-Ramales en la Cuarta Ronda. Estos son todos los Creadores de los diversos Seres en esta Tierra, los Prajâpati, y al mismo tiempo aparecen como diversas reencarnaciones en los primeros Manvántaras o Razas.

Así se ve claro por qué los Agnishvâtta, vacíos del fuego creador más grosero, y que, por tanto, no podían crear por no tener Doble o Cuerpo Astral que proyectar, toda vez que carecían de forma, son presentados en las alegorías exotéricas como Yogis, Kumâras (jóvenes castos) que se “rebelaron”, Asuras que se oponían a los Dioses y luchaban con ellos (16), etcétera. Sin embargo, ellos solos podían completar al hombre, esto es, convertirlo en un Ser consciente de sí, casi divino, un Dios en la Tierra. Los Barhishad, aunque poseídos del “fuego creador”, estaban vacíos del elemento superior MAHÂT-ico. Estando al mismo nivel que los “Pincipios” inferiores -los que preceden a la materia grosera objetiva- sólo podían producir el hombre externo, o más bien el molde del físico, el hombre astral. Así, pues, aunque vemos que Brahmâ -el Mahat colectivo o la Mente Divina Universal- les había confiado la tarea, el “Misterio de la Creación” se repite en la Tierra, sólo que en sentido invertido, como en un espejo.

Los que no pueden crear al hombre espiritual inmortal, son los que proyectan el molde irracional (el Astral) del Ser físico; y como se verá, los que no quisieron multiplicarse fueron los que se sacrificaron en bien y por la salvación de la Humanidad Espiritual. Porque para completar al hombre septenario, para añadir a sus tres Principios inferiores y cementarlos con la Mónada Espiritual (que no podría morar nunca en semejante forma sino sólo en un estado absolutamente latente), necesitábanse dos “Principios” de enlace: Manas y Kâma. Esto requiere un Fuego Espiritual viviente del Principio medio procedente de los Estados Quinto y Tercero del Pleroma. Pero este Fuego es la posesión de los Triángulos, no de los Cubos (perfectos) que simbolizan a los Seres Angélicos (17); habiéndose los primeros posesionado de él desde la Primera Creación, y diciéndose que se lo apropiaron, como en la alegoría de Prometeo. Estos son los Seres activos, y por tanto, dejan de ser “puros” en el Cielo. Se han convertido en las Inteligencias independientes y libres, que todas las teogonías presentan luchando por esa independencia y libertad, y de aquí que -en el sentido ordinario- sean “rebeldes a la ley divina pasiva”. Estos son, pues, esas “Llamas” -los Agnishvâtta- que, como se muestra en la sloka, “se quedan atrás” en lugar de ir con los otros a crear hombres en la Tierra. Pero el verdadero sentido esotérico es que la mayoría de ellos estaban destinados a encarnar como Egos de la próxima promoción de la Humanidad.

El Ego humano no es ni Âtman ni Buddhi, sino el Manas Superior; el fruto intelectual y la florescencia del Egotismo intelectual consciente de sí - en el sentido espiritual elevado. Las obras antiguas lo llaman Kârana Sharîra en el plano de Sûtrâtmâ, que es el “hilo de oro” en el cual se hallan engarzadas, como cuentas, las diversas Personalidades de este Ego Superior. Si se le dijera al lector, como en las alegorías semiexotéricas, que estos Seres eran Nirvânis en retorno de anteriores Mahâ-Manvántaras -edades de duración incalculable que se han sucedido en la Eternidad, hace un tiempo aún más incalculable- a duras penas comprendería el texto correctamente; al paso que algunos vedantinos podrían decir: “Esto no es así; los Nirvâni no vuelven jamás”; lo cual es verdad respecto del Manvántara al cual pertenecen, y erróneo en lo que se refiere a la Eternidad. Pues según se dice en las Slokas Sagradas:

“El Hilo Radiante que es imperecedero y sólo se disuelve en el Nirvâna, surge de él de nuevo en toda su integridad el día en que la Gran Ley llama a todos los seres otra vez a la acción”.

Por tanto, como los Pitris superiores o Dhyânis no tomaron parte en su creación física, vemos al Hombre Primordial -salido de los cuerpos de sus Progenitores espiritualmente “sin fuego”- descrito como aeriforme, no compacto y sin mente. No tenía Principio medio que le sirviese de enlace entre lo superior y lo inferior -el Hombre Espiritual y el cerebro físico-, pues carecía de Manas. Las Mónadas que encarnaron en aquellas Conchas vacías permanecieron tan inconscientes como cuando estaban separadas de sus formas y vehículos incompletos anteriores. No hay potencialidad para la Creación o Conciencia de Sí, en un Espíritu puro en este nuestro plano, a menos que su naturaleza demasiado homogénea, perfecta -por ser divina- se mezcle, por decirlo así, a una esencia ya diferenciada, y sea fortalecida por ella. Sólo la línea inferior del Triángulo -que representa la primera Tríada que emana de la MÓNADA Universal -puede proporcionar esta conciencia necesaria en el plano de la Naturaleza diferenciada. ¿Pero cómo podían estas puras Emanaciones, que, sobre este principio, han debido ser originalmente inconscientes (en nuestro sentido), suplir en modo alguno el Principio requerido, toda vez que apenas si ellas mismas lo poseían?

La contestación es difícil de comprender, a menos de conocer bien la metafísica filosófica de una serie sin principio ni fin de Renacimientos Cósmicos, y de posesionarse bien y familiarizarse con esa ley inmutable de la Naturaleza que es el MOVIMIENTO ETERNO, cíclico y espiral, y por tanto progresivo, aun en su aparente retroceso. el principio Divino único, el AQUELLO innombrable de los Vedas, es el Total Universal, el cual no puede estar en “Absoluto Reposo”, ni en sus aspectos y emanaciones espirituales ni en sus Átomos físicos, excepto en las Noches de Brahmâ. De aquí también que los “Primogénitos” los constituyen aquellos que son los primeros puestos en movimietno al principio de un Manvántara, y, por tanto, los primeros en caer en las esferas inferiores de la materialidad. Los llamados en la Teología los “Tronos”, que son el “Asiento de Dios”, deben ser los primeros hombres que encarnan en la Tierra; y se hace comprensible, si tenemos en cuenta la serie sin fin de pasados Manvántaras, que el último tenía que venir el primero, y el primero el último. Vemos, en una palabra, que los Ángeles superiores habían atravesado, innumerables evos antes, los “Siete Círculos”, arrebatándoles así el Fuego Sagrado; esto significa, en claras palabras, que se habían asimilado en pasadas encarnaciones, tanto en Mundos inferiores como en superiores, toda la sabiduría de los mismos: la reflexión de MAHAT en sus diversos grados de intensidad. Ningún Ser, ya sea angélico o humano, puede alcanzar el estado de Nirvâna, o de pureza absoluta, sino por medio de evos de sufrimiento y del conocimiento del MAL así como del bien, toda vez que de otro modo el último permanecería incomprensible.

Entre el hombre y el animal -cuyas Mónadas, o Jivas, son fundamentalmente idénticas- existe el abismo infranqueable de la Mentalidad y de la conciencia de sí mismo. ¿Qué es la mente humana en su aspecto superior? ¿De dónde procede, si no es una parte de la esencia -y en algunos casos raros la encarnación, la esencia misma- de un Ser superior; de un Ser de un plano superior y divino? ¿Puede el hombre -Dios con forma animal- ser producto de la Naturaleza Material sólo por la evolución, como sucede con el animal (que difiere del hombre en la forma externa, pero en modo alguno en los materiales de su constitución física, y el cual está animado por la misma Mónada aunque sin desarrollo), cuando se ve que las potencias intelectuales de ambos difieren como el sol difiere del gusano de luz? ¿Y qué es lo que ocasiona semejante diferencia, a menos que el hombre sea un animal más un Dios viviente dentro de su corteza física? Detengámonos y hagámonos seriamente la pregunta, sin tener en cuenta las vaguedades y sofismas de las ciencias materialistas y psicológicas modernas.

Hasta cierto punto, se admite que aun la Enseñanza Esotérica es alegórica. Para hacer llegar ésta a la inteligencia ordinaria, se necesita el uso de los símbolos en una forma inteligible. De aquí las narraciones alegóricas y semimíticas en las enseñanzas exotéricas, y las representaciones sólo semimetafísicas y objetivas en las esotéricas. Pues los conceptos pura y trascendentalmente espirituales se adaptan tan sólo a la percepción de aquellos que “ven sin ojos, que oyen sin oídos y sienten sin órganos”, según la gráfica expresión del Comentario. El idealista demasiado puritano puede espiritualizar como quiera el principio, mientras que el psicólogo moderno tratará simplemente de arrebatarnos nuestra Alma humana “caída”, y sin embargo, divina, divina en su conexión con Buddhi.

El misterio que se refiere a los Antecesores altamente espirituales del Hombre Divino dentro del hombre terrestre, es muy grande. La creación dual está veladamente indicada en los Purânas, aunque su significado esotérico sólo puede vislumbrarse juntando y relacionando los muchos y variados relatos, y leyéndolos en su carácter simbólico y alegórico. Así sucede en la Biblia, tanto en el Génesis como en las mismas Epístolas de Pablo. Pues aquel “Creador”, llamado en el segundo capítulo del Génesis el “Señor Dios” es en el original los Elohim o Dioses (los Señores), en plural; y al paso que uno de ellos hace el Adam terrestre de Polvo, otro le insufla el Aliento de Vida, y el tercero hace de él un Alma Viviente, todo lo cual está implicado en el número plural de la palabra Elohim (18). Además, según dice Pablo:

El primer hombre es de la tierra, el segundo (el último, o más bien el más elevado) es el Señor del cielo (19).

En la alegoría aria, los Hijos rebeldes de Brahmâ son todos representados como Ascetas y santos Yogis. Renaciendo en cada Kalpa, tratan generalmente de impedir la obra de la procreación humana. Cuando Daksha, el jefe de los Prajâpatis o Creadores, produce 10.000 hijos con objeto de poblar el mundo, Nârada -hijo de Brahmâ, el gran Rishi, y virtualmente un Kumâra, si no tal en el nombre- se interpone y por dos veces hace fracasar el objeto de Daksha, persuadiendo a los Hijos de que permanecieran siendo santos Ascetas y rehuyesen el matrimonio. A causa de esto, Daksha lanza a Nârada la maldición de renacer como hombre, así como Brahmâ lo había hecho antes con él, por rehusar casarse y tener progenie, diciéndole: “Perece en tu (presente forma (Deva o Angélica), y toma albergue en la matriz”, esto es, conviértete en hombre (20).

