Ensayo desarrollo de la Ecología en Venezuela: perspectiva desde el inicio hasta la consolidación de los estudios de postgrado




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ENSAYO

Desarrollo de la Ecología en Venezuela: perspectiva desde el inicio hasta la consolidación de los estudios de postgrado
Development of Ecology in Venezuela: a perspective from the beginning up to the consilidation of postgraduates studies
Ernesto Medina1 y Helga Lindorf2

1. Centro de Ecología, Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas. Aptdo. 21827. Caracas 1020-A.



medinage@gmail.com

fax 212-5041088


2. Centro de Botánica Tropical (IBE) Facultad de Ciencias, Universidad Central de Venezuela. Aptdo. 47114, Caracas 1041

hlindorf@movistar.net.ve

fax 212-7535897
Resumen

Los estudios de postgrado en ecología se inician en Venezuela en 1975, luego de cinco lustros de su introducción como disciplina en la carrera de biología de la Universidad Central de Venezuela y a un año de la creación del primer centro de ecología del país, en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC).

Actualmente en Venezuela se ofrece formación de cuarto nivel en ecología en varias instituciones, destacando en razón del tiempo de funcionamiento y la magnitud y nivel de la planta profesoral los de la Universidad de los Andes (adscrito al Instituto de Ciencias Ambientales y Ecológicas), el del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (adscrito al Centro de Ecología) y el de la Universidad Central de Venezuela (adscrito al Instituto de Zoología y Ecología Tropical).

En los 35 años transcurridos desde la apertura del primer curso de cuarto nivel en ecología hasta 2010 la productividad de los tres postgrados considerados suma 143 tesis de maestría y 121 de doctorado, que abarcan una amplia variedad temática, acorde con la diversidad de líneas de investigación desarrolladas en cada una de las instituciones a las que están adscritos estos programas.

En este artículo se describen las diferentes etapas recorridas hasta llegar a la consolidación de los tres postgrados indicados y se exponen algunas inferencias sobre el papel que estos estudios y sus egresados juegan en el desarrollo del país. Se incluye la relación de tesis (maestría y doctorado) producidas entre 1977 y 2010.
Palