H. P. Blavatsky la doctrina secreta




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om significaban en un tiempo, en casi todas las lenguas, lo divino, o la deidad. De este modo Adam-Kadmon y Adam-Adami llegaron a significar “la primera Emanación del Padre-Madre o la Naturaleza Divina”, y literalmente, el “primer Uno Divino”. Y fácil es ver que Ad-Argat (o Aster’t la Diosa siria, la esposa de Ad-on, el Señor Dios de Siria o el Adonai judío), y Venus, Isis, Ister, Milita, Eva, etc., son idénticas a la Aditi y Vâch de los hindúes. Todas son las “Madres de todo lo que vive” y “de los Dioses”. Por otra parte -cósmica y astronómicamente- todos los Dioses masculinos fueron primeramente “Dioses Soles”; luego, teológicamente, los “Soles de Rectitud” y los Logos, todos simbolizados por el Sol (52). Todos son Protogonos -Primogénitos- y Microposopos. Para los judíos, Adam-Kadmon era lo mismo que Athamaz, Tamaz, o el Adonis de los griegos -”el Uno con, y de su Padre”- convirtiéndose el Padre durante las últimas Razas, en Helios, el Sol, como Apolo Karneios (53), por ejemplo, que era el “nacido del Sol”; Osiris, Ormuzd, y los demás, fueron todos transformados en los tipos aún más terrestres que más tarde les siguieron, tales como Prometeo, el crucificado del Monte Kajbee, Hércules y tantos otros Dioses-Soles y Héroes, hasta que todos ellos llegaron a no tener otro significado mejor que el de símbolos fálicos.

En el Zohar se dice:

E l hombre fue creado por los Sephiroth (también, Elohim-Javeh), y engendraron por poder común el Adam terrestre.

Por consiguiente, en el Génesis, los Elohim dicen: “Mirad, el Hombre ha llegado a ser como uno de nosotros”. Pero en la Cosmogonía Hindú o “Creación”, Brahmâ-Prajâpati crea a Virâj y a los Rishis, espiritualmente; por tanto, estos últimos son llamados distintivamente los “Hijos nacidos de la mente de Brahmâ”; y este modo especificado de engendrar excluye toda idea de Falicismo, por lo menos en las naciones humanas primitivas. Este ejemplo demuestra claramente la respectiva espiritualidad de las dos naciones.

3 DIJO EL SEÑOR DE LA FAZ RESPLANDECIENTE: “YO TE ENVIARÉ UN FUEGO

CUANDO HAYA COMENZADO TU OBRA. ELEVA TU VOZ A OTROS LOKAS; ACUDE A

TU PADRE, EL SEÑOR DEL LOTO (54) (a) EN DEMANDA DE SUS HIJOS... TU GENTE

ESTARÁ BAJO EL MANDO DE LOS PADRES (55). TUS HOMBRES SERÁN MORTALES.

LOS HOMBRES DEL SEÑOR DE LA SABIDURÍA (56), NO LOS HIJOS DE SOMA (57), SON

INMORTALES. CESA EN TUS QUEJAS, (b) TUS SIETE PIELES ESTÁN AÚN SOBRE TI...

TÚ NO ESTÁS PREPARADA. TUS HOMBRES NO ESTÁN PREPARADOS” (c).

a) Kumuda-Pati es la Luna, la madre de la Tierra, en su región de Somaloka. Aun cuando los Pitris, o Padres, son Hijos de los Dioses, además Hijos de Brahmâ y hasta Rishis, son ellos generalmente conocidos como los Antecesores Lunares.

b) Pitri-Pati es el Señor o Rey de los Pitris, Yama, el Dios de la Muerte y el Juez de los Mortales. Los hombres de Budha, Mercurio, son metafóricamente “inmortales” por su Sabiduría. Tal es la creencia común entre los que sustentan la opinión de que todas las estrellas o planetas están habitados; y hay hombres de ciencia, C. Flammarión entre otros, que creen en esto fervientemente, fundándose tanto en datos lógicos como en astronómicos. Siendo la Luna un cuerpo inferior, aun respecto de la Tierra, sin hablar de otros planetas, los hombres terrestres producidos por sus Hijos (los Hombres Lunares o los Antecesores), de su corteza o cuerpo, no pueden ser inmortales. No pueden ellos llegar a ser hombres verdaderos, conscientes e inteligentes a menos de ser “acabados”, por decirlo así, por otros creadores. Así, en la leyenda Purânica, el hijo de la Luna (Soma) es Budha (Mercurio), el inteligente y el sabio, porque es el linaje de Soma, el Regente de la Luna (in)visible, no de Indo, la Luna física. Así, pues, Mercurio es el hermano mayor de la Tierra, metafóricamente, su medio hermano, por decirlo así, el linaje del Espíritu, mientras que la Tierra es la progenie del Cuerpo. Estas alegorías tienen un sentido más profundo y más científico, astronómica y geológicamente, que el que quieren admitir nuestros físicos modernos. Todo el ciclo de la primera “Guerra en los Cielos”, el Târakâ-maya, está tan lleno de verdades filosóficas como cosmogénicas y astronómicas. Puede uno encontrar en ellas la biografía de todos los planetas, por la historia de sus Dioses y Regentes. Ushanas (Shukra o Venus), el íntimo amigo de Soma y el enemigo de Brihaspati (Júpiter), el “Instructor de los Dioses”, cuya esposa Târâ, o Târakâ, había sido robada por la Luna, Soma -”de quien tuvo a Budha”- tomó también una parte activa en esta guerra contra los “Dioses”, e inmediatamente fue rebajado a una Deidad Demonio (Asura), y así permanece hasta hoy (58).

Aquí la palabra “hombres” se refiere a los hombres Celestes, o lo que llaman en la India los Pitaras o Pitris, los Padres, los Progenitores de los hombres. Esto no aparta la aparente dificultad, en opinión de las hipótesis modernas, de la enseñanza que muestra a estos Progenitores o Antecesores creando a los primeros Adanes humanos de sus costados, como sombras astrales. Y aun cuando es ello una mejora sobre la costilla de Adam, sin embargo, no dejarán de presentarse dificultades geológicas y climáticas. Tel es, sin embargo, la enseñanza del Ocultismo.

c) El organismo del hombre se adaptó en cada raza a todo lo que le rodeaba. La primera Raza-Raíz fue tan etérea como la muestra es material. La progenie de los Siete Creadores, que desenvolvieron los Siete Adanes Primordiales (59), no necesitaba, seguramente, gases purificados para respirar y vivir. Por tanto, por mucho que proclamen los devotos de la Ciencia Moderna la imposibilidad de esta doctrina, el Ocultismo sostiene que tal fue el caso evos de años antes de la evolución de los lemures, los primeros hombres físicos, que tuvo lugar hace 18.000.000 de años.

La Escritura Arcaica enseña que al principio de cada Kalpa local, o Ronda, la Tierra vuelve a nacer, y la evolución preliminar se describe en uno de los Libros de Dzyan, y en sus Comentarios como sigue:



“Así como el Jiva humano (la Mónada) al pasar a una nueva matriz, se vuelve a cubrir con el otro cuerpo, asimismo sucede con el Jiva de la Tierra; obtiene él una cubierta más perfecta y sólida a cada Ronda después de volver a surgir una vez más de la matriz del espacio a la objetividad”.

Este procedimiento, por supuesto, se halla acompañado por los dolores del nuevo nacimiento, o convulsiones geológicas.

La única referencia a este punto se encuentra en un versículo del volumen del Libro de Dzyan que tenemos a la vista, en donde se lee:

4 DESPUÉS DE GRANDES SUFRIMIENTOS DESECHÓ ELLA (60) SUS TRES PIELES VIEJAS,

SE PUSO LAS SIETE PIELES NUEVAS, Y AFIRMÓSE EN LA PRIMERA.

Esto se refiere al progreso de la Tierra, pues que en la Estancia que trata de la Primera Ronda, se dice en el Comentario:



“Después que la Naturaleza sin cambios (Avikâra) inmutable (la Esencia Sadaikarûpa) hubo despertado y se hubo alterado (diferenciado) en (un estado de) causalidad (Avyakta), y de causa (Kârana) se hubo convertido en su propio efecto discreto (Vyakta), de invisible se convirtió en visible. Lo más pequeño de lo pequeño (el más atómico de los átomos o anîyânsan anîyasâm) se convirtió en uno de los muchos (Ekânekarûpa); y al producir el Universo produjo también el cuarto Loka (nuestra Tierra) en la guirnalda de los siete lotos. El Achyuta se convirtió entonces en Chyuta” (61).

Se dice que la Tierra desechó “sus tres viejas” Pieles, porque esto se refiere a las tres Rondas precedentes, por las que había ya pasado; siendo la presente la cuarta Ronda de las siete. Al principio de cada nueva Ronda, después de un período de “obscuración”, la Tierra, como también lo hacen las otras seis “Tieras”, desecha o se supone que desecha sus Pieles viejas como lo hace la serpiente; y, por tanto, es llamada en el Aitareya-Bâhmana el Sarpa-Râjni, la “Reina de las Serpientes”, y “la madre de todo lo que se mueve”. Las “Siete Pieles”, en la primera de las cuales se afirma entonces, se refieren a los siete cambios geológicos que acompañan y corresponden a la evolución de las Siete Razas-Raíces de la Humanidad.

La Estancia II, que habla de esta Ronda, principia con algunas palabras de información respecto de la edad de nuestra Tierra. La cronología se dará oportunamente. En el Comentario añadido a la Estancia se mencionan dos personajes, Nârada y Asuramaya, especialmente este último. Todos los cálculos se atribuyen a esta celebridad arcaica; y lo que sigue hará conocer superficialmente al lector algo de estas figuras.

DOS ASTRÓNOMOS ANTEDILUVIANOS: NÂRADA Y ASURAMAYA

Ante la mente del estudiante oriental de Ocultismo, dos figuras se hallan indisolublemente relacionadas con la Astronomía mística, la Cronología y sus ciclos. dos grandes y misteriosas figuras, que se elevan gigantescas en el Pasado Arcaico, surgen ante él, siempre que tiene que referirse a Yugas y Kalpas. Cuándo, en qué peíodo de la prehistoria vivieron, nadie, a excepción de unos cuantos hombres en el mundo, lo sabe ni lo podrá saber jamás con la certeza que requiere la cronología exacta. Ello puede haber sido hace 100.000 años, ó 1.000.000 de años, cosa que el mundo externo jamás lo sabrá. El Occidente místico y la Francmasonería clamorosamente hablan de Enoch y de Hermes. El Oriente místico habla de Nârada, el antiguo Rishi védico, y de Asuramaya, el Atlante.

Ya se ha indicado que de todos los caracteres incomprensibles en el Mahâbhârata y los Purânas, Nârada, el hijo de Brahmâ en el Matsya Purâna, el descendiente de Kashyapa y la hija de Daksha, en el Vishnu Purâna, es el más misterioso. Se le nombra con el título honorífico de Deva-Rishi (Rishi Divino, más bien que Semi Dios) por Parâshara, y, sin embargo, es maldecido por Daksha y hasta por Brahmâ. Él anuncia a Kansha que Bhagavân, o Vishnu en el exoterismo, encarnaría en el octavo hijo de Devaki, atrayendo así el furor del Herodes indo sobre la madre de Krishna; y luego, desde la nube en que se halla sentado -invisible como un verdadero Mânasaputra- alaba a Krishna, gozoso de la proeza del Avâtar al matar al monstruo Keshin. Nârada está aquí, allí y en todas partes; y, sin embargo, ninguno de los Purânas da las verdaderas características de este gran enemigo de la procreación física. Sean aquéllas lo que fuesen en el Esoterismo indo, Nârada (llamado en el Ocultismo Cishimaláyico, Pesh-Hun, al “Mensajero”, o el Angelos griego), es el único confidente y ejecutor de los decretos universales de Karma y de Adi-Budha: una especie de Logos activo y que constantemente encarna, que guía y dirige los asuntos humanos desde el principio al fin del Kalpa.

Pesh-Hun no es una propiedad inda especial, sino general. Es el poder inteligente, misterioso, director que da el impulso a los Ciclos, Kalpas y sucesos universales, y regula sus ímpetus (62). Es el ajustador visible del Karma en una escala general; el inspirador y guía de los héroes más grandes de este Manvántara. En las obras exotéricas le dan algunos nombres poco satisfactorios, tales como Kalikâraka, promovedor de disputas, Kapi-vaktra, Cara de mono y hasta Pishuna, el Espía, aun cuando en otra parte es llamado Deva-Brahmâ. Al mismo Sir William Jones le hizo mucha impresión este carácter misterioso, por lo que coligió en sus estudios sánscritos. Lo compara con Hermes y Mercurio, y lo llama el “mensajero elocuente de los Dioses” (63). Todo esto, añadido a que los indos lo creen un gran Rishi “que permanece para siempre errante en la tierra, dando buen consejo”, indujo al difunto Dr. Kenealy (64) a ver en él a uno de sus doce Mesías. Quizás no estuviera él tan lejos del buen camino como algunos se imaginan.

Lo que Nârada es realmente, no puede explicarse en un libro; ni tampoco ganarían gran cosa las generaciones modernas de los profanos con que se les dijera. Pero puede hacerse la observación de que, si en el Panteón Hindú hay una Deidad que se parezca a Jehovah, tentando por “sugestión” de pensamientos, y “endureciendo” los corazones de aquellos que quiere convertir en sus instrumentos y víctimas, ella es Nârada. Sólo que este último no lo hace por deseo de tener un pretexto para ”echar plagas” y demostrar con ello que “Yo soy el señor Dios”. Ni tampoco por ninguna ambición ni motivo egoísta; sino verdaderamente para servir y guiar el progreso y la evolución universales.

Nârada es uno de los pocos caracteres prominentes, exceptuando algunos Dioses de los Purânas, que visitan las llamadas regiones inferiores o infernales, Pâtâla. Sea o no verdad que Nârada aprendiese todo lo que sabía de sus relaciones con el Shesha de mil cabezas, la Serpiente que lleva los Siete Pâtâlas y el mundo entero como una diadema sobre sus cabezas, y que es el gran maestro de Astronomía (65), lo cierto es que supera al Guru de Garga en su conocimiento de los embrollos cíclicos. Él es quien tiene a su cargo nuestro progreso y nuestra prosperidad o desdicha nacional. Él es quien trae las guerras y les pone término. En las antiguas Estancias, se atribuye a Pesh-Hun el haber calculado y registrado todos los Ciclos astronómicos y cósmicos futuros, y haber enseñado la Ciencia a los primeros que contemplaron la estrellada bóveda, y se dice que Asuramaya basó todas sus obras astronómicas en estos anales: que determinó la duración de todos los períodos pasados y geológicos y cósmicos, y la duración de todos los Ciclos futuros, hasta el fin de este Ciclo de Vida, o el fin de la Séptima Raza.

Entre los Libros Secretos hay una obra llamada el Espejo del Futuro, en donde todos los Kalpas dentro de Kalpas, y los Ciclos en el seno de Shesha, o el tiempo infinito, se hallan registrados. Esta obra se atribuye a Pesh-Hun-Nârada. Hay otra obra antigua que se atribuye a varios Atlantes. Estos dos registros nos suministran las cifras de nuestros Ciclos, y la posibilidad de calcular la fecha de los Ciclos futuros. Los cálculos cronológicos que se darán ahora son, sin embargo, los de los brahmanes, como se explicará más adelante; pero la mayoría de ellos son también los de la Doctrina Secreta.

La cronología y los cómputos de los brahmanes Iniciados están basados en los anales zodiacales de la India y en las obras del mencionado Astrónomo y Mago Asuramaya. Los anales zodiacales Atlantes no pueden errar, puesto que fueron compilados bajo la dirección de aquellos que fueron los primeros en enseñar, entre otras cosas, la Astronomía a la Humanidad.

Pero en este punto también nos estamos creando deliberada y temerariamente una nueva dificultad. Se nos dirá que nuestro aserto lo contradice la Ciencia, en la persona de un hombre considerado como una gran autoridad (en Occidente) en todos los asuntos de literatura sánscrita: el profesor Albrecht Weber, de Berlín. Esto, con gran sentimiento nuestro, no puede evitarse, y estamos prontos a sostener lo que ahora declaramos. Asuramaya, a quien la tradición épica señala como el primer Astrónomo en Âryâvarta, aquel a quien “el Dios-Sol comunicó el conocimiento de las estrellas” in propia persona, como declara el mismo Dr. Weber, es identificado por éste, de un modo muy misterioso, con el “Ptolomeo” de los griegos. No se da otra razón más válida para esta identificación sino la de que:

Este último nombre (Ptolomeo), como vemos en la inscripción de Piyadasi, se convirtió en el “Turamaya” indio, de cuyo nombre pudo muy fácilmente haberse derivado “Asura Maya”.

No hay duda que “pudo” ser, pero la cuestión vital es: ¿hay algunas buenas razones que prueben que se derivó? La única prueba que se presenta, es que debe ser así.

Puesto que... este Maya está claramente asignado a Romakapura en Occidente (66).

La Mâyâ es evidente, puesto que ningún sanscritista europeo puede decir en dónde estaba esa localidad de Romaka-pura, excepto a la verdad, que se hallaba en alguna parte, “en Occidente”. En todo caso, como ningún miembro de la Sociedad asiática, ni orientalista Occidental, querrá jamás hacer caso de las enseñanzas brahmánicas, es inútil tomar en consideración las objeciones de los orientalistas europeos. Romaka-pura estaba “en Occidente”, ciertamente, puesto que formaba parte y parcela del perdido continente Atlante. Y es igualmente cierto que en los Purânas indios se designa la Atlántida como el punto donde nació Asuramaya, “tan gran Mago como Astrólogo y Astrónomo”. Además, el Profesor Weber rehusa asignar ninguna gran antigüedad al Zodíaco indio, y se siente inclinado a creer que los indios no conocieron Zodíaco alguno hasta que:

Lo tomaron de los griegos (67).

Este aserto contradice las tradiciones más antiguas de la India, y, por tanto, debemos pasarlo por alto (68). Y estamos tanto más justificados en no tomarlo en consideración, por cuanto el sabio profesor mismo nos dice en la introducción de su obra que:

... además de los obstáculos naturales que impiden la investigación (en la India), existe aún allí una densa niebla de prejuicios y opiniones preconcebidos que pende sobre el país, y lo cubre como con un velo (69).

Cogido en ese velo, no hay que admirarse que el Dr. Weber mismo haya sido inducido a cometer algunos errores involuntarios. Esperemos que en el presente se encuentre mejor enterado.

Ahora bien; ya sea que Asuramaya deba ser considerado como un mito moderno, un personaje que floreció en los días de los griegos macedonios, o bien lo que los ocultistas aseguran, en todo caso, sus cálculos concuerdan por completo con los de los Anales Secretos.