A pesar de algunas versiones de la misma historia que se contradicen, es fácil ver que Nârada pertenece a esa Clase de “Primogénitos” de Brahmâ, en que todos se manifestaron rebeldes a la ley de la procreación animal, por lo cual tuvieron que encarnar como hombres. De todos los Rishis védicos, Nârada, como ya se ha mostrado, es el más comprensible, por ser el más estrechamente relacionado con las Doctrinas Ocultas, especialmente con los Ciclos y Kalpas Secretos.

Algunas afirmaciones contradictorias acerca de este sabio han confundido extraordinariamente a los orientalistas. Por ejemplo, se le presenta como rehusando positivamente “crear” o tener progenie, y hasta llamando a su padre Brahmâ “falso maestro”, por aconsejarle que se case, según se lee en el Nârada-Pancha-Râtra; ¡y sin embargo, se le menciona como uno de los Prajâpatis o Progenitores! En el Nâradiya Purâna, describe él las leyes y los deberes de los Adeptos célibes; y como estos deberes Ocultos no se encuentran en los fragmentos de cerca de 3.000 Estancias que se hallan en los museos europeos, los brahmanes han sido declarados embusteros; olvidándose los orientalistas de que el Nâradiya se afirma que contiene 25.000 Estancias, y que no es probable que semejantes Manuscritos se encuentren en poder del indo profano, que está pronto a vender cualquier preciosa olla por un potaje. Baste decir que Nârada es el Deva-Rishi por excelencia del Ocultismo, y que el Ocultista que no medita, analiza y estudia a Nârada en sus siete facetas esotéricas, no podrá jamás profundizar ciertos Misterios antropológicos, cronológicos y hasta cósmicos. Es uno de los Fuegos antes mencionados, y toma parte en la evolución de este Kalpa, desde el estado incipiente hasta el fin. Es un actor que aparece en cada uno de los actos sucesivos, o Razas-Raíces, del drama Manvantárico presente, en las alegorías del mundo que dan la nota del Esoterismo, y que ahora van siendo más familiares al lector. Pero, ¿es que debemos volvernos a otras antiguas Escrituras y documentos para la corroboración de los “Fuegos”, “Chispas” y “Llamas”? Hay plétora de ellos, bastando que se busquen en los sitios debidos.

En el Book of the Concealed Misery (Libro de los Misterios Ocultos) Kabalístico, están claramente enunciados, así como también en el Ha Idra Zuta Qadisha o “La Asamblea Santa Menor”. El lenguaje es muy místico y velado, pero sin embargo, comprensible. En el último, entre las chispas de Mundos Anteriores, “Llamas y Chispas vibrantes” del pedernal divino el “Obrero” procede a crear al hombre “varón y hembra” (427). Estas “Llamas y Chispas” -Ángeles y sus Mundos, Estrellas y Planetas- se dice figuradamente que se extinguen y mueren, esto es, permanecen sin manifestarse, hasta que se ha verificado cierto proceso de la Naturaleza. Para demostrar cuán densamente velados para el público se hallan los hechos más importantes de la Antropogénesis, se citan a continuación dos pasajes de dos libros kabalísticos. El primero es del Ha Idra Zuta Qadisha:

429. De un Portador de Luz (uno en los Siete Planetas Sagrados) de resplandor insoportable, procedió una Llama Radiantes, que despedía, como un martillo colosal y potente, esas chispas que fueron los Mundos anteriores.

430. Y estos eran mezclados y enlazados mutuamente por el éter más sutil, pero tan sólo cuando se juntaban, hasta el mismo Gran Padre y la Gran Madre.

431. De Hoa, él mismo, es AB, el Padre; y de Hoa, él mismo, es Ruach el Espíritu; que están ocultos en el Anciano de los Días, y allí dentro está aquel éter oculto.

432. Y fue relacionado con su portador de luz (un Planeta o su Ángel o Regente), que salió de aquel Portador de Luz de resplandor insoportable, que se halla oculto en el seno de Aîma, la Gran Madre (21).

Luego, el siguiente extracto del Zohar (22), bajo el epígrafe “Los Reyes Pre-Adámicos”, trata también del mismo misterio:

Hemos aprendido en el Siphrah D’Tzniootha: Que el At-tee’kah D’At-tee’keen, el Anciano de los Ancianos, antes de que Él preparara Su Forma, construyó reyes y grabó reyes, y bosquejó reyes (hombres, los “ reyes” de los animales) y no pudieron existir, hasta que Él los destruyó y los ocultó hasta cierto tiempo; por tanto, está escrito: “y estos son los reyes que reinaron en la tierra de Edom”... Y no pudieron existir hasta que Resha’Hiv’rah la Cabeza Blanca, el At’tee-kah D’At’tee’-keen, el Anciano de los Ancianos, se arregló. Cuando Él se hubo arreglado formó todas las formas Arriba y Abajo... Antes de que Él se arreglase en Su Forma, no habían sido formados todos los que él deseaba formar, y todos los mundos habían sido destruidos... No permanecieron ellos en sus sitios porque la forma de los reyes no había sido formada como es debido, y la Ciudad Santa no había sido preparada (23).

El sentido claro de estas dos disquisiciones alegóricas y metafísicas es sencillamente el siguiente: mundos y hombres fueron sucesivamente formados y destruidos, bajo la ley de evolución y de materiales preexistentes, hasta que los Planetas y sus hombres, y en nuestro caso nuestra Tierra y sus razas animales y humanas, se convirtieron en lo que ahora son en el presente ciclo: fuerzas polares opuestas, un compuesto equilibrado de Espíritu y Materia, de lo positivo y negativo, de lo masculino y femenino. Antes de que el hombre se pudiera convertir en varón y hembra físicamente, su prototipo, el Elohim creador, tuvo que arreglar su Forma, astralmente, sobre este plano sexual. Esto es, los átomos y las fuerzas orgánicas, al descender en el plano de determinada diferenciación, tuvieron que ser arreglados en el orden prescrito por la Naturaleza, de manera que llevasen siempre a efecto de un modo inmaculado esa ley que los kabalistas llaman la “Balanza”, por medio de la cual todo lo que existe es como macho y hembra en su perfección final, en el presente estado de materialidad. Chokmah, la Sabiduría, el Sephira Masculino, tuvo que difundirse en y por medio de Binah, la Naturaleza inteligente, o Entendimiento. Por tanto, la primera Raza Raíz de hombres, sin sexo y sin mente, tuvo que ser destruida y “oculta hasta después de cierto tiempo”; esto es, la Primera Raza, en lugar de morir, desapareció en la Segunda Raza, como verifican ciertas vidas y plantas inferiores en su progenie. Fue una transformación completa. La Primera se convirtió en la Segunda Raza Raíz, sin engendrarla, procrearla, ni morir.

“Pasaron a la vez”, según está escrito: “Y murió” y otro “reinó en su lugar” (24).

¿Por qué? Porque la “Ciudad Santa no había sido preparada”? ¿Y qué es la “Ciudad Santa”? El Maqom, el lugar sagrado o el Santuario, en la Tierra; en otras palabras, la matriz humana, la copia microcósmica o reflejo de la Matriz Celeste, el Espacio femenino o Caos primordial, en el cual el Espíritu varón fecunda el germen del Hijo, o el Universo visible (25). Tan es así, que en el párrafo sobre “La Emanación de los Principios Varón y Hembra”, en el Zohar se dice que, en esta Tierra, la Sabiduría del “Santo Anciano” “no brilla sino en el varón y hembra”.



(‘Hokhmah, Sabiduría, es el Padre, y Binah, Entendimiento, es la Madre)... Y cuando se relacionan el uno con el otro, producen, difunden y emanan la verdad. en los relatos del Rabí Ye-yeva, Sabbah, esto es, el Viejo, aprendemos lo siguiente: ¿qué es Binah Entendimiento? Pero cuando se relacionan el uno con el otro, el ... (Yod en el .... (Heh), se impregnan y producen un Hijo. Y, por tanto, ello es llamado Binah, Entendimiento. Significa BeN YaH, esto es, Hijo de YaH. Ésta es la perfección del Todo (26).

Esto es también la “perfección” del falicismo de los rabinos, su apoteosis perfecta, el ser divino arrastrado en lo animal, lo sublime convertido en lo grosero de lo terrestre. Nada tan gráficamente grosero existe en el Ocultismo Oriental ni en la Kabalah primitiva, el Libro de los Números Caldeo. Ya lo hemos dicho en Isis sin Velo:

Encontramos poco prudente de parte de los escritores católicos que muestren su ira en frases como ésta: “En una multitud de pagodas, la piedra fálica asumiendo siempre, como el batylos griego, la forma indecente y brutal del lingam... el Mahâ Deva”. Antes de arrojar borrones sobre un símbolo cuyo significado metafísico profundo es demasiado para la comprensión de los campeones modernos de esa religión del sensualismo por excelencia, el Catolicismo Romano, tiene el deber de destruir sus iglesias más antiguas, y cambiar la forma de las cúpulas de sus propios templos. El Mahadeo de Elefanta, la Torre Redonda de Bhagulpore, los minaretes del Islam -ya sean redondos o puntiagudos-, son los originales del campanile de San Marcos en Venecia, de la Catedral de Rochester y del moderno duomo de Milán. Todos estos campanarios, torreones, cúpulas y templos Cristianos, son reproducción de la idea primitiva del lithos, el falo erguido (27).

Sin embargo, y como quiera que sea, el hecho de que todos estos Elohim, Chispas y Querubines hebreos son idénticos a los Devas, los Rishis y los Fuegos y las Llamas, los Rudras y los cuarenta y nueve Agnis de los antiguos arios, está suficientemente probado en y por la Kabalah.

ESTANCIA IV

14. Creación de los hombres. 15. Son ellos sombras vacías. 16. Los creadores

están perplejos sobre cómo han de crear un hombre pensante. 17. Lo que requiere

la formación de un hombre perfecto.

14 LAS SIETE HUESTES, LOS “SEÑORES NACIDOS POR LA VOLUNTAD” (1), IMPULSA-

DOS POR EL ESPÍRITU DADOR DE VIDA (2), SEPARARON A LOS HOMBRES DE ELLOS

MISMOS, CADA UNO EN SU PROPIA ZONA.

Se desprendieron ellos de sus “Sombras” o Cuerpos Astrales, si es que un ser etéreo tal como un “Espíritu Lunar” puede suponerse que goza de un Cuerpo astral, además de otro apenas tangible. En otro Comentario se dice que los Antecesores exhalaron al primer hombre, así como se explica que Brahmâ exhaló los Suras, o Dioses, cuando se convirtieron en Asuras (de Asu, aliento). En un tercero se dice que ellos, los Hombres recién creados, eran las “sombras de las Sombras”.

Respecto de esta sentencia: “Eran las sombras de las Sombras”, puede decirse un poco más, e intentarse una explicación más completa. El primer proceso de la evolución de la humanidad es mucho más fácil de aceptar que el que le sigue, aunque todos esos procesos serán rechazados y puestos en duda hasta por algunos kabalistas, especialmente los occidentales, que estudian los efectos presentes, pero que han descuidado el estudio de sus causas primarias. Ni tampoco se cree la escritora competente para explicar un modo de procreación tan difícil de ser apreciado, excepto por los Ocultistas orientales. Por lo tanto, es inútil entrar aquí en detalles acerca del proceso, aunque se halla minuciosamente detallado en los Libros Secretos, porque sólo conduciría a hablar de hechos desconocidos hasta ahora del mundo profano, y por tanto, a que fuesen erróneamente comprendidos. Un “Adam” hecho del polvo del suelo se creerá siempre preferible por cierta clase de estudiantes, a uno proyectado del cuerpo etéreo de su creador; por más que del primer proceso jamás se ha oído hablar, al paso que el segundo es familiar, como todos saben a muchos espiritistas en Europa y América, quienes más que nadie deben comprenderlo. Porque, ¿quién que haya presenciado el fenómeno de una forma que se materializa surgiendo de los poros de un médium, y otras veces de su costado izquierdo, puede dejar de admitir, por lo menos, la posibilidad de semejante nacimiento? Si hay en el Universo seres tales como los Ángeles o Espíritus, cuya esencia incorpórea pueda constituir una Entidad inteligente, a pesar de la ausencia (para nosotros) de todo organismo sólido; y si hay quien cree que un Dios creó al primer hombre del polvo, y alentó en él un Alma viviente -y hay millones y millones que creen ambas cosas-, ¿qué es lo que esta doctrina nuestra tiene de tan imposible? Muy pronto amanecerá el día en que el mundo tenga que escoger entre aceptar la milagrosa creación del hombre (y también del Kosmos) de la nada, según la letra muerta del Génesis, o un primer hombre nacido de un eslabón fantástico -que hasta ahora “falta” an absoluto-, el antecesor común del hombre y del “verdadero mono” (3). Entre estos dos errores, la Filosofía Oculta aparece. Ella enseña que la primera estirpe humana fue exhalada de la propia esencia de Seres superiores semidivinos. Si este proceso se considera anormal o hasta inconcebible -porque es desusado en la Naturaleza en el estado actual de la evolución-, sin embargo, su posibilidad está probada por la autoridad de ciertos hechos “espiritistas”. ¿Cuál de las tres hipótesis o teorías -preguntamos- es, pues, la más razonable y menos absurda? Ciertamente, nadie que no sea un materialista de alma ciega podrá objetar a la Enseñanza Oculta.

Ahora bien; según se ha mostrado, sabemos por esta última que el hombre no fue “creado” como ser completo que ahora es, por más imperfecto que aún permanezca. Hubo una evolución espiritual, una psíquica, una intelectual y una animal, de lo más elevado a lo más bajo así como un desarrollo físico, desde lo simple y homogéneo, hasta lo más complejo y heterogéneo; bien que no del todo con arreglo a las líneas que nos trazan los evolucionistas modernos. Esta doble evolución en dos direcciones contrarias, necesitó varias edades, de naturaleza y grados diversos de espiritualidad e intelectualidad, para construir el ser conocido ahora como hombre. Además, la ley, una absoluta, siempre en acción e infalible, que procede siempre del mismo modo desde una eternidad (o Manvántara) a otra -siempre proporcionando una escala ascendente a lo manifestado, o lo que llamamos la gran Ilusión (Mahâ-Mâyâ), pero sumergiendo al Espíritu más y más profundamente en la materialidad por un lado, y luego redimiéndolo por medio de la carne y libertándolo-, esta ley, decimos, emplea para estos fines a Seres de otros planos superiores, hombres, o Mentes (Manus), de acuerdo con sus exigencias Kármicas.

SOBRE LA IDENTIDAD Y DIFERENCIAS DE LOS

PODERES QUE ENCARNAN

Los Progenitores del Hombre, llamados en la India Padres, Pitaras o Pitris, son los “Creadores” de nuestros cuerpos y principios inferiores. Ellos son nosotros mismos como primeras personalidades, y nosotros somos ellos. El hombre primordial sería “hueso de sus huesos y carne de su carne”, si ellos tuviesen huesos y carne. Según se ha dicho, eran “Seres Lunares”.

Los que dotaron al hombre de su EGO consciente, inmortal, son los “Ángeles Solares”, ya se les considere así metafórica o literalmente. Los misterios del Ego Consciente o Alma Humana, son grandes. El nombre esotérico de estos Ángeles Solares es literalmente los “Señores” (Nâth) de “devoción incesante y perseverante” (Pranidhâna). Por tanto, los del Quinto Principio (Manas) parecen estar relacionados, o haber originado el sistema de los Yogis que hacen de Pranidhâna su quinta observancia (4). Ya se ha explicado por qué los Ocultistas transhimaláyicos los consideran como evidentemente idénticos a los que en la India son denominados Kumâras, Agnishvâttas, y los Barhishads.

¡Cuán precisa y verdadera es la expresión de Platón; cuán profunda y filosófica es su observación sobre el Alma o Ego (humano) cuando lo definió como “un compuesto de lo mismo y de lo otro!” Y sin embargo, ¡cuán poco ha sido comprendida esta alusión, dado que el mundo le atribuyó el significado de que el Alma era el Aliento de Dios, de Jehovah! Es “lo mismo y lo otro”, según dijo el gran Filósofo-Iniciado; pues el Ego -el “Yo Superior”, cuando inmergido con y en la Mónada Divina- es el hombre, y sin embargo, lo mismo que lo “otro”; el Ángel en él encarnado es lo mismo que el Mahat Universal. Los grandes escritores clásicos y filósofos sintieron esta verdad al decir que:

Debe haber algo dentro de nosotros que produce nuestros pensamientos. Algo muy sutil; es un aliento; es fuego; es éter; es quintaesencia; es una delicada semejanza; es una inteligencia; es un número; es armonía (5).

Todos estos son los Mânasas y Râjasas; los Kumâras, Asuras y otros Regentes y Pitris, que encarnaron en la Tercera Raza, y que de este modo y de otros dotaron de Mente a la Humanidad.

Hay Siete Clases de Pitris, como se muestra más adelante; tres Incorpóreos y cuatro Corpóreos, y dos especies, los Agnishvâtta y los Barhishad. Y podemos añadir que, así como hay dos especies de Pitris, así también hay una doble y triple serie de Barhishad y de Agnishvâtta. Los primeros, habiendo dado nacimiento a sus Dobles Astrales, renacen como Hijos de Atri, y son los “Pitris de los Demonios”, o Seres Corporales, según Manu (6); mientras que los Agnishvâtta renacen como Hijos de Marîchî, Hijo de Brahmâ, y son los “Pitris de los Dioses” (7).

El Vâyu Purâna declara que los siete Órdenes de Pitris fueron originalmente los primeros Dioses, los Vairâjas, a quienes Brahmâ, con el ojo del Yoga, contempla en las esferas eternas, y que son los dioses de los dioses... El Matsya... añade, que los Dioses los adoraron (8).

El Harivamsha distingue a los Vairâjas como una sola clase de Pitris (9), declaración corroborada en las Enseñanzas Secretas, que, sin embargo, identifican a los Vairâjas con los Agnishvâttas mayores (10) y con los Râjasas o Âbhûtarajasas, que son incorpóreos sin siquiera un fantasma astral. En la mayoría de los Manuscritos, se dice que Vishnu encarnó en y por medio de ellos.

En el Manvántara Raivata, también Hari, el mejor de los dioses, nació de Sambhûti, como el divino Mânasa - originándose de las deidades llamadas Râjasas (11).

Sambhûti era una hija de Daksha, y esposa de Marîchî, el padre de los Agnishvâtta, quienes, juntamente con los Râjasas, están siempre asociados con Mânasas. Según observa un sanscritista mucho más hábil que Wilson, Mr. Fitzedward Hall:

Mânasa no es un nombre apropiado para una deidad asociada con los Râjasas. Parece que tiene en él a mânasam -lo mismo que manas- con el cambio de terminación requerido para expresar la personificación de varón (12).

Todos los Hijos de Virâja son Mânasa, dice Nilakantha. Y Virâja es Brahmâ, y por tanto, los Pitris Incorpóreos son llamados Vairâjas por ser los Hijos de Virâja, dice el Vâyu Purâna.

Podríamos multiplicar nuestras pruebas ad infinitum, pero es inútil. El sabio comprenderá nuestro significado; al que no lo es, no se le pide tal cosa. Hay treinta y tres crores, o trescientos treinta millones de Dioses en la India. Todos ellos pueden ser devas, pero de ningún modo “dioses”, en el sentido elevado espiritual que se atribuye al término. Pero según observó el sabio conferenciante sobre el Bhagavad Gitâ:

Éste es un error desgraciado que generalmente cometen los europeos. Deva es una especie de ser espiritual, y como la misma palabra se emplea en el lenguaje ordinario para significar a un dios, no se deduce de esto que tenemos y rendimos culto a treinta y tres crores de dioses. Estos seres, como puede naturalmente inferirse, tienen cierta afinidad con uno de los tres Upâdhis (principios fundamentales) constituyentes en que hemos dividido al hombre (13).