El calendario en otra parte mencionado fue compilado en 1884 y 1885 por dos sabios Brahmanes (70) , de los fragmentos de obras inmensamente antiguas, atribuidas al Astrónomo Atlante, y encontrados en la India del Sur. Esta obra ha sido declarada perfecta por los mejores Pandits (desde el punto de vista brahmánico), y se refiere a la cronología de las enseñanzas ortodoxas. Si comparamos sus asertos con los hechos algunos años antes en Isis sin Velo, con las enseñanzas fragmentarias publicadas por algunos teósofos, y con los datos presentes sacados de los Libros Secretos del Ocultismo, el todo se encontrará que concuerda perfectamente, salvo en algunos detalles que no pueden ser explicados; pues tendrían que revelarse secretos de una Iniciación superior (tan desconocida para la escritora como para el lector), y esto no puede hacerse.

ESTANCIA II



LA NATURALEZA, NO AYUDADA, FRACASA

5. Después de enormes períodos, la Tierra cría monstruos. 6. Los “Creadores”

se disgustan. 7. Ellos secan la Tierra. 8. Destruyen ellos las formas. 9. Las

primeras grandes mareas. 10. El principio de la incrustación.

5 LA RUEDA VOLTEÓ POR TREINTA CRORES (1) MÁS. CONSTRUYÓ RÛPAS (2);

PIEDRAS BLANDAS QUE SE ENDURECIERON (3) , PLANTAS DURAS QUE SE

ABLANDARON (4). LO VISIBLE DE LO INVISIBLE, INSECTOS Y PEQUEÑAS VIDAS

(5). ELLA (6) LAS SACUDÍA DE SU DORSO CUANDO INVADÍAN A LA MADRE (a)...

DESPUÉS DE TREINTA CRORES, SE VOLVIÓ POR COMPLETO. REPOSABA SOBRE SU

DORSO, SOBRE SU COSTADO... NO QUERÍA LLAMAR A HIJOS DEL CIELO, NO QUERÍA

BUSCAR A HIJOS DE LA SABIDURÍA. ELLA CREÓ DE SU PROPIO SENO, PRODUJO

HOMBRES ACUÁTICOS , TERRIBLES Y PERVERSOS (b).

a) Esto se refiere a una inclinación del eje, de las cuales hubo varias, y a un consiguiente diluvio y caos sobre la Tierra (sin referencia, sin embargo, al Caos Primordial), en que fueron creados monstruos, medio humanos, medio animales. Lo encontramos mencionado en el Libro de los Muertos, y también en la relación caldea de la creación, en las tablas Cutha, aunque se hallen mutiladas.

No es ni siquiera una alegoría. Aquí se trata de hechos que se encuentran repetidos en la relación del Pymander, así como en las tablas caldeas de la creación. Los versículos casi pueden ser confrontados con la Cosmogonía, según la dio Beroso, la cual ha sido desfigurada por Eusebio, hasta el punto de no ser reconocible, pero algunos de cuyos rasgos pueden encontrarse en fragmentos dejados por autores griegos, como Apolodoro, Alejandro Polyhistor, etc. “Los hombres acuáticos terribles y perversos” que fueron producto de la Naturaleza Física sola, resultado del “impulso evolucionario”, y el primer intento para crear el hombre, la corona, el objeto y la meta de toda vida animal en la Tierra, se indican como fracasos en nuestras Estancias. ¿No vemos esto mismo en la Cosmogonía berosiana, denunciada con la mayor vehemencia como el colmo del absurdo pagano? Y, sin embargo, ¿quién entre los evolucionistas puede asegurar que las cosas en el principio no pasaron tal como se describen? Sostienen los Purânas, los fragmentos egipcios y caldeos y hasta el Génesis, que ha habido dos y aún más “creaciones” antes de la última formación del Globo, el cual, al cambiar sus condiciones geológicas y atmosféricas, cambió también su flora, su fauna y sus hombres. Este aserto no sólo concuerda con todas las Cosmogonías antiguas, sino también con la Ciencia Moderna, y aun, hasta cierto punto, con la teoría de la evolución, como puede demostrarse en pocas palabras.

En las primeras Cosmogonías del Mundo no hay “Creación Obscura”, ni “Dragón Malo” conquistado por un Dios-Sol. Aun entre los accadios, el Gran Océano -el Abismo acuoso, o Espacio- fue el lugar de nacimiento y mansión de Ea, la Sabiduría, la Deidad infinita incognoscible. Pero para los semitas y los últimos caldeos, el Océano insondable de la Sabiduría se convierte en la Materia grosera, la substancia pecadora, siendo Ea transformada en Tiamat, el Dragón muerto por Merodach o Satán, en las ondas astrales.

En los Purânas indos se ve a Brahmâ, el Creador, volviendo a empezar de nuevo varias “Creaciones” después de otros tantos fracasos; y se mencionan dos grandes Creaciones (7), la Pâdma y la Vârâha, la actual, cuando la Tierra fue sacada del Agua por Brahmâ en forma de Verraco, el Vârâha Avatâra. La Creación es presentada como un ejercicio recreativo, una diversión (Lilâ) del Dios Creador. El Zohar habla de mundos primordiales que perecieron tan pronto vinieron a la existencia. Y lo mismo se dice en el Midraish; explicando claramente Rabí Abahu (8) que “el Santísimo” había sucesivamente creado y destruido diversos Mundos antes de tener éxito con el presente. Esto no sólo se refiere a otros Mundos en el Espacio, sino también a un misterio de nuestro propio Globo contenido en la alegoría acerca de los “Reyes de Edom”; pues las palabras “Éste me Agrada” están repetidas en el Génesis (9), aunque en términos desfigurados como de costumbre. Los fragmentos caldeos de la Cosmogonía en las inscripciones cuneiformes, y en otras partes, muestran dos creaciones distintas de animales y hombres, siendo destruida la primera por ser un fracaso. Las tablas cosmogónicas prueban que esta nuestra creación actual fue precedida de otras (10); y, como también lo ha mostrado el autor de The Qabbalah, en el Zohar, Siphra Dtzenioutha, en Jovah Rabba, 128 a, etc.; la Kabalah afirma lo mismo.

b) Oannes o Dragón, el “Hombre-pez” caldeo, divide su Cosmogonía y Génesis en dos partes. Primeramente el abismo de aguas y tinieblas, en donde residían los seres más horrendos: hombres con alas, hombres con dos y cuatro alas, seres humanos con dos cabezas, con piernas y cuernos de cabra -nuestros “hombres cabríos” (11)- hipocentauros, toros con cabeza de hombre, y perros con colas de pez. En una palabra, combinaciones de diversos animales y hombres, de peces, reptiles y otros animales monstruosos, asumiendo unos las formas y el aspecto de otros. el elemento femenino en que residían está personificado por Thalatth -el Mar o el “Agua”-, la cual fue finalmente vencida por Belus, el principio masculino. Polyhistor dice:

Belus vino, y dividió a la mujer en dos: y de una mitad formó la tierra, y de la otra mitad el cielo; y al mismo tiempo destruyó los animales en ella (12).

Según observa pertinentemente Isaac Myer:

Para los accadios, cada objeto y poder de la Naturaleza tenía su Zi o Espíritu. Los accadios formaron sus deidades en tríadas, generalmente de varones (¿más bien sin sexo?), los semitas tenían también deidades triádicas, pero introdujeron el sexo (13).

o el falicismo. entre los Arios y los primeros accadios, todas las cosas son emanaciones por medio de, no por un Creador o Logos. entre los semitas, todo es engendrado.

6. LOS HOMBRES ACUÁTICOS TERRIBLES Y PERVERSOS, LOS CREÓ ELLA MISMA DE

LOS RESTOS DE OTROS (14). DE LOS DESPERDICIOS Y EL FANGO DE SU PRIMERA,

SEGUNDA Y TERCERA (15) LOS FORMÓ. LOS DHYÂNI VINIERON Y MIRARON... LOS

DHYÂN0I, PROCEDENTES DEL RESPLANDECIENTE PADRE-MADRE (16), VINIERON

DE LAS BLANCAS REGIONES (17), DE LAS MANSIONES DE LOS MORTALES INMOR-

TALES (a).

a) Las explicaciones dadas en nuestras Estancias son mucho más claras que la que daría la leyenda de la creación de la tabla Cutha, aun cuando estuviese completa. Sin embargo, lo que queda de ella las corrobora. Pues, en la tabla, el “Señor de los Ángeles” destruye los hombres del abismo, “no quedando esqueletos ni restos” después que fueron muertos. Después de lo cual los Grandes Dioses crearon hombres con cuerpos de aves del desierto, seres humanos, “siete reyes, hermanos de la misma familia”, etc., lo cual se refiere a las cualidades locomotivas de los cuerpos etéreos primitivos de los hombres, que podían volar lo mismo que andar (18), pero que fueron “destruidos” porque no eran “perfectos”, esto es, “no tenían sexo como los Reyes de Edom”.