Los nombres de las deidades de cierta clase mística cambian con cada Manvántara. Así, los doce Grandes Dioses, Jayas, creados por Brahmâ para que le ayudasen en la obra de la creación en el principio mismo del Kalpa, y que abstraídos en Samâdhi descuidaron el crear -por cuya razón cayó sobre ellos la maldición de nacer repetidamente en cada Manvántara hasta el séptimo-, son llamados repectivamente Ajitas, Tushitas, Satyas, Haris, Vaikunthas, Sâdhyas y Âdityas (14); son Tushitas en el segundo Kalpa, y Âdityas en este Período Vaivasvata (15), además de otros nombres para cada edad. Pero ellos son idénticos a los Mânasas o Râjasas, y estos a nuestros Dhyân Chohans que encarnan.

Sí; además de esos Seres, que, como los Yakshas, Gandharvas, Kinnaras, etc., considerados en sus individualidades, habitan el Plano Astral, hay verdaderos Devas; y a estas clases pertenecen los Âdityas, Vairâjas, los Kumâras, los Asuras y todos esos Seres celestiales elevados, a quienes la enseñanza Oculta llama Manasvin, los Sabios, los primeros de todos, y quienes hubieran podido convertir a todos los hombres en los Seres espiritualmente intelectuales conscientes de sí, que serán, si no hubiesen sido “condenados” a caer en la generación, y a renacer ellos mismos como mortales por haber descuidado su deber.

ESTANCIA IV

(Continuación)

15 SIETE VECES SIETE SOMBRAS (16) DE HOMBRES FUTUROS (17) (a) NACIERON

(18). CADA UNA DE SU PROPIO COLOR (19) Y ESPECIE (b). CADA UNA (20)

INFERIOR A SU PADRE (21). LOS PADRES, LOS SINHUESOS, NO PODÍAN DAR LA

VIDA A SERES CON HUESOS. LA PROGENIE DE ELLOS FUE BHUTÂ (22), SIN

FORMA NI MENTE. POR ESA RAZÓN SON ELLOS LLAMADOS LA RAZA CHHÂYÂ

(23) (c).

a) Manu, como se ha hecho notar ya, viene de la raíz man, pensar, por tanto, es un “pensador”. Es muy probable que de esta palabra sánscrita se derive el mens latino, Mente, el Menes egipcio, la “Mente-Maestra”, la monas pitagórica o “unidad pensante” consciente, también la mente, y hasta nuestro manas o mente, el quinto principio del hombre. De aquí que estas Sombras fuesen llamadas Amânasa, “Sin Mente”.

Para los brahmanes, los Pitris son muy sagrados porque son los Progenitores (24) o Antecesores de los hombres -los primeros Manushyas en esta Tierra- y el brahman les hace ofrendas cuando tiene un hijo. Se les rinden más honores y su ritual es más importante que el culto de los Dioses (25).

¿No podríamos encontrar significado filosófico en este grupo dual de Progenitores?

Estamos los Pitris divididos en siete Clases, nos encontramos nuevamente aquí el número místico. Casi todos los Purânas están de acuerdo en que tres de éstas son Arûpa, sin forma, mientras que cuatro son Corpóreas; las primeras son intelectuales y espirituales, y las segundas materiales y desprovistas de inteligencia. Esotéricamente, los Asuras son los que forman las tres primeras Clases de Pitris -”nacidos en el Cuerpo de la Noche”-, mientras que las otras cuatro fueron producidos del “Cuerpo del Crepúsculo”. Según el Vâyud Purâna, sus Padres (los Dioses), fueron condenados a nacer imbéciles en nuestra Tierra. Las leyendas están intencionalmente confundidas y muy veladas: en una son los Pitris los Hijos de los Dioses, y en otra los de Brahmâ; mientras que en una tercera los hace instructores de sus propios Padres. Las Huestes de las cuatro clases materiales fueron las que crearon simultáneamente a los hombres en las siete Zonas.

Ahora, respecto de las siete Clases de Pitris, cada una de las cuales es, a su vez, dividida en siete, dirigiremos una palabra a los estudiantes, y una pregunta al profano. Esa Clase de los “Dhyânis del Fuego”, que identificamos, con fundamentos innegables, con los Âgnishvâttas, se llama en nuestra escuela el “Corazón” del Cuerpo Dhyân-Chohánico, y se dice que encarnó en la Tercera Raza de hombres y los hizo perfectos. La Mistagogía Esotérica habla de la relación misteriosa que existe entre la esencia o substancia hebdomádica de este Corazón angélico y el del hombre, cuyo órgano físico mismo, y funciones psíquicas y espirituales, son una reflexión, por decirlo así, una copia en el plano terrestre, del modelo o prototipo de arriba. ¿Por qué, se pregunta, ha de haber una repetición tan extraña del número siete en la estructura anatómica del hombre? ¿Por qué tiene el corazón cuatro cavidades inferiores y tres divisiones superiores, que corresponden de modo tan extraño a la división septenaria de los principios humanos separados en dos grupos, el superior y el inferior, y por qué ha de encontrarse la misma división en las varias clases de Pitris, y especialmente en nuestros Dhyânis del Fuego? Porque, como se ha dicho ya, estos Seres caen en cuatro “Principios” -o llámeseles como se quiera- Corpóreos o groseros, y tres Incorpóreos o sutiles. ¿Por qué los siete plexos nerviosos del cuerpo radian siete rayos? ¿Por qué hay esos siete plexos, y por qué siete capas distintas en la piel humana?

El comentario dice:

Habiendo proyectado sus Sombras y hecho hombres de un Elemento (Éter), los Progenitores vuelven a ascender a Mahâ-Loka, de donde descienden periódicamente cuando el Mundo se renueva, para dar nacimiento a nuevos Hombres.

Los Cuerpos Sutiles permanecen sin inteligencia (Manas), hasta el advenimiento de los Suras (Dioses), llamados ahora Asuras (No-Dioses).

“No-Dioses” para los brahmanes, quizá, pero los Soplos” más elevados para los Ocultistas; toda vez que esos progenitores (Pitris), los sin forma e intelectuales, rehusan construir el hombre, pero le dotan de Mente; las cuatro Clases corpóreas crean tan sólo el cuerpo.

Esto se muestra claramente en varios textos del Rig Veda, la autoridad más elevada para todo indo, cualquiera que sea su secta. Allí Asura significa “espiritual, divino”, y la palabra se emplea como sinónimo del Espíritu Supremo; y el término Asura, en el sentido de un “Dios”, se aplica a Varuna e Indra, y principalmente a Agni, habiendo sido los tres en los tiempos antiguos los tres Dioses más elevados, antes de que la teomitología Brahmánica desnaturalizase el significado de casi todo el contenido de las Escrituras Arcaicas. Pero como la clave está ahora perdida, los Asuras apenas son mencionados.

En el Zend Avesta se ve lo mismo. En la religión mazdeísta o magismo, Asura es el Señor Asura Vishavavedas, el “que todo lo sabe” o “Señor ominisciente”; y Asura Mazdhâ, que se convierte más tarde en Asura Mazdhâ, es, como Benfey muestra, “el Señor que concede la Inteligencia”; Asura Medhâ, y Ahura Mazdâo (26). En otra parte de esta obra se hace ver, bajo una autoridad no menor, que el Asura indo-iranio fue siempre considerado como séptuple. Este hecho, combinado con el nombre Mazdhâ, como se ha dicho, que hace del séptuple Asura el “Señor” o “Señores” colectivamente, “que conceden la Inteligencia”, relaciona los Amshadspens con los Asuras y con nuestros Dhyân Chohans, que encarnan, así como también con los Elohim, y con los siete Dioses animadores de Egipto, la Caldea y todos los demás países.

La razón por la cual rehusaron estos “Dioses” crear hombres, no es, como lo declaran los relatos exotéricos, porque su orgullo era demasiado grande para que compartiesen el poder celestial de su esencia con los Hijos de la Tierra, sino por los motivos ya sugeridos. Sin embargo, la alegoría ha tolerado innumerables fantasías, y la Teología se ha aprovechado de ello en todos los países para apoyar su aserto contra estos Primogénitos, o los Logos, e imprimirlo como una verdad en las mentes de los ignorantes y crédulos (27).

El sistema cristiano no es el único que ha degradado estos Dioses en Demonios. El zoroastrismo y hasta el brahmanismo se han aprovechado de ello para imponerse a la mente del pueblo. Hasta en el exoterismo caldeo los Seres que rehusan crear, y que se dice que por ello son contrarios al Demiurgo, son también denunciados como espíritus de Tinieblas. Los Suras, que obtienen su independencia intelectual, luchan con los Suras que carecen de ella y que aparecen como pasando sus vidas en inútil culto ceremonial basado en la fe ciega -alusión ahora ignorada de los brahmanes ortodoxos- e inmediatamente los primeros se convierten en A-Suras. Los Primeros Hijos de la Deidad nacidos de la Mente rehusan crear progenie, y son maldecidos por Brahmâ y condenados a nacer como hombres. Son ellos precipitados en la Tierra, lo cual, más adelante, se transformó en el dogma teológico de las Regiones Infernales. Ahriman destruye al Toro creado por Ormuzd -que es el emblema de la vida ilusoria terrestre, el “germen del dolor”- y, olvidando que la semilla perecedera finita tiene que morir a fin de que la planta de la inmortalidad, la planta de la vida espiritual eterna, pueda brotar y vivir, Ahriman es proclamado el enemigo, el poder contrario, el Demonio. Tifón divide a Osiris en catorce pedazos, a fin de impedirle que pueble al mundo y crear así el sufrimiento; y Tifón se convierte, en la enseñanza exotérica teológica, en el Poder de las Tinieblas. Pero todo esto es el cascarón exotérico. Los adoradores de este último son los que atribuyen a desobediencia y rebeldía el esfuerzo y sacrificio de sí mismos, de aquellos que quieren ayudar a los hombres a volver a su estado original de divinidad, por medio de esfuerzos propios conscientes; y esos adoradores de la forma son los que han hecho demonios de los Ángeles de Luz.

La filosofía Esotérica, sin embargo, enseña que una tercera parte (28) de los Dhyânis -esto es, las tres clases de Pitris Arûpa dotados de inteligencia, “la cual es un soplo informe, compuesto de substancias intelectuales no elementarias” (29)- fue sencillamente condenada por la ley del Karma y de la evolución a renacer, o encarnar, en la Tierra (30). Algunos de estos eran Nirmânakâyas de otros Manvántaras. De aquí que los encontremos, en todos los Purânas, reapareciendo en este Globo, en el Tercer Manvántara -léase Tercera Raza Raíz- como Reyes, Rishis y Héroes. esta doctrina, siendo demasiado filosófica y metafísica para ser comprendida por las multitudes, fue, como ya se ha dicho, desfigurada por el sacerdocio, con objeto de sostener su dominio sobre aquéllas por medio del temor supersticioso.