Descartando metáforas y alegorías, ¿qué dirá la Ciencia de esta idea de una creación primordial de las especies? Rechazará que los “Ángeles” y “Espíritus” tengan nada que ver en ello; pero si la Naturaleza y la ley física de evolución son los creadores de todo lo que existe en la Tierra, ¿por qué no habría de haber “tales abismos”, cuando el Globo estaba cubierto por las aguas, en los cuales se engendrasen innumerables seres monstruosos? ¿Son los “seres humanos” y los animales con cabezas humanas y dos caras, el punto inadmisible? Pero si el hombre es sólo un animal superior y desciende del bruto por una serie infinita de transformaciones, ¿Por qué no habían de tener los “eslabones perdidos” cabezas humanas sobre cuerpos de animales, o teniendo dos cabezas, que éstas fueran de bestias o viceversa, en aquellos esfuerzos primitivos de la Naturaleza? ¿No se nos muestran, durante los períodos geológicos, en la época de los reptiles y de los mamíferos, lagartos con alas de pájaro y cabezas de serpiente en cuerpos de animales? (19). Y, arguyendo desde el punto de vista de la Ciencia, ¿no vemos que aun nuestra misma raza humana moderna nos proporciona ejemplares monstruosos de vez en cuando: niños con dos cabezas; cuerpos animales con cabezas humanas; niños con cabezas de perro, etc.? Esto prueba que si la Naturaleza se permite todavía tales caprichos después de estar normalizada durante edades en el orden de su trabajo evolucionario, monstruos tales como los que Beroso ha descrito eran posibles en los principios de su programa; posibilidad que ha podido existir una vez como ley, antes de escoger definitivamente sus especies y principiar con ellas su obra regular. Y ello, verdaderamente, permite ahora una prueba definida por el solo hecho de la “Reversión”, como la Ciencia lo llama.

Esto es lo que enseña la Doctrina y lo que demuestra con pruebas numerosas. Pero no vamos a esperar la aprobación de la Teología dogmática ni la de la Ciencia materialista, sino que continuaremos con las Estancias. Que hablen éstas por sí mismas, con ayuda de la luz que los comentarios y sus explicaciones arrojan sobre ellas: el aspecto científico de estas cuestiones será considerado más adelante.

La Naturaleza física, al estar abandonada a sí misma en la creación del hombre animal, vemos que fracasó. Ella puede producir los dos primeros reinos, así como el de los animales inferiores; pero cuando le toca el turno al hombre, son necesarios para su creación poderes espirituales, independientes e inteligentes, además de los “vestidos de piel” y del “soplo de vida animal”. Las Mónadas humanas de las Rondas precedentes necesitan algo más elevado que los materiales puramente físicos, para construir sus personalidades, bajo pena de permanecer aún más bajo que cualquier “Frankenstein” animal (20).

7. ELLOS SE DISGUSTARON. “NUESTRA CARNE NO ESTÁ AHI (21). NO HAY RÛPAS

APTOS PARA NUESTROS HERMANOS DE LA QUINTA. NO HAY MORADAS PARA LAS

VIDAS (22). AGUAS PURAS, NO TURBIAS, DEBEN ELLOS BEBER (a). SEQUÉMOSLAS”

(23).


a) Dice el Catecismo sobre los Comentarios:

De los Mundos materiales descienden los que dan forma al hombre físico en los nuevos Manvántaras. Son ellos Lha (Espíritus) inferiores, que poseen un doble cuerpo (una Forma Astral dentro de una Etérea). Son los constructores y creadores de nuestro cuerpo de ilusión...

Las Dos Letras (24) (la Mónada, llamada también el “Dragón Doble”) descendieron dentro de las formas proyectadas por los Lha (Pitris) desde las esferas de Expectación (25). Pero son como un tejado sin muros ni pilares en que descansar...

El Hombre necesita cuatro Llamas y tres Fuegos para serlo en la Tierra, y requiere la esencia de los cuarenta y nueve Fuegos (26) para ser perfecto. Aquellos que han abandonado las Esferas Superiores, los Dioses de la Voluntad (27), son los que completan al Manu de ilusión. Pues el “Dragón Doble” no tiene influencia sobre la mera forma. Es como la brisa en donde no hay árboles ni ramas que la reciban ni alberguen. No puede afectar la forma cuando no hay agente transmisor (Manas, “la Mente”) y la forma no le conoce.

En los mundos más elevados, los tres son uno (28); en la Tierra (al principio) el uno se convierte en dos. Son como las dos líneas (lados) de un triángulo que ha perdido su línea base, la cual es el tercer Fuego (29).

Ahora bien; esto necesita alguna explicación antes de pasar adelante. Para hacer esto, especialmente en beneficio de nuestros hermanos indo-arios (cuya interpretación esotérica puede diferir de la nuestra), tenemos que explicarles lo anterior por ciertos pasajes de sus propios libros exotéricos, especialmente los Purânas. En las alegorías de este último, Brahmâ, que es colectivamente la Fuerza Creadora del Universo, es descrito como sigue:

Al principio de las Yugas (Cielos)... poseído del deseo y del poder de crear, e impulsado por las potencias de lo que va a ser creado, una y otra vez, al comenzar un Kalpa, produce una creación semejante (30)

Ahora nos proponemos examinar la relación exotérica del Vishnu Purâna, y ver hasta qué punto concuerda con nuestra versión Oculta.

LA CREACIÓN DE SERES DIVINOS EN LAS VERSIONES EXOTÉRICAS

En el Vishnu Purâna, que es seguramente la más antigua de todas las escrituras de este nombre, vemos, como en todas las demás, a Brahmâ, como Dios masculino, asumiendo, para fines creadores, “cuatro Cuerpos investidos de tres cualidades” (31). Dice:



De esta manera, Maitreya, Jyotsnâ (el alba), Râtri (la noche), Ahan (el día) y Sandhyâ (la tarde) (crespúsculo), son los cuatro cuerpos de Brahmâ (32).

Según explica Parâshara, cuando Brahmâ desea crear de nuevo el mundo y construir progenie por medio de su voluntad, en la cuádruple condición, o los cuatro Órdenes de Seres, llamados Dioses (Dhyân Chohans), Demonios (33) (esto es, Devas más materiales), Progenitoes (Pitris) y Hombres, “concentra (a modo del Yoga) la mente en sí mismo” (Yuyuje).

Es extraño el dicho, pero principia él creando Demonios, los cuales preceden de este modo a los Ángeles o Dioses. Esto no es incongruencia, ni es debido a inconsistencia, sino que encierra, como todo lo demás, un significado profundamente esotérico, perfectamente claro para cualquiera que se halle libre de prejuicios teológicos cristianos. Quien tenga presente que el principio Mahat, o el Intelecto, la “Mente Universal” (literalmente la “Grande”), la cual explica la Filosofía Esotérica como la “Omnisciencia Manifestada” -el “primer producto” de Pradhâna, la Materia Primordial, como el Vishnu Purâna dice; pero el primer Aspecto Cósmico de Parabrahman o el SAT Esotérico, el Alma Universal (34), según enseña el Ocultismo- está en la raíz de la Conciencia del Sí, comprenderá el porqué. Los llamados Demonios (que Esotéricamente son el Principio intelectualmente activo y afirmador del Yo) son el polo positivo de la creación, por decirlo así; por lo tanto, son los primeros producidos. He aquí, en compendio, cómo tuvo lugar el proceso según lo refieren alegóricamente los Purânas:

Habiendo concentrado su mente en sí mismo, y el cuerpo por Brahmâ asumido, estando penetrado de la Cualidad de las Tinieblas, produjo primeramente los Asuras, que surgieron de su Muslo, después de lo cual, abandonando este cuerpo, fue transformado en Noche.

Hállanse envueltos aquí dos puntos importantes:

a) En el Rig Veda, primitivamente, se muestra a los “Asuras” como Seres espirituales divinos; su etimología se deriva de Asu, aliento, el “Soplo de Dios”, y significan lo mismo que el Espíritu Supremo, o el Ahura del mazdeísmo. Sólo más tarde, y para fines de teología y de dogma, es cuando se les muestra saliendo del Muslo de Brahmâ, y cuando su nombre empezó a ser derivado del a, privativo, y de Sura, un Dios, o sea “no-Dios”; convirtiéndose en enemigos de los Dioses.

b) Todas las Teogonías antiguas sin excepción (desde la Aria y la Egipcia hasta la de Hesiodo), colocan la Noche antes que el Día en el orden de la evolución cósmica; aun en el Génesis las “tinieblas se extienden sobre la faz del abismo” antes del “primer día”. La razón de esto es que todas las Cosmogonías (excepto en la Doctrina Secreta) principian por la llamada “Creación Secundaria”; a saber, el Universo Manifestado, cuyo génesis tiene que principiar por una diferenciación marcada entre la Luz eterna de la “Creación Primaria” (cuyo misterio tiene que permanecer por siempre en “Tinieblas” para los conceptos e inteligencia finitas del profano investigador), y la Evolución Secundaria de la Naturaleza manifestada visible. El Veda contiene toda la filosofía de esa división, sin que haya sido nunca debidamente explicada por nuestros orientalistas, puesto que jamás la han comprendido.

Continuando su creación, Brahmâ asume otra forma, la del Día, y de su Aliento crea a los Dioses dotados con la Cualidad de la Bondad (la Pasividad) (35). En su cuerpo siguiente prevaleció la Cualidad de gran Pasividad, la cual es también bondad (negativa); y del costado de ese personaje salieron los Pitris, los Progenitores de los hombres; porque, según explica el texto, Brahmâ “pensaba de sí mismo (durante este proceso) que él era el padre del mundo” (36). Esto es Kriyâshakti, el misterioso poder-Yoga, explicado en otra parte. Este cuerpo de Brahmâ, cuando fue desechado, se convirtió en el Sandhyâ, el Crepúsculo de la Tarde, el intervalo entre el Día y la Noche.

Finalmente, Brahmâ asumió su última forma, penetrada por la Cualidad de la Impureza.

Y de ésta fueron producidos los Hombres, en quienes la impureza (o pasión) predomina.

Este cuerpo, al ser desechado, se convirtió en la Aurora, o Crepúsculo de la Mañana, el Crepúsculo de la Humanidad. Aquí Brahmâ representa, esotéricamente, a los Pitris. Es él colectivamente el Pitâ, el “Padre”.