Los supuestos “Rebeldes”, pues, eran sencillamente aquellos que, obligados por la ley Kármica a beber la copa del hiel hasta su última amarga gota, tuvieron que encarnar de nuevo, convirtiendo así en entidades pensantes responsables a las estatuas astrales proyectadas por sus hermanos inferiores. Se dice que algunos rehusaron porque no poseían los materiales requeridos -esto es, un cuerpo astral-, pues eran Arûpa. La negativa de otros se fundaba en que habían sido Adeptos y Yogis en Manvántaras lejanos precedentes; otro misterio. Pero, más adelante, como Nirmânakâyas, se sacrificaron por el bien y la salvación de las Mónadas que esperaban su turno, y que de otro modo hubieran tenido que permanecer en suspenso durante edades incontables en formas irresponsables, a semejanza de los animales, aunque en apariencia humanas. Puede ser una parábola y una alegoría, dentro de una alegoría. Su solución se deja a la intuición del estudiante si lee lo que sigue con su vista espiritual.

En cuanto a sus Formadores o “Antecesores” -los Ángeles que en las leyendas exotéricas obedecieron a la ley- deben ser idénticos a los Pitris Barhishad, o los Pitris-Devatâs, esto es, los que poseían el fuego físico creador. ellos sólo podían crear, o más bien revestir, las Mónadas humanas con sus Yoes astrales, pero no podían hacer al hombre a su imagen y semejanza. “El hombre no puede ser como uno de nosotros” -dijeron los Dioses Creadores encargados de la construcción del animal inferior- sino superior (31). Que ellos creasen la semejanza del hombre de su propia Esencia divina, significa, esotéricamente, que ellos fueron los que se convirtieron en la Primera Raza, participando así de su destino y posterior evolución. No quisieron, simplemente porque no podían, dar al hombre esa chispa sagrada que arde y se convierte en la flor de la razón humana y en la conciencia de sí mismo, porque no la tenían para darla. Esto quedó para aquella Clase de Devas que se simbolizaron en Grecia bajo el nombre de Prometeo; para aquellos que no tenían nada que hacer con el cuerpo físico, pero sí todo con el hombre puramente espiritual.

Cada clase de Creadores dota al hombre con lo que tiene para dar; la una construye su forma externa; la otra le da su esencia, que más adelante se convierte en el Yo Humano Superior, debido a los esfuerzos personales del individuo; pero no podían hacer a los hombres como ellos mismos eran, perfectos por ser impecables; impecables porque sólo tenían los primeros pálidos y vagos contornos de los atributos, y estos todos perfectos (desde el punto de vista humano); blancos, puros y fríos, como la nieve virgen. Donde no hay lucha, no hay mérito. La Humanidad “del mundo terrestre” no estaba destinada a ser creada por los Ángeles del Primer Soplo Divino. Por tanto, se dice que ellos rehusaron crear, y el hombre tuvo que ser formado por Creadores (32) más materiales, quienes, a su vez, sólo podían dar lo que tenían en sus propias naturalezas, y no más. Los Dioses puros, subordinados a la ley eterna, sólo podían proyectar de sí mismos sombras de hombres, un poco menos etéreos y espirituales menos divinos y perfectos que ellos mismos, que eran sombras todavía. La primera Humanidad, por tanto, fue una pálida copia de sus Progenitores; aunque etéreos demasiado materiales para ser una jerarquía de Dioses y demasiado espirituales y puros para ser HOMBRES, dotados como estaban de todas las perfecciones negativas (ninguna). La perfección, para ser tal, tiene que salir de la imperfección; lo incorruptible tiene que desenvolverse de lo corruptible, teniendo a esto último como su vehículo, base y contraste. Luz absoluta es Obscuridad absoluta, y viceversa. De hecho, no hay ni Luz ni Tinieblas en los reinos de la Verdad. El Bien y el Mal son gemelos, la progenie del Espacio y del Tiempo, bajo el dominio de Mâyâ. Separadlos, cortando toda relación, y ambos morirán. Ninguno de los dos existe, per se, pues cada uno tiene que ser engendrado y creado por el otro a fin de venir a la existencia; ambos tienen que ser conocidos y apreciados, antes de ser objeto de percepción; de aquí que, en la mente mortal, tengan que estar separados.

Sin embargo, como la distinción ilusoria existe, requiere ella un orden inferior de Ángeles Creadores para “crear” Globos habitados especialmente el nuestro, o para manejar la Materia en este plano terrestre. Los filósofos gnósticos fueron los primeros en pensar así dentro del período histórico, y en inventar varios sistemas sobre esta teoría. Por esto, en sus esquemas de la creación, nos encontramos siempre a sus Creadores ocupando un lugar en el mismo pie de la escala del Ser Espiritual. Para ellos, los que crearon nuestra Tierra y sus mortales estaban colocados en el límite mismo de la Materia mayávica, y sus partidarios fueron enseñados a pensar, con gran disgusto de los Padres de la Iglesia, que de la creación de esas razas miserables, en sentido moral y espiritual, que favorecen nuestro Globo, ninguna Divinidad superior podía ser responsable, sino sólo los Ángeles de una Jerarquía inferior (33), cuya Clase relegaron al Dios judío, Jehovah.

En todas las antiguas Cosmogonías se mencionan humanidades diferentes de la presente. Platón habla, en el Phaedrus, de una raza de hombres “alada”. Aristófanes, en el Banquete de Platón, habla de una raza andrógina con cuerpos redondos. En el Pymander, hasta todo el reino animal es de doble sexo. así, dice:

Habiéndose completado el circuito, se desató el nudo... y todos los animales, que eran igualmente andróginos, fueron desatados (separados) juntamente con el hombre... (pues)... las causas tenían que producir efectos en la tierra (34).

Además, en el antiguo manuscrito Quiché, el Popol Vuh, publicado por el difunto Abbé Brasseur de Bourbourg, los primeros hombres están descritos como una raza “cuya vista era ilimitada, y que sabía todas las cosas a la vez”, mostrando así el conocimiento divino de Dioses, no de mortales. La Doctrina Secreta, corrigiendo las exageraciones inevitables de la fantasía popular, expone los hechos conforme se hallan registrados en los símbolos arcaicos.

b) Estas “Sombras” nacieron “cada una de su propio color y especie”, cada una también “inferior a su Padre”, o Creador, porque este último era un Ser completo de su especie. Los Comentarios atribuyen la primera frase al color o complexión de cada raza humana, evolucionada de este modo. En el Pymander, los Siete Hombres Primitivos, creados por la Naturaleza del “Hombre Celeste”, participan todos de las cualidades de los Siete “Gobernadores”, o Regentes, que amaban al Hombre, su propio reflejo y síntesis.

En las Leyendas Norse reconocemos en Asgard la morada de los Dioses, así como también en los mismos Ases, el mismo místico Loci y personificaciones entretejidas en los “mitos” populares, como en nuestra Doctrina Secreta; y las vemos en los Vedas, los Purânas, las Escrituras Mazdeístas y la Kabalah. Los Ases de Escandinavia, los Regentes del mundo que precedió al nuestro, cuyo nombre significa literalmente los “Pilares del Mundo”, sus “Soportes”, son, pues, idénticos a los cosmocratores griegos, los siete “Obreros” o Rectores del Pymander, los siete Rishis y Pitris de la India, los siete Dioses caldeos y los siete Espíritus Malos, los siete Sephiroth cabalísticos, sintetizados por la Tríada superior, y hasta los siete Espíritus Planetarios de los místicos cristianos. Los Ases crean la tierra, los mares, el firmamento y las nubes, todo el mundo visible, de los restos del gigante asesinado Ymir; pero no crean al HOMBRE, sino sólo su forma, del árbol Ask o Ash. Odin es quien le dota de vida y alma, después que Lodur le hubo dado sangre y huesos, y finalmente Hönir es quien le proporciona la inteligencia (Manas) y los sentidos conscientes (35). El Ask Norse, el árbol Ash de Hesiodo, de donde procedieron los hombres de la generación de bronce, la Tercera Raza Raíz, y el árbol Tzité del Popol Vuh, del cual fue creada la tercera raza mexicana de hombres, todos son unos. Esto puede verlo claramente cualquier lector. Pero la razón oculta, por qué el Ygdrasil Norse, el Ashavattha indo, el Gogard, el árbol de la vida helénico y el Zampun tibetano, son lo mismo que el Árbol Sephirótico Kabalístico, y hasta que el Árbol Santo hecho por Ahura Mazda, y el Árbol del Edén, ¿quién, entre los sabios occidentales, puede decirlo? (36). Sin embargo, el fruto de todos estos “Árboles” ya sea Pippala, o Haoma, o aun la más prosaica Manzana, son las “plantas de la vida”, en hecho y en verdad. Los prototipos de nuestras razas estaban todos incluidos en el Árbol Microcósmico, que crecía y se desarrollaba dentro y bajo el gran árbol Macrocósmico del mundo (37); y el misterio se halla medio revelado en el Dîrghotamas, en donde se dice:

Pippala, el dulce fruto de ese árbol, al cual acuden los espíritus que aman la ciencia, y donde los dioses producen todas las maravillas.

Lo mismo que en el Gogard, hállase la “Serpiente” entre las exuberantes ramas de todos estos Árboles del Mundo. Pero al paso que el Árbol Macrocósmico es la Serpiente de la Eternidad y de la absoluta Sabiduría misma, las que moran en el Árbol Microcósmico son las Serpientes de la Sabiduría Manifestada. Una es el Uno y el todo; las otras son sus partes reflejadas. El “Árbol” es el hombre mismo, por supuesto, y la Serpiente que en cada uno mora, es el Manas consciente, el eslabón que relaciona el Espíritu con la Materia, el Cielo y la Tierra.

En todas partes es lo mismo. Los Poderes Creadores producen al Hombre, pero fracasan en el objeto final. Todos estos Logos se esfuerzan en dotar al hombre de Espíritu consciente inmortal, que sólo se refleja en la Mente (Manas); ellos fracasan, y a todos se les presenta como castigados por el fracaso, si no por la empresa. ¿De qué clase es el castigo? Una sentencia de prisión en la región inferior, la cual es nuestra Tierra, la más baja de su Cadena; una “Eternidad” -que significa la duración de un ciclo de Vida- en las tinieblas de la Materia, o dentro del Hombre animal. Los Padres de la Iglesia, en parte por ignorancia y en parte intencionalmente, tuvieron a bien desnaturalizar este símbolo gráfico. Se aprovecharon de la metáfora y alegoría de todas las religiones antiguas, para volverlas en beneficio de la nueva. así, el hombre fue transformado en las tinieblas de un Infierno material; su conciencia divina, producida por el Principio que en él moraba, el Mânasa o el Deva encarnado, se convirtió en las llamas ardientes de la Región Infernal, y nuestro Globo en el Infierno mismo. Pippala, Haoma, el fruto del Árbol del Conocimiento, fueron denunciados como el fruto prohibido, y la “Serpiente de la Sabiduría”, la voz de la razón y de la conciencia, permaneció identificada durante edades con el Ángel Caído, el cual es el antiguo Dragón, ¡el Demonio!

Lo mismo sucede con los demás símbolos elevados. La Svastika, el símbolo más sagrado y místico de la India, la “Cruz Jaina”, como la llaman ahora los masones, a pesar de su relación directa, y hasta de su identidad con la Cruz cristiana, ha sido deshonrada del mismo modo. Es el “signo del demonio”, nos dicen los misioneros indos. ¿No brilla en la cabeza de la gran Serpiente de Vishnu, en el Shesha-Ananta de mil cabezas, en las profundidades de Pâtâla, el Naraka o Infierno hindú? Así es; pero ¿qué es Ananta? Lo mismo que Shesha, es el casi infinito Ciclo Manvantárico del Tiempo, y se convierte en el Tiempo Infinito mismo cuando se le llama Ananta, la gran Serpiente de Siete cabezas, sobre la cual reposa Vishnu, la Deidad Eterna, durante la inactividad Praláyica. ¿Qué tiene Satán que ver con este símbolo altamente metafísico? La Svastika es el símbolo más filosóficamente científico de todos, como también el más comprensible. Es el resumen, en unas pocas líneas, de toda la obra de la “creación” (o de la evolución debiera más bien decirse), desde la Cosmogonía hasta la Antropogonía; desde el Parabraman indivisible desconocido a la humilde Monera de la ciencia materialista cuyo génesis es tan desconocido a esa ciencia como lo es el de la Deidad Absoluta misma. La Svastika se ve a la cabeza de los símbolos religiosos de toda nación antigua. Es el “Martillo del Obrero” en el Libro de los Números caldeo, el “Martillo” de que ya se ha hecho mención en el Book of Concealed Mistery, “que arranca chispas del pedernal” (Espacio), cuyas chispas se convierten en Mundos. Es el Martillo de Thor, el arma mágica forjada por los Enanos contra los Gigantes, o las Fuerzas Titánicas precósmicas de la Naturaleza que se rebelan, y que, al paso que viven en la región de la Materia, se resisten a ser dominadas por los Dioses, los agentes de la Armonía Universal, y tienen que ser primero destruidas. Ésta es la razón por la cual el Mundo está formado de los restos del Ymir asesinado. La Svastika es el Miölnir, el “Martillo tempestuoso”, y por esto se dice que cuando los Ases los Dioses santos, después de ser purificados por el fuego -el fuego de las pasiones y sufrimientos en sus encarnaciones-, se hacen dignos de habitar en el Ida en eterna paz, entonces el Miölnir será inútil. Esto sucederá cuando las cadenas de Hel -la Diosa reina de la región de la Muerte- no los aprisione más; pues el reino del mal habrá pasado.

Las llamas de Surtur no los habían destruido, ni tampoco aún las aguas devastadoras (de los diversos diluvios)... Allí estaban... los hijos del Thor. Trajeron el Miölnir con ellos, no como arma de guerra, sino como martillo con el cual iban a consagrar los nuevos cielos y la nueva tierra (38).

¡Verdaderamente, muchos son sus significados! En la obra macrocósmica, el “MARTILLO DE LA CREACIÓN” con sus cuatro brazos vueltos en ángulos rectos, se refiere al continuo movimiento y evolución del Kosmos invisible de las Fuerzas. En la del Cosmos manifestado y de nuestra Tierra, indica la rotación de los ejes del mundo y sus cinturones ecuatoriales en los Ciclos del Tiempo; las dos líneas que forman la Svastika ..... significan el Espíritu y la Materia, y los cuatro garfios indican el movimiento en los ciclos de revolución. Aplicado al microcosmo, al Hombre, lo muestra como un eslabón entre el Cielo y la Tierra; la mano derecha levantada al extremo de un brazo horizontal, la izquierda señalando a la Tierra. En la Tabla Esmeraldina de Hermes, el brazo derecho alzado está inscrito con la palabra “Solve”, el izquierdo con la palabra “Coagula”. Es un signo alquímico, cosmogónico, antropológico y mágico, todo a la vez, con siete claves para su significado interno (39). No es demasiado decir que el simbolismo compuesto de este signo universal de los más sugestivos, contiene la clave de los siete grandes misterios del Kosmos. Nacido de los conceptos místicos de los primitivos Arios, y colocado por ellos en el vestíbulo mismo de la eternidad, en la cabeza de la serpiente Ananta, encontró su muerte espiritual en las interpretaciones escolásticas de los antropomorfistas de la Edad Media. Es el Alfa y Omega de la Fuerza Creadora universal, desarrollándose del Espíritu puro y terminando en la Materia densa. Es también la clave para el Ciclo de la Ciencia, divina y humana; y aquel que comprende todo su significado, está por siempre libre de los afanes de Mahâmâyâ, la Gran Ilusión y Engañador. La Luz que brilla bajo el Divino Martillo, ahora degradado en el mallete de los Grandes Maestros de las logias masónicas, es suficiente para disipar las tinieblas de todos los esquemas o ficciones humanos.

¡Cuán proféticos son los cantos de las tres Diosas Norse, a quienes los cuervos de Odin murmuran el pasado y el futuro al revolotear en sus moradas de cristal bajo el caudaloso río! Los cantos están todos escritos en los “Pergaminos de la Sabiduría”, de los cuales muchos se han perdido, pero quedan aún algunos; y ellos repiten en poética alegoría las enseñanzas de las Edades Arcaicas. Extractando del Asgard and the Gods, del doctor Wagner, respecto de la “Renovación del Mundo”, que es una profecía acerca de la Séptima Raza de nuestra Ronda relatada en tiempo pasado, se dice que:

El Miölnir había cumplido con su deber en esta Ronda, y:

En el campo de Ida, el campo de resurrección (para la Quinta Ronda), los hijos de los dioses más elevados se reunieron, y en ellos se levantaron nuevamente sus padres (los Egos de todas sus encarnaciones pasadas). Hablaron del Pasado y del Presente, y recordaron la sabiduría y profecías de sus antecesores, que se habían cumplido todas. Cerca de ellos, pero invisibles para ellos, estaba el Uno fuerte y potente que gobierna todas las cosas, hace la paz entre los que están irritados, y dirige las leyes eternas que rigen al mundo. Todos sabían que estaba allí, sentían su presencia y poder, pero ignoraban su nombre. A su mandato la nueva tierra surgió de las aguas (del Espacio). Al Sur, sobre el Campo de Ida, hizo otro cielo llamado Audlang, y más lejos un tercero conocido por Widblain. Sobre la cueva de Gimil, fue erigido un palacio maravilloso, que estaba cubierto de oro y que brillaba resplandeciente al sol. (Estos son los tres Globos de nuestra Cadena que ascienden gradualmente). Allí fueron los dioses entronizados, como lo estaban antes, y gozaban de su restauración y de los buenos tiempos. Desde las alturas de Gimil (el séptimo Globo, el más elevado y puro), miraban a los dichosos descendientes de Lif (y Lifthrasir, el Adam y Eva futuros de la Humanidad purificada), y les indicaban que subiesen más arriba, que se elevasen en conocimiento y sabiduría, en piedad y en obras de amor, paso a paso, de un cielo a otro, hasta que finalmente pudiesen unirse a las divinidades en la casa del Todo padre (40).

El que conozca las doctrinas del Buddhismo Esotérico, o Sabiduría, aunque tan imperfectamente bosquejadas hasta ahora, verá claramente la alegoría que contiene lo arriba citado.

Su significado más filosófico será mejor comprendido si el lector piensa detenidamente sobre el mito de Prometeo. Más adelante se le examina a la luz del Pramantha indo. Degradado en un símbolo puramente fisiológico por algunos orientalistas, y tomado sólo en conexión con el fuego terrestre, su interpretación es un insulto a todas las religiones, incluso el Cristianismo, cuyo misterio más grande es así arrastrado a la Materia. La “fricción” del divino Pramantha y Arani sólo podía presentarse bajo esta imagen a las ideas brutales de los materialistas alemanes, peores que los cuales no hay ninguno. Es verdad que el Niño Divino, Agni, según el lenguaje sánscrito, que se convirtió en Ignis entre los latinos, nació de la unión de Pramantha y Arani (la Svastika) durante la ceremonia del sacrificio. ¿Pero qué indica eso? Tvashtri (Vishvakarman) es el “artista y carpintero divino” (41), y es también el Padre de los Dioses y del “Fuego Creador” en los Vedas. Es tan antiguo y tan sagrado el símbolo, que apenas hay excavación hecha en los lugares de las ciudades antiguas, en que no se haya encontrado. Cierto número de discos de tierra cocida, llamados fusaïoles, fueron encontrados por el Dr. Schliemann bajo las ruinas de la antigua Troya. Ambas formas .... ........, fueron sacadas en gran número; su presencia era una prueba más de que los antiguos troyanos y sus antecesores eran arios puros.

c) El Chhâyâ, como ya se ha explicado, es la Imagen Astral. Tiene este sentido en las obras sánscritas. Así a Sanjnâ, la Conciencia Espiritual, la esposa de Sürya, el Sol, se la muestra retirándose a la espesura para llevar una vida ascética, y dejando a su esposo su Chhâyâ, Sombra o Imagen.