Ahora debemos explicar el verdadero significado esotérico de esta alegoría. Brahmâ simboliza aquí personalmente a los Creadores Colectivos del Mundo y de los Hombres, al Universo con todos sus productos innumerables de cosas que se mueven y de las (aparentemente) inmóviles (37). Él es colectivamente los Prajâpatis, los Señores del Ser; y los cuatro cuerpos representan las cuatro Clases de Poderes Creadores o Dhyân Chohans, que se describen en el Comentario de la sloka I, Estancia VII, en el Volumen I. Toda la filosofía de la llamada “Creación” del bien y el mal en este Mundo, y de todo el Ciclo de sus resultados Manvantáricos, depende de la comprensión correcta de estos Cuatro Cuerpos de Brahmâ.

El lector se hallará ahora preparado para comprender el significado verdadero, esotérico, de lo que sigue. Además, hay un punto importante que esclarecer. Al establecer y aceptar arbitrariamente la Teología Cristiana que Satán con sus Ángeles Caídos pertenecía a la primera creación, siendo Satán creado el primero como el más sabio y más hermoso de los Arcángeles de Dios, se dio con ello la nota. Desde entonces todas las Escrituras Paganas se reputó que admitían el mismo significado, mostrando a todas como demoníacas; y se pretendió y pretende que la verdad y los hechos pertenecen al Cristianismo, y que sólo con él principiaron. Hasta los orientalistas y mitólogos, algunos de ellos no cristianos, sino “infieles”, u hombres de ciencia, entraron de modo inconsciente, y por la sola fuerza de la asociación de ideas y hábito, en el surco teológico.

Consideraciones puramente brahmánicas, basadas en la codicia del poder y la ambición, hicieron que las masas continuasen en la ignorancia de las grandes verdades; y las mismas causas indujeron a los Iniciados entre los primeros cristianos a guardar silencio, al paso que los que nunca habían sabido la verdad desfiguraron el orden de las cosas, juzgando de la Jerarquía de los “Ángeles” por su forma exotérica. Así como los Asuras se habían convertido en los Dioses inferiores rebeldes en lucha con los superiores en las creencias populares, del mismo modo el Arcángel más elevado, el Agathodaemon verdaderamente, el Logos benévolo mayor, se convirtió en la teología en el “Adversario” o Satán. ¿Pero está esto garantizado por la interpretación fiel de alguna Escritura antigua? Ciertamente que no. Al paso que las Escrituras mazdeístas del Zendavesta, el Vendidâd y otras, corrigen y muestran el más reciente artificioso embrollo de los Dioses en el Panteón indo, y por medio de Ahura restablecen a los Asuras en su legítimo lugar en la Teogonía, los descubrimientos recientes de las tablas caldeas vindican el buen nombre de las primeras Emanaciones divinas. Esto no es difícil probarlo. La Angelología Cristiana se deriva directa y únicamente de la de los fariseos, que trajeron sus doctrinas de Babilonia. Los saduceos, los verdaderos guardianes de las Leyes de Moisés, no conocían a Ángel alguno, y se oponían hasta a la inmortalidad del alma humana (no el Espíritu impersonal). En la Biblia los únicos Ángeles que se mencionan son los “Hijos de Dios” mencionados en el Génesis VI (considerados ahora como los Nephilims, los Ángeles caídos), y varios Ángeles en forma humana, los “Mensajeros” del Dios judío, cuyo rango necesita un análisis más minucioso que el que hasta ahora se ha dado. Como se dijo antes, los accadios primitivos llamaban a Ea, Sabiduría, que fue desfigurada por los posteriores caldeos y semitas en Tiamat, Tisalat y el Thalatth de Beroso, el Dragón del Mar femenino, ahora Satán. A la verdad, “¡cuánto has descendido (por obra del hombre), oh Estrella resplandeciente e Hija de la Mañana!”

Ahora bien; ¿qué nos dicen las relaciones babilónicas acerca de la “Creación”, según se encontraron en los fragmentos de ladrillos asirios; esas mismas relaciones sobre las que los fariseos construyeron su Angeología? Véase Assyrian Discoveries (38) y Chaldean Account of Genesis (39), de Mr. George Smith. La Tabla, con la historia de los Siete Dioses o Espíritus malvados, contiene la relación siguiente (ponemos los pasajes importantes en itálicas):

1. En los primeros días los Dioses malos,

2. los ángeles rebeldes, que en la parte inferior del cielo

3. habían sido creados,

4. hicieron su obra de mal

5. maquinando con sus malvadas cabezas..., etc.

Así, pues, se nos muestra tan claramente como es posible, en un fragmento que permaneció intacto, de suerte que no ha lugar a dudas en su lectura, que los “Ángeles Rebeldes” habían sido creados en la parte inferior del cielo, esto es, que pertenecían y pertenecen a un plano material de evolución, por más que como no es un plano que podamos conocer con nuestros sentidos, permanece invisible generalmente para nosotros, y por ello es considerado como subjetivo. ¿Estaban, pues, los gnósticos tan equivocados, al afirmar que este nuestro Mundo visible, y especialmente la Tierra, había sido creada por Ángeles Inferiores, los Elohim inferiores, de los cuales era uno el Dios de Israel, según ellos enseñaban? Estos gnósticos se hallaban, en el tiempo, más próximos a los anales de la Doctrina Secreta Arcaica, y por tanto, debe concedérseles que conocían su contenido mejor que los cristianos no iniciados, que emprendieron la tarea, cientos de años después, de dar nueva forma y corregir lo que se decía. Pero veamos lo que la misma Tabla dice más adelante:

7. Habla siete de ellos (los dioses malos).

Luego sigue la descripción de estos, de los cuales el cuarto era una “serpiente”, el símbolo fálico de la Cuarta Raza en la evolución humana.

15. Los siete eran mensajeros del Dios Anu, su rey.

Ahora bien; Anu pertenece a la T rinidad caldea, y es idéntico a Sin, la “Luna”, en un aspecto. Y la Luna en la Kabalah hebrea es el Argha de la semilla de toda vida material, estando aún más estrechamente relacionada, kabalísticamente, con Jehovah, que tiene doble sexo, como Anu. En Esoterismo, están ambos representados y considerados como de aspecto dual: masculino o espiritual y femenino o material, o Espíritu y Materia, los dos principios antagónicos. De aquí que de los “Mensajeros de Anu”, el cual es Sin, la “Luna”, se dice en las líneas 28 a 41 que fueron finalmente vencidos por el mismo Sin con la ayuda de Bel, el Sol, y de Ishtar, Venus. Los asiriólogos consideran esto como una contradicción, pero es sencillamente metafísica en las doctrinas esotéricas.

Existe más de una interpretación, porque hay siete claves para el misterio de la “Caída”. Además, en la Teología hay dos “Caídas”: la rebelión de los Arcángeles y su “Caída”, y la “Caída” de Adam y Eva. Así, tanto las jerarquías superiores como las inferiores son acusadas de un supuesto crimen. La palabra “supuesto” es el término verdadero y correcto, pues en ambos casos la acusación está fundada en un concepto erróneo. Ambas se consideran en el Ocultismo como efectos kármicos, y ambas pertenecen a la ley de Evolución: intelectual y espiritual de una parte, y física y psíquica de otra. La “Caída” es una alegoría universal. Representa en un extremo de la escala de la Evolución, la “rebelión”, esto es, la acción de la inteligencia diferenciándose, o la conciencia en sus diversos planos, buscando la unión con la materia; y en el otro, el extremo inferior, la rebelión de la Materia contra el Espíritu, o de la acción contra la inercia espiritual. Y aquí se encuentra el germen de un error que tan desastrosos efectos ha tenido en la inteligencia de las sociedades civilizadas durante 1.800 años. En la alegoría original, la Materia, y por tanto los Ángeles más materiales, es la que se consideraba como la vencedora del Espíritu, o Arcángeles que “cayeron” en este plano.

Ellos, los de la espada flamígera (o pasiones animales) habían puesto en fuga a los Espíritus de las Tinieblas.

Con todo, estos últimos fueron los que lucharon por la supremacía de la espiritualidad consciente y divina en la Tierra, y fueron vencidos, sucumbiendo al poder de la Materia. Pero en el dogma teológico vemos lo contrario. Miguel, “el que es semejante a Dios”, el representante de Jehovah, que es el Jefe de la Hueste Celeste -lo mismo que Lucifer, en la imaginación de Milton, lo es de la Hueste Infernal-, es el que vence a Satán. Es verdad que la naturaleza de Miguel depende de la de su Creador y Amo. Puede averiguarse quién es éste estudiando cuidadosamente la alegoría de la “Guerra en el Cielo”, con la clave astronómica. Como Bentley ha demostrado, la “Guerra de los Titanes contra los Dioses” en Hesiodo, y también la Guerra de los Asuras o el Târakâmaya, contra los Devas, en la leyenda Puránica, son idénticas en todo, excepto en los nombres. El aspecto de las estrellas muestra (Bentley toma el año 945 antes de Cristo como la fecha más próxima para semejante conjunción) que:

Todos los planetas, excepto Saturno, estaban en el mismo lado del cielo que el Sol y la Luna.

Y por tanto, eran sus oponentes. Sin embargo, Saturno, o el “Dios-Luna” judío, es el que se presenta como el que prevalece, tanto por Hesiodo como por Moisés; pero ninguno de los dos fue comprendido, y he aquí cómo fue desfigurado el verdadero significado.

ESTANCIA II

(Continuación)

8 LAS LLAMAS VINIERON. LOS FUEGOS CON LAS CHISPAS; LOS FUEGOS DE LA NOCHE

Y LOS FUEGOS DEL DÍA (a). ELLOS SECARON LAS AGUAS TURBIAS Y OBSCURAS.

CON SU CALOR LAS AGOTARON. LOS LHAS (40) DE LA ALTURA Y LOS LHAMAVIN

(41) DE ABAJO, VINIERON (b). HICIERON MORIR A LAS FORMAS DE DOS Y DE CUA-

TRO CARAS. LUCHARON CON LOS HOMBRES-CABRÍOS, CON LOS HOMBRES DE CABE-

ZA DE PERRO Y CON LOS HOMBRES CON CUERPOS DE PEZ.

a) Las “Llamas” son una Jerarquía de Espíritus paralela, si no idéntica a los “ardientes” ígneos Saraph (Serafines) mencionados por Isaías (42), aquellos que, según la Teogonía hebrea, acompañan al “Trono del Todopoderoso”. Melha es el Señor de las “Llamas”. Cuando él aparece en la Tierra, asume la personalidad de un Buddha, dice una leyenda popular. Es uno de los Lhas más antiguos y venerados, un San Miguel Buddhista.

b) La palabra “Abajo” no debe tomarse en el sentido de Regiones Infernales, sino simplemente en un sentido espiritual o más bien etéreo, un Ser de grado inferior por estar más próximo a la Tierra, o un grado más elevado que nuestra Esfera Terrestre; al paso que los Lhas son Espíritus de las Esferas más elevadas, y de ahí proviene el nombre de la capital del Tibet, Lha-ssa.

Además de ser una declaración de naturaleza puramente física e inherente a la evolución de la vida sobre la Tierra, puede haber otro sentido alegórico en esa sloka, o más bien varios, según se enseña en efecto. Las LLAMAS o “Fuegos” representan el Espíritu o el elemento masculino, y el “Agua”, la Materia o el elemento contrario. Y aquí vemos nuevamente, en la acción del Espíritu, destruyendo la forma puramente material, una referencia a la lucha eterna, en los planos físico y psíquico, entre el Espíritu y la Materia, además de ser un hecho cósmico científico, pues según se dice en el versículo que sigue:

9 EL AGUA MADRE, EL GRAN MAR, LLORÓ. ELLA SE LEVANTÓ, DESAPARECIÓ EN LA

LUNA, QUE LA HABÍA ELEVADO, QUE LA HABÍA HECHO NACER.

Ahora bien; cuál puede ser el sentido de esto? ¿No es una referencia evidente a la acción de las mareas en el tiempo primitivo de la historia de nuestro Planeta en su Cuarta Ronda? La investigación moderna se ha estado ocupando últimamente de especulaciones sobre las grandes mareas paleozoicas. La teoría de Mr. G. H. Darwin era que hace lo menos 52.000.000 de años -y probablemente mucho más- la Luna se originó de la masa plástica de la Tierra. Partiendo del punto donde llegaron las investigaciones de Helmholtz, Ferrel, Sir William Thomson y otros, siguió el curso del retardo de la marea, de los movimientos giratorios de la Tierra, hasta perderlo en lo más profundo de la noche de los tiempos, y colocó a la Luna, durante la infancia de nuestro Planeta, sólo a “una parte de la distancia actual”. en resumen, su teoría era que la Luna fue la que se separó de la Tierra. La elevación de la marea, concurriendo con la oscilación de la masa globular (la tendencia centrífuga siendo entonces casi igual a la gravedad); ésta fue vencida, y la masa elevada del flujo pudo separarse así completamente de la Tierra (43).

La enseñanza Ocultista es lo contrario de esto. La Luna es mucho más antigua que la Tierra; y, según se ha explicado en el volumen I, esta última es la que debe su ser a la primera, por más que la Astronomía y la Geología lo expliquen de otro modo. De aquí las mareas y la atracción hacia la Luna, como lo demuestra la parte líquida del Globo; siempre esforzándose por elevarse hacia su madre. Éste es el significado de la frase de que el Agua-Madre “se levantó, desapareció en la Luna, que la había elevado, que la había hecho nacer”.

10 CUANDO FUERON DESTRUIDOS (44) LA TIERRA MADRE QUEDÓSE VACÍA (45). PIDIÓ

QUE LA SECARAN (46).

El tiempo de la incrustación de la Tierra había llegado. Las aguas se habían separado, y el proceso se inició. Era el principio de una nueva vida. Esto es lo que nos descubre una clave. Otra clave enseña el origen del Agua, su mezcla con el Fuego -”Fuego líquido” como le llama- y entra en una descripción alquímica de la progenie de ambos: las materias sólidas, tales como minerales y tierras. De las “Aguas del Espacio”, la progenie del Espíritu-Fuego masculino y del Agua femenina (gaseosa) se ha convertido en la extensión oceánica de la Tierra. Varuna es arrastrado hacia abajo desde el Espacio infinito, para reinar como Neptuno sobre los mares finitos. Como siempre, se ve que la fantasía popular está basada en un fundamento estrictamente científico.

El Agua es en todas partes el símbolo del Elemento femenino; Mater, de la cual viene la letra M, se deriva pictóricamente de ......... , un jeroglífico del agua. Es la Matriz Universal del “Gran Océano”. Venus, la gran Madre-Virgen, surge de la ola del mar, y Cupido o Eros es un hijo. Pero Venus es la última variante mitológica de Gaea, Gaia, la Tierra, la cual, en su aspecto superior, es Prakriti, la Naturaleza, y metafísicamente Aditi, y hasta Mûlaprakriti, la Raíz de Prakriti, su nóumeno.

Por tanto, Cupido o el Amor, en su primitivo sentido es Eros, la Voluntad Divina, o el Deseo de manifestarse por medio de la creación visible. De aquí que Fohat, el prototipo de Eros, se convierta en la Tierra en el Gran Poder de la “Electricidad Vital” o el Espíritu “Dador de Vida”. Recordemos la Teogonía Griega, y penetremos en el espíritu de su filosofía. Los griegos nos enseñan que todas las cosas, incluso los Dioses, deben su ser al Océano y a su esposa Tethys, siendo esta última Gaea, la Tierra o Naturaleza. ¿Pero quién es el Océano? El Océano es el Espacio inconmensurable -el Espíritu en el Caos- que es la Deidad; y Tethys no es la Tierra, sino la Materia Primordial en su proceso de formación. En nuestro caso no es ya Aditi-Gaea quien engendra a Urano o Varuna, el Âditya principal entre los siete Dioses Planetarios, sino Prakriti, materializado y localizado. La Luna, masculina en su carácter teogónico, es, en su aspecto cósmico solamente, el principio generador femenino, así como el Sol es el emblema masculino del mismo. El Agua es la Progenie de la Luna, una deidad andrógina en todas las naciones.

La Evolución procede con arreglo a las leyes de analogía, lo mismo en el Kosmos que en la formación del Globo más pequeño. Así, lo de arriba, que se aplica al modus operandi en el tiempo cuando el Universo aparecía, se aplica también al caso de la formación de nuestra Tierra.

La estancia que se está comentando principia hablando de treinta crores, 300.000.000 de años. Puede preguntársenos: ¿qué podían saber los antiguos acerca de la duración de los períodos geológicos, cuando ningún hombre científico o matemático moderno es capaz de calcular su duración ni siquiera con exactitud aproximada? Que dispusiesen o no de mejores medios para ello -y se sostiene que los tenían, como lo evidencian sus Zodíacos-, de todos modos se dará ahora la cronología de los antiguos brahmanes con toda la fidelidad que sea posible.

LA CRONOLOGÍA DE LOS BRAHMANES

No existe enigma mayor en la Ciencia; ningún problema se presenta tan desesperadamente insoluble como la cuestión: ¿Qué edad -siquiera sea aproximadamente- tienen el Sol y la Luna, la Tierra y el Hombre? ¿Qué sabe la Ciencia Moderna de la duración de las Edades del Mundo, o tan siquiera de la de los períodos geológicos?

Nada; absolutamente nada.

Si pedimos a la Ciencia informes cronológicos, se nos dice, por los que son de buena fe y veraces, como por ejemplo Mr. Pengelly, el eminente geólogo: “No sabemos nada” (47). Hasta el presente no ha podido hacerse ningún cálculo numérico digno de crédito acerca de la edad del Mundo y del Hombre, y tanto la Geología como la Antropología están a obscuras. Y, sin embargo, cuando un estudiante de la Filosofía Esotérica pretende presentar las enseñanzas de la Ciencia Oculta, nadie le hace caso. ¿Por qué esta conducta, cuando los hombres científicos más eminentes no han podido llegar ni aun siquiera a un acuerdo aproximado?

Es verdad que no se debe culpar a la Ciencia por ello. Ciertamente que, en las profundas tinieblas de las edades prehistóricas, los exploradores se pierden en un laberinto, cuyos grandes corredores carecen de puertas, sin que dejen percibir salida alguna en el pasado arcaico. Perdidos en el embrollo de sus propias especulaciones contradictorias, rechazando, como siempre lo han hecho, el testimonio de la tradición oriental, sin clave alguna, sin un indicador que los guíe, ¿qué pueden hacer los geólogos o los antropólogos, más que recoger el delgado hilo de Ariadna cuando lo perciben, y continuar luego totalmente a la ventura? Por esto se nos dice, en primer lugar, que la fecha más remota a que alcanzan los anales documentales se considera generalmente por la Antropología sólo como “el primer punto claramente visible del período prehistórico”, según las palabras del autor del artículo en la Encyclopoedia Britannica. Al mismo tiempo se confiesa que “más allá de ese período se extiende una vasta e indefinida serie de edades prehistóricas”.