16 ¿CÓMO NACIERON LOS MÂNUSHYA? (42). ¿CÓMO SE FORMARON LOS MANUS CON

MENTES? (a). LOS PADRES (43) LLAMARON EN SU AYUDA A SU PROPIO FUEGO (44),

QUE ES EL FUEGO QUE ARDE EN LA TIERRA. EL ESPÍRITU DE LA TIERRA LLAMÓ EN

SU AYUDA AL FUEGO SOLAR (45). ESTOS TRES (46), CON SUS ESFUERZOS REUNIDOS,

PRODUJERON UN BUEN RÛPA. PODÍA (47) ESTAR DE PIE, ANDAR, CORRER, RECLI-

NARSE O VOLAR. SIN EMBARGO, NO ERA AÚN MÁS QUE UN CHHÂYÂ, UNA SOMBRA

SIN ENTENDIMIENTO... (b).

a) Aquí se hace necesaria otra explicación a la luz y con la ayuda de las Escrituras exotéricas añadidas a las esotéricas. Los Mânushyas (Hombres) y los Manus son aquí equivalentes del Adán caldeo; este término no significa en modo alguno el primer hombre, como entre los judíos, ni un individuo solitario, sino la Humanidad colectivamente, como entre los caldeos y asirios. Cuatro Órdenes o Clases de las Siete de Dhyân Chohans, dice el Comentario, “fueron los Progenitores del Hombre Oculto”; esto es, el Hombre Interno sutil. Los Lha de la Luna, los Espíritus Lunares, eran, como ya se ha dicho, sólo los Antecesores de su Forma, o sea del modelo con arreglo al cual la Naturaleza principió su obra externa sobre él. Así, pues, el Hombre Primitivo era, cuando apareció, sólo un Bhûta sin entendimiento (48), o “fantasma”. Esta “creación” fue un fracaso.

b) Esta tentativa fue un nuevo fracaso. Es la alegoría de la vanidad de la Naturaleza física en sus inútiles esfuerzos para construir por sí sola siquiera un animal perfecto, y menos al hombre; pues los Padres, los Ángeles inferiores, son todos Espíritus de la Naturaleza, y los Elementales superiores también poseen una inteligencia especial suya; pero esto no es bastante para construir un hombre pensante. Era necesario el “Fuego Viviente”, ese Fuego que da a la mente humana su percepción y conciencia propias, o Manas; y la progenie de Pârvaka y Shuchi son los Fuegos Eléctrico-Animal y Solar, que crean animales, y por tanto, sólo podían proporcionar una constitución física viviente a este primer modelo astral del hombre. Los primeros Creadores, pues, eran los Pigmaliones del Hombre Primitivo: no pudieron animar la estatua, intelectualmente.

Esta Estancia, como veremos, es muy sugestiva. Explica ella el misterio y llena el vacío entre el Principio Animador del hombre -el Yo Superior o Mónada Humana- y la Mónada Animal, ambas una y la misma, aunque la primera está dotada de inteligencia divina y la segunda de sólo la facultad del instinto. ¿Cómo se explica esta diferencia y la presencia de ese YO SUPERIOR en el hombre?

El Comentario dice:



Los Hijos de MAHAT son los vivificadores de la Planta humana. Son ellos las Aguas que caen en el árido suelo de la vida latente, y la Chispa que vivifica el animal humano. Son ellos los Señores de la Vida Espiritual Eterna... En el principio (en la Segunda Raza), algunos (de los Señores) sólo exhalaron parte de su esencia en los Mânushya (hombres), y algunos tomaron al hombre por morada.

Esto muestra que no todos los hombres fueron encarnaciones de los “Divinos Rebeldes”, sino sólo unos pocos de entre ellos. El resto sólo tuvo su quinto Principio simplemente avivado por la chispa arrojada en él, lo cual explica la gran diferencia entre las capacidades intelectuales de los hombres y razas. “Si los hijos de Mahat” no hubiesen, alegóricamente hablando, saltado a través de los mundos intermedios, en su impulso hacia la libertad intelectual, el hombre animal no hubiese podido jamás elevarse más allá de esta tierra, y llegar por medio del propio esfuerzo a la meta final. La peregrinación cíclica hubiese tenido que ejecutarse a través de todos los planos de la existencia en estado semiinconsciente, sino completamente, tal como sucede con los animales. A esta rebelión de la vida intelectual contra la mórbida inactividad del espíritu puro, es debido que seamos lo que somos: hombres conscientes de sí mismos y pensantes, con las posibilidades y atributos de los Dioses en nosotros, tanto para el bien como para el mal. Por tanto, los REBELDES son nuestros Salvadores. Que el filósofo medite bien sobre esto, y más de un misterio se le aclarará. Sólo por la fuerza atractiva de los contrastes pueden los dos polos, el Espíritu y la Materia, ser cementados juntos en la Tierra, y fundidos en el fuego de la experiencia consciente de sí y del sufrimiento, encontrarse unidos en la Eternidad. Esto revelará el significado de muchas alegorías hasta ahora incomprensibles, llamadas neciamente “fábulas” (49).

Explica, para empezar, la declaración que se hace en el Pymander de que el “Hombre Celeste”, el “Hijo del Padre”, que participaba de la naturaleza y esencia de los Siete Gobernadores o Creadores y Regentes del Mundo Material,

Miró a través de la Armonía, y arrollando la fuerza de los (Siete) Círculos (de Fuego), demostró así e hizo manifiesta la naturaleza innata descendente (50).

Explica todos los versos de la narración hermética, como también la alegoría griega de Prometeo. Pero lo que es importante sobre todo, explica los muchos relatos alegóricos acerca de las “Guerras en el Cielo”, incluso la del Apocalipsis respecto del dogma cristiano de los “Ángeles Caídos”. Explica la “Rebelión” de los Ángeles más antiguos y elevados, y lo que significa el ser lanzados del Cielo a las profundidades del Infierno, o sea la Materia. Resuelve hasta la reciente perplejidad de los asiriólogos, que expresan su asombro, por conducto del difunto George Smith, del siguiente modo:

Mi primera idea acerca de esta parte (de la rebelión), era que la guerra con los poderes del mal precedió a la creación; ahora creo que siguió a la relación de la Caída (51).

En la misma obra (52), Mr. George Smith da un grabado, de un Cilindro babilónico primitivo, del Árbol Sagrado: la Serpiente, el hombre y la mujer. El Árbol tiene siete ramas: tres en el lado del hombre, cuatro en el de la mujer. Estas ramas son típicas de las siete Razas-Raíces, en la tercera de las cuales, a su misma terminación, tuvo lugar la separación de los sexos y la llamada Caída en la generación. Las tres razas primeras fueron sin sexo, luego hermafroditas; las otras cuatro, varón y hembra, separados uno de otro. Según nos dice el escritor:

El dragón que, en la relación caldea de la Creación, conduce el hombre al pecado, es la criatura de Tiamat, el principio viviente del mar y del caos... que era contrario a las deidades cuando la creación del mundo (53).

Esto es un error. El dragón es el principio masculino, o Falo, personificado o más bien animalizado; y Tiamat “la encarnación del espíritu del caos” del Abismo u Océano, es el principio femenino, la Matriz. El “espíritu del caos y desorden” se refiere a la perturbación mental a que condujo. Es el principio sexual, atractivo, magnético, que fascina y seduce; el elemento siempre viviente y activo que lanza al mundo entero en el desorden, el caos y el pecado. La Serpiente seduce a la mujer, pero esta última es la que seduce al hombre, y ambos están incluidos en la maldición kármica, aunque sólo como un resultado natural de una causa producida. George Smith dice:

Es claro que el dragón está incluido en la maldición de la Caída, y que los dioses (los Elohim, celosos al ver que el hombre de barro se convertía a su vez en un Creador lo mismo que todos los animales) invocaron sobre la cabeza de la Raza humana todos los males que afligen a la Humanidad. La sabiduría y el conocimiento le serán perjudiciales, tendrá querellas de familia, se someterá a la tiranía, irritará a los dioses ..., sufrirá desengaños en sus deseos, dirá oraciones inútiles..., cometerá pecados futuros. No hay duda que el asunto está continuado en líneas subsiguientes; pero nuevamente se halla interrumpida la narración, y sólo se reanuda en donde los dioses se están preparando para la guerra con los poderes del mal, los cuales son dirigidos por Tiamat (la mujer) (54).

Este relato está omitido en el Génesis, para fines monoteístas. Pero es una conducta errónea -nacida sin duda del temor, y de la consideración a la religión dogmática- el tratar de restaurar los fragmentos caldeos por medio del Génesis, toda vez que este último, mucho más moderno que los fragmentos, es el que debe ser explicado por estos.

17 EL ALIENTO (55) NECESITABA UNA FORMA; LOS PADRES SE LA DIERON. EL ALIEN-

TO NECESITABA UN CUERPO DENSO; LA TIERRA LO MODELÓ. EL ALIENTO NECESI-

TABA EL ESPÍRITU DE VIDA; LOS LHAS SOLARES LE EXHALARON EN SU FORMA. EL

ALIENTO NECESITABA UN ESPEJO DE SU CUERPO (56); “¡NOSOTROS LE DIMOS EL

NUESTRO!” -DIJERON LOS DHYÂNIS. EL ALIENTO NECESITABA UN VEHÍCULO DE

DESEOS (57); “¡LO TIENE!” - DIJO EL AGOTADOR DE LAS AGUAS (58). PERO EL

ALIENTO NECESITABA UNA MENTE PARA ABARCAR EL UNIVERSO; “¡NO PODEMOS

DAR ESO!” - DIJERON LOS PADRES. “¡JAMÁS LA TUVE!” - DIJO EL ESPÍRITU DE LA

TIERRA. “¡LA FORMA SERÍA CONSUMIDA SI YO LE DIERA LA MÍA!” - DIJO EL GRAN

FUEGO (59)... EL HOMBRE (60) PERMANECIÓ UN BHÛTA VACÍO E INSENSATO... ASÍ

DIERON LA VIDA LOS SIN-HUESOS A LOS QUE (61) SE CONVIRTIERON EN HOMBRES

CON HUESOS EN LA TERCERA (62).

Como en el Comentario de la Estancia V se verá una explicación completa, bastarán ahora algunas observaciones. El “Padre” del hombre físico primitivo, o de su cuerpo, es el Principio Eléctrico Vital que reside en el Sol. La Luna es la “Madre”, a causa de ese misterioso poder de la Luna que tiene una influencia decisiva en la gestación y generación humanas, las cuales regula, como la tiene en el desarrollo de las plantas y animales. El “Viento” o Éter, que en este caso representa al agente de transmisión por medio del cual estas influencias descienden de los dos luminares y se difunden sobre la tierra, es mencionado como la “Nodriza” (63); en tanto que sólo el “Fuego Espiritual” hace del hombre una entidad divina y perfecta.