Precisamente por estas llamadas “edades” vamos a principiar. Son “prehistóricas” sólo para la simple visión de la Materia. Para la mirada de águila espiritual del Vidente y del Profeta de cada raza, el hilo de Ariadna se extiende más allá de este período “prehistórico”, sin interrupciones ni cortaduras, de un modo seguro y constante, en la noche misma del tiempo; y la mano que lo sostiene es demasiado poderosa para dejarlo caer o para que se le rompa. Existen anales, por más que sean rechazados como imaginarios por el profano; aunque, verdaderamente, muchos de ellos son aceptados tácitamente por filósofos y hombres de gran instrucción, y sólo encuentran una negativa invariable en la corporación oficial colectiva de la Ciencia ortodoxa. Y puesto que esta última rehusa darnos hasta una idea aproximada de la duración de las Edades geológicas -salvo en unas pocas hipótesis contradictorias-, veamos lo que la Filosofía Aria puede enseñarnos.

Los cómputos que se dan en Manu y en los Purânas (excepto algunas exageraciones sin importancia y evidentemente intencionadas) son, como ya se ha dicho, idénticas a las que se enseñan en la Filosofía Esotérica. Esto puede verse comparando las dos en cualquier calendario indo de ortodoxia reconocida.

El mejor y más completo de tales calendarios, en el presente, según atestiguan los brahmanes instruidos de la India del Sur, es el ya mencionado calendario tamil, llamado el Tirukkanda Panchanga, compilado, según se nos ha dicho, de los fragmentos secretos de datos de Asuramaya, con los que está por completo de acuerdo. Así como se dice que Asuramaya ha sido el astrónomo más grande, se susurra también que ha sido el “Brujo” más poderoso de la “Isla Blanca, que se había tornado NEGRA por el pecado”, esto es, de las islas Atlantes.

La “Isla Blanca” es un nombre simbólico. Se dice que Asuramaya vivió, según la tradición del Jñânabhâskara, en Romaka-pura, en Occidente; porque el nombre es una alusión al país y cuna de los “Nacidos del Sudor” de la Tercera Raza. Ese país o continente había desaparecido edades antes de que Asuramaya viviese, puesto que él era un Atlante; pero él era un descendiente directo de la Raza Sabia, la Raza que nunca muere. Muchas son las leyendas concernientes a este héroe, el discípulo de Sûrya, el Dios-Sol mismo, según expresan los relatos indos. Importa poco que haya vivido en una u otra isla; la cuestión es probar que no fue un mito, como el Dr. Weber y otros han querido hacer creer. El hecho de que Romaka-pura, en Occidente, sea mencionada como la cuna de este héroe de las edades arcaicas, es tanto más interesante a causa de lo que sugiere acerca de la enseñanza esotérica sobre las Razas Nacidas del Sudor, los hombres nacidos de los “poros de sus padres”. “ROMA-KÛPAS” significa los “poros del cabello” en sánscrito. En el Mahâhbhârata (48) se dice que unas gentes llamadas Raumas fueron creadas de los poros de Virabhadra, el terrible gigante que destruyó el sacrificio de Daksha. Se mencionan también otras tribus y gentes nacidas del mismo modo. Todo esto son referencias a los últimos tiempos de la Segunda Raza-Raíz y a los primeros tiempos de la Tercera.

Las cifras que se dan a continuación son del calendario a que nos hemos referido: la nota al pie señala los puntos en que hay desacuerdo con las cifras de la escuela Ârya Samâj:

I. Desde el principio de la Evolución Cósmica (49) hasta el año indo

Tarana (o 1887)............................................................................... 1.955.884.687 años

II. Los reinos (astral), mineral, vegetal y animal hasta el hombre, han

necesitado para su evolución............................................................ 300.000.000 “ (50)

III. Tiempo transcurrido desde la primera aparición de la “Humanidad”

(en nuestra Cadena Planetaria)......................................................... 1.664.500.987 “ (51)

IV. El número de años transcurrido desde el “Manvántara” (52)

Vaivasvata” -o Período Humano- hasta el año 1887, es justamente

de .................................................................................................... 18.618.728 “

V. El período completo de un Manvántara es........................................ 308. 448.000 “

VI. Catorce Manvántaras, más el período de un Satya Yuga, hacen un

día de Brahmâ, o un Manvántara completo, o .................................. 4.320.000.000 “

Por tanto, un Mahâ Yuga se compone de ............................................... 4.320.000 “ (53)

El año 1887, desde el principio del Kali Yuga .......................................... 4.989 “

Para hacer esto aún más claro en sus detalles, damos a continuación los cómputos por Rao Bahadur P. Sreennivas Row, que aparecieron en The Theosophist de noviembre de 1885:

AÑOS MORTALES

360 días de los mortales hacen .............................................................. 1

El Krita Yuga contiene ............................................................................ 1.728.000

El Tretâ Yuga tiene ................................................................................. 1.296.000

El Dvâpara Yuga tiene ............................................................................ 864.000

El Kali Yuga tiene ................................................................................... 432.000

El total de estos cuatro Yugas constituye un Mahâ Yuga ......................... 4.320.000

Setenta y uno de estos Mahâ Yugas forman el período del reinado de un

Manu .................................................................................................. 306.720.000

El reinado de catorce Manus comprende la duración de 994 Mahâ Yugas,

igual a ................................................................................................ 4.294.080.000

Añádanse los Sandhis, esto es, los intervalos entre el reinado de cada

Manu, los cuales equivalen a seis Mahâ Yugas, igual a ...................... 25.920.000

El total de estos reinos e interregnos de catorce Manus es de 1.000

Mahâ Yugas que constituyen un Kalpa, esto es, un Día de Brahmâ..... 4.320.000.000

Como la noche de Brahmâ tiene igual duración, un Día y una Noche de

Brahmâ contienen .............................................................................. 8.640.000.000

360 de tales Días y Noches de Brahmâ hacen un Año de Brahmâ,

igual a ................................................................................................ 3.110.400.000.000

100 Años semejantes constituyen todo el período de la Edad de

Brahmâ, esto es, el Mahâ Kalpa ......................................................... 311.040.000.000.000

Éstas son las cifras exotéricas aceptadas en toda la India, y concuerdan muy aproximadamente con las de las Obras Secretas. Estas últimas, sin embargo, las amplían con una división en un cierto número de Ciclos Esotéricos que no se hallan mencionados en ninguno de los escritos populares brahmánicos, uno de los cuales, la división de los Yugas en Ciclos de Raza, se cita en otra parte como ejemplo. Lo demás, en su detalle, no se ha dado jamás, naturalmente, al público. Sin embargo, esos ciclos son conocidos de todos los brahmanes “Dos veces nacidos” (Dvija o Iniciados), y los Purânas, contienen referencias a algunos de ellos en términos velados, circunstancia que ningún orientalista positivista ha tratado jamás de poner en claro, ni podría aunque quisiera.

Estos Ciclos Astronómicos sagrados son de inmensa antigüedad, y la mayor parte pertenecen, como ya se dijo, a los cálculos de Nârada y Asuramaya. Este último tiene la reputación de Gigante y de Brujo. Pero los Gigantes antediluvianos (los Gibborin de la Biblia) no eran todos Brujos o malos, como quisiera la Teología cristiana, que ve en cada ocultista un servidor del Demonio; ni tampoco eran ellos peores que muchos de los “fieles hijos de la Iglesia”. Un Torquemada y una Catalina de Médicis causaron ciertamente más daño en su tiempo y en nombre de su Señor que cualquier Gigante Atlante o Semidiós de la antigüedad, ya se llamen Cíclopes o Medusa, o bien el Titán órfico, el monstruo anguipedal conocido por Efialtes. En los tiempos antiguos existían “gigantes” buenos, así como hoy hay “pigmeos malos; y los Râkashasas y Yakshas de Landâ no son peores que nuestros modernos dinamiteros y que ciertos generales cristianos y civilizados, durante las guerras modernas. No son tampoco mitos.

El que quiera reírse de Briareo o de Orión debe abstenerse de ir y hasta de hablar de Karnac o Stonehenge.

observa en algún lado un escritor moderno.

Como los números brahmánicos dados antes son aproximadamente los cómputos fundamentales de nuestro Sistema Esotérico, rogamos al lector que los conserve cuidadosamente en su memoria.

En la Encyclopoedia Britannica vemos, como última palabra de la ciencia, que la antigüedad del hombre se admite que se extiende solamente sobre “decenas de miles de años”. Es evidente que como estos números pueden hacerse fluctuar entre 10.000 y 100.000, dicen muy poco, si es que algo significan, y sólo hacen más densa la obscuridad que rodea la cuestión. Además, nada importa que la ciencia coloque la aparición del hombre en el “acarreo pre o postglacial”, puesto que a la vez se nos dice que la llamada “Edad Glacial” es simplemente una larga sucesión de edades, las cuales

Se esfumaron gradualmente sin cambios repentinos de ninguna clase en lo que se llama el período reciente o humano... habiendo sido la regla, desde el principio del tiempo, la superposición de los períodos geológicos (54).

Esta “regla” sólo conduce al informe todavía más enigmático, aun cuando fuese estrictamente científico y exacto, de que:

Aun hoy el hombre es contemporáneo de la edad glacial en los valles alpinos y en Finmark (55).

Así, pues, si no hubiese sido por las lecciones enseñadas por la Doctrina Secreta y hasta por el Hinduismo Exotérico y sus tradiciones, hubiéramos permanecido hasta hoy fluctuando perplejos entre las “Edades” indefinidas de una escuela científica, las “decenas de miles” de años de otra, y los 6.000 años de los intérpretes de la Biblia. Ésta es una de las varias razones por las que, con todos los respetos debidos a las conclusiones de nuestros sabios modernos, nos vemos obligados a hacer caso omiso de ellos en todas estas cuestiones de antigüedad prehistórica.

La geología y antropología modernas están, por supuesto, en desacuerdo con nuestras opiniones. Pero el Ocultismo encontrará tantas armas en contra de estas dos ciencias, como tiene contra las teorías astronómicas y físicas, a pesar del aserto de Mr. Laing de que:

En los cálculos (cronológicos) de esta clase, respecto de las formaciones más antiguas y posteriores, no hay teorías; están basados en hechos positivos, limitados sólo por algún error (?) posible en ambos casos (56).

El Ocultismo probará, con las mismas confesiones científicas, que la geología comete muchos errores, y con frecuencia aún más que la astronomía. En este mismo pasaje de Mr. Laing, en que da a la geología la preeminencia sobre la astronomía en cuanto a exactitud, encontramos un pasaje en contradicción flagrante con lo que admiten los mejores geólogos. Dice el autor:

En resumen, las conclusiones de la geología, por lo menos hasta el período siluriano (57), cuando el estado actual de las cosas se hallaba ya inaugurado, son hechos aproximados (así es verdaderamente) y no teorías, al paso que las conclusiones astronómicas son teorías basadas en datos tan inseguros, que mientras en algunos casos dan resultados increíblemente cortos... en otros los dan inadmisiblemente largos (58).

Después de lo cual aconseja al lector que “lo más seguro”

Parece ser aceptar que la Geología prueba realmente que la duración del presente orden de cosas ha sido algo más de 100 millones de años, y que la Astronomía asigna un tiempo enorme aunque desconocido, más allá en el pasado, así como en el futuro, para el nacimiento, desarrollo, madurez, decadencia y muerte del sistema solar, del cual es nuestra tierra un pequeño planeta que está pasando ahora por la fase habitable (59)

Juzgando por experiencias pasadas, no tenemos la menor duda de que, al tener que contestar a “las pretensiones absurdas y anticientíficas de la cronología Aria exotérica (y Esotérica)”, tanto el hombre científico que daba los “resultados increíblemente cortos”, o sea sólo 15.000.000 de años, como el que “asignaba 600.000.000”, juntamente con los que aceptan los números de Mr. Huxley: 1.000.000.000 (60) “desde que principió la sedimentación en Europa”, serían todos igualmente dogmáticos. Ni tampoco dejarían de recordar al ocultista y al brahmán que sólo los hombres de ciencia modernos representan a la Ciencia exacta, cuyo deber es luchar contra el error y la superstición.

La Tierra está pasando por la “fase habitable” solamente para el presente orden de cosas y en lo que concierne a nuestra humanidad actual, con sus “vestidos de piel” y fósforo en huesos y cerebro.

Estamos pronto a conceder los 100.000.000 de años ofrecidos por la Geología, puesto que se nos enseña que nuestra especie humana física presente, o la Humanidad Vaivasvata, principió hace sólo dieciocho millones de años. Pero la Geología no tiene hechos que presentarnos acerca de la duración de los períodos geológicos, como hemos mostrado, y tampoco los tiene la astronomía. La carta auténtica de Mr. W. Pengelly, F. R. S., citada en otro lugar, dice:

Al presente es imposible, y quizás lo sea siempre, reducir, ni aun aproximadamente a años, ni siquiera a milenios, el tiempo geológico.

Y no habiendo hasta ahora desenterrado nunca un hombre fósil de ninguna otra forma que la presente, ¿qué es lo que la Geología sabe de él? Ha investigado zonas o capas, y con ellas la vida zoológica primitiva, hasta la siluriana. Cuando haya hecho lo mismo con el hombre, hasta llegar a su primera forma protoplásmica, entonces admitiremos que puede saber algo acerca del hombre primitivo. Si, según Mr. S. Laing dice a sus lectores, no tiene gran importancia para “la influencia de los descubrimientos científicos presentes en el pensamiento moderno” que

El hombre haya existido en un estado de progreso constante aunque lento en los últimos 50.000 años de un período de 15 millones, o en los últimos 500.000 años de un período de 150 millones (61).

sí la tiene mucha para las afirmaciones de los Ocultistas. A menos que estos muestren la posibilidad, si no la completa certeza, de que el hombre ha existido desde hace dieciocho millones de años, la Doctrina Secreta no llena su objeto. Por tanto hay que intentarlo, y nuestros geólogos y hombres de ciencia modernos serán los llamados a dar testimonio de este hecho, en el siguiente volumen. Entretanto, y a pesar de que los orientalistas presentan constantemente a la Cronología Hindú como una ficción no basada en cómputo “positivo” alguno (62), siendo simplemente una “jactancia de chicos”; sin embargo, a menudo la desfiguran para hacerla compatible y ponerla de acuerdo con las teorías occidentales. No hay números que hayan sido tan manoseados y torturados como los famosos 4, 3, 2, seguidos de ceros, de los Yugas y Mahâ Yugas.

Como todo el Ciclo de los acontecimientos prehistóricos, tales como la evolución y transformación de las Razas y la extrema antigüedad del hombre, pende de la referida Cronología, es de grandísima importancia cotejarla con otros cálculos existentes. Si la Cronología Oriental es rechazada, tendremos por lo menos el consuelo de probar que ninguna otra (ya sea con las cifras de la Ciencia o las de las iglesias) es en un ápice más digna de crédito. Según dice el profesor Max Müller, muchas veces es tan útil probar lo que no es una cosa, como mostrar lo que puede ser. Y una vez que consigamos señalar las falsedades, tanto de los cómputos científicos como de los cristianos (permitiéndoles una buena oportunidad de comparación con nuestra Cronología), ninguno de ellos tendrá fundamento razonable alguno para declarar que las cifras esotéricas sean menos dignas de confianza que las suyas.

En este punto podemos enviar al lector a nuestra primera obra, Isis sin Velo (63), respecto de algunas observaciones sobre las cifras que hemos citado algunas páginas atrás.

Hoy podemos añadir algunos hechos más a los datos que allí dábamos, que ya son conocidos de todos los orientalistas. Lo sagrado del ciclo de 4320, con ceros adicionales, depende del hecho de que las cifras que lo componen, tomadas separadamente o unidas en diversas combinaciones, son todas y cada una de por sí simbólicas de los más grandes misterios de la Naturaleza. En efecto, ya se considere el 4 por separado, o el 3 por sí mismo, o los dos juntos haciendo 7, o también los tres números 4, 3, 2, sumados dando 9, todos esos números tienen su aplicación en las materias más sagradas y ocultas, y registran el funcionamiento de la Naturaleza en sus fenómenos periódicos eternos. Son números que no yerran jamás, números que se presentan constantemente, revelando al que estudia los secretos de la Naturaleza un Sistema verdaderamente divino, un plan inteligente en la Cosmogonía, que se manifiesta en las divisiones cósmicas naturales del tiempo, en las estaciones, en las influencias invisibles, en los fenómenos astronómicos, con su acción y reacción sobre la naturaleza terrestre, y hasta en la moral; en la muerte, en los nacimientos y en el desarrollo, en la salud y en las enfermedades. todos estos sucesos naturales están basados y dependen de los procesos cíclicos en el Kosmos mismo, produciendo agentes periódicos, los cuales, obrando desde afuera, afectan a la Tierra y todo lo que vive y alienta en ella, desde un extremo al otro de cada Manvántara. Las causas y efectos son esotéricos, exotéricos y endexotéricos, por decirlo así.

En Isis sin Velo hemos dicho lo que ahora repetimos: Estamos en el fondo de un ciclo y evidentemente en un estado de transición. Platón divide el progreso intelectual del Universo, durante cada Ciclo, en períodos fértiles y estériles. En las regiones sublunares, las esferas de los diversos elementos permanecen eternamente en perfecta armonía con la Naturaleza Divina, dice él, “pero sus partes”, debido a la mucha proximidad a la Tierra y a su mezcla con lo terrestre (que es Materia, y por tanto el reino del mal), “son algunas veces favorables, y otras contrarias a la Naturaleza (Divina)”. Cuando esas circulaciones -que Eliphas Levi llama “corrientes de la luz astral”- en el Éter universal, que contiene en sí mismo todos los elementos, se verifican en armonía con el Espíritu Divino, nuestra Tierra, y todo lo que pertenece a ella goza de un período fértil. Los poderes ocultos de las plantas, animales y minerales simpatizan mágicamente con las “naturalezas superiores”, y el Alma Divina del hombre se halla en perfecta inteligencia con estas “inferiores”. Pero durante los períodos estériles estas últimas pierden su simpatía mágica, y la vista espiritual de la mayoría de la Humanidad está tan obscurecida, que pierde toda noción de los poderes superiores de su propio Espíritu Divino. Nos hallamos en un período estéril; el siglo XVIII, durante el cual se ha desbordado tan irresistiblemente la fiebre maligna del escepticismo, ha transmitido el descreimiento como enfermedad hereditaria, en el siglo XIX. La inteligencia divina está velada en el hombre; sólo su cerebro animal “hace filosofía”. Y sólo filosofando, ¿cómo puede comprender la “Doctrina del Alma”?

A fin de no romper el hilo de nuestra narración, daremos algunas pruebas sorprendentes de estas leyes cíclicas en la parte II del volumen IV, y mientras tanto proseguiremos con nuestras explicaciones de los Ciclos Geológicos y de Raza.

ESTANCIA III

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