Ahora bien; ¿qué es ese Fuego Espiritual? En la Alquimia es el hidrógeno, en general, mientras que en la realidad Esotérica es la emanación, o el Rayo que procede de su Nóumeno, el “Dhyân del Primer Elemento”. El hidógeno es un gas sólo en nuestro plano terrestre. Pero aun en la Química, el hidrógeno “sería la única forma existente de materia, en nuestro sentido del término” (64), y es aliado muy próximo del protilo, que es nuestro layam. Es el padre y generador, por decirlo así, o más bien el Upâdhi (base) tanto del Aire como del Agua, y es “fuego, aire y agua”; en una palabra, uno bajo tres aspectos; por tanto, la trinidad química y alquímica. En el mundo de la Manifestación, o de la Materia, es el símbolo objetivo y la emanación material del Ser subjetivo, entidad puramente espiritual en la región de los Nóumenos. Razón tenía Godfrey Higgins al comparar al hidrógeno, y hasta identificarlo con el .... (TO ON), el “Uno” de los griegos. Porque, según observa, el hidrógeno no es agua, aun cuando la produce; el hidrógeno no es fuego, aunque lo manifiesta o crea; ni es aire, aunque el aire puede considerarse como un producto de la unión del agua y del fuego, puesto que al hidrógeno se le encuentra en el elemento acuoso de la atmósfera. Es tres en uno.

Si se estudia la Teogonía comparada, es fácil de ver que el secreto de estos “Fuegos” era enseñado en los Misterios de todos los pueblos antiguos, principalmente en Samotracia. No cabe la menor duda de que los Kabiri, las más misteriosas de todas las Deidades antiguas, Dioses y Hombres, grandes Deidades y Titanes, son idénticos a los Kumâras y Rudras con Kârtikeya a la cabeza, que es también un Kumâra. Esto es por completo evidente aun exotéricamente; y estas Deidades indas eran, como los Kabiri, los Fuegos sagrados personificados de los Poderes más ocultos de la Naturaleza. Las diversas ramas de la Raza Aria: la asiática y la europea, la inda y la griega, hicieron lo posible para ocultar su verdadera naturaleza, ya que no su importancia. Como sucede con los Kumâras, el número de los Kabiri es incierto. Algunos dicen que sólo había tres o cuatro; otros dicen que siete. Axierus, Axiocersa, Axiocersus y Casmilus (65), pueden muy bien representar los alter egos de los cuatro Kumâras: Sanat-Kumâra, Sananda, Sanaka y Sanâtana. Las Deidades primeras, cuyo padre, según opinión general, era Vulcano, eran a menudo confundidas con los Dioscori, Corybantes, Anactes, etcétera; lo mismo que los Kumâras, cuyo padre putativo era Brahmâ (o más bien la “Llama de su Ira”, que le condujo a ejecutar la Creación novena o Kumâra, que resultó en Rudra o Nilalohita (Shiva) y los (Kumâras), eran confundidos con los Asuras, los Rudras y los Pitris, por la sencilla razón de que todos son uno, esto es, Fuerzas y Fuegos correlativos. No tenemos espacio aquí para describir estos “Fuegos” y su verdadero significado, aunque lo intentaremos hacer si el resto de esta obra llega a publicarse. Mientras tanto, pueden añadirse unas cuantas explicaciones más.

Lo anterior son todos misterios cuya solución tienen que dejarse a la intuición personal del estudiante, más bien que describirse. Si quiere saber algo del secreto de los FUEGOS, que se dirija a ciertas obras de los alquimistas, quienes muy correctamente relacionan el Fuego con cada elemento, como lo hacen los ocultistas. El lector debe tener presente que los antiguos consideraban la religión y las Ciencias Naturales a la vez con la Filosofía, como estrecha e inseparablemente enlazadas. Esculapio era el Hijo de Apolo -el Sol o FUEGO de la Vida-; a la vez, Helios, Pitio y el Dios de la Sabiduría de los oráculos, En las religiones exotéricas, tanto como en la Filosofía Esotérica, los Elementos, especialmente el Fuego, el Agua y el Aire, se presentan como los Progenitores de nuestros cinco sentidos físicos, y por esto están distintamente relacionados, de un modo oculto, con ellos. Estos sentidos físicos pertenecen a una creación aun inferior a la llamada en los Purânas Pratisarga o “Creación Secundaria” (66).

“El Fuego Líquido procede del Fuego Homogéneo”, dice un axioma Oculto.

El Círculo es el PENSAMIENTO; el Diámetro (o la línea) es la PALABRA, y su unión es la VIDA.

En la Kabalah, Bath-Kol es la Hija de la Voz Divina, o Luz Primordial, Shekinah. En los Purânas y en el exoterismo indo, Vâch, la Voz, es el Logos femenino de Brahmâ, una permutación de Aditi, la Luz Primordial. Y si Bath-Kol, en el Misticismo judío, es una voz articulada sobrenatural del cielo, que revela al “pueblo elegido” las tradiciones sagradas y las leyes, es sólo porque Vâch fue llamada, antes del Judaísmo, “Madre de los Vedas”, que penetró en los Rishis y les inspiró con sus revelaciones; lo mismo que Bath-Kol se dice que inspiró a los profetas de Israel y a los Sumos Sacerdotes judíos. Y ambas existen hasta el día en sus respectivas simbologías sagradas, porque los antiguos asociaban el Sonido o Lenguaje con el Éter del Espacio, cuya característica es el Sonido. De aquí que el Fuego, el Agua y el Aire sean la Trinidad Cósmica primordial.

Yo soy tu Pensamiento, tu Dios, más antiguo que el Principio Húmedo, la Luz que radia dentro de las Tinieblas (Caos) y la Palabra resplandeciente de Dios (Sonido) es el Hijo de la Deidad (67).

Así, pues, tenemos que estudiar bien la “Creación Primaria” antes de poder comprender la Secundaria. La primera Raza tenía en ella tres Elementos rudimentarios; y ningún Fuego todavía; porque, según los antiguos, la evolución del hombre, y el crecimiento y desarrollo de sus sentidos espirituales y físicos, estaban subordinados a la evolución de los Elementos en el plano cósmico de esta Tierra. Todo procede de Prabhavâpyaya, la evolución de los principios creadores y sencientes en los Dioses, y hasta de la llamada Deidad Creadora misma. Esto se encuentra en los nombres y apelativos que se dan a Vishnu en las Escrituras exotéricas. Lo mismo que el Protologos Órfico, es el llamado Pûrvaja, “pregenético”, y los demás nombres lo relacionan, en su orden descendente, más y más con la Materia.

El siguiente orden en líneas paralelas puede verse en la evolución de los Elementos y de los Sentidos; o en el “Hombre” Cósmico Terrestre o “Espíritu”, y el hombre físico mortal:

1. Éter ....................... Oído ............................ Sonido

2. Aire ........................ Tacto .......................... Sonido y Tacto.

3. fuego, o Luz ........... Vista ........................... Sonido, Tacto y Color.

4. Agua ...................... Gusto .......................... Sonido, Tacto, Color y Gusto.

5. Tierra ..................... Olfato .......................... Sonido, Tacto, Color, Gusto y Olfato.

Como se ve, cada Elemento añade a sus características propias, las de su predecesor; así como cada Raza-Raíz añade el sentido característico de la Raza anterior. Lo mismo sucede en la “creación” septenaria del hombre, que se desarrolla gradualmente en siete etapas, y con los mismos principios, como se mostrará más adelante.

Así, pues, al paso que los Dioses o Dhyân Chohans (Devas) proceden de la Causa Primera -que no es Parabrahman, pues éste es el TODO CAUSA, y no puede ser mencionado como la “Primera Causa”-, cuya Causa Primera es llamada en los Libros brahmánicos Jagad-Yoni, la “Matriz del Mundo”, la Humanidad emana de estos agentes activos del Kosmos. Pero los hombres, durante la Primera y Segunda Razas, no eran seres físicos, sino meros rudimentos de los hombres futuros; Bhûtas, que procedían de Bhûtâdi, el “origen” o el sitio “original de donde surgieron los elementos”. De aquí que procedan, como todo lo demás, de Prabhavâpyaya, “el sitio” donde todo se origina y donde todas las cosas se disuelven”, según lo explica el Comentador en el Vishnu Purâna (68). De allí proceden también nuestros sentidos físicos, y hasta la Deidad “creada” más elevada, en nuestra Filosofía. Como uno con el Universo, ya lo llamemos Brahmâ, Îshvâra o Purusha, es él una Deidad Manifestada y por tanto, “creada”, o limitada y condicionada. Esto se prueba fácilmente, hasta con las enseñanzas exotéricas.

Después de ser llamado el incognoscible y eterno Brahmâ (neutro o abstracto), el Pundarîkâksha, “gloria suprema e imperecedera”, desde el momento en que en lugar de Sadaika-rûpa, la Naturaleza “incambiable” o “inmutable”, se le denomina Ekâneka-rûpa, “a la vez único y múltiple”, él, la Causa, viene a sumirse en sus propios efectos; y si colocamos sus nombres en orden Esotérico, presentan la siguiente escala descendente:

Mahâpurusha o Paramâtman ........................... Espíritu Supremo.

Âtman o Pûrvaja (Protologos) .......................... El Espíritu Viviente de la Naturaleza.

Indriyâtman o Hirishikesha ............................... Alma Espiritual o Intelectual (una con los sentidos).

Bhûtâtman ....................................................... El Alma Viviente, o de la Vida.

Kshetrajna ....................................................... El Alma Encarnada, o el Universo de Espíritu y

Materia.


Bhrântidarshanatah ......................................... Falsa Percepción, el Universo Material (69).

El último nombre significa algo percibido o concebido, debido a una falsa y errónea aprehensión, como forma material, pero que sólo es de hecho Mâyâ, Ilusión, como lo es todo en nuestro universo físico.

La evolución de las Esencias Dhyân-Chohánicas tiene lugar en estricta analogía con los atributos de este Brahmâ, tanto en el mundo espiritual como en el material; siendo las características de las primeras reflejadas a su vez en el Hombre, colectivamente, y en cada uno de sus principios; cada uno de los cuales contiene en sí mismo, en el mismo orden progresivo, una parte de los diversos “Fuegos” y Elementos de aquéllas.

ESTANCIA V



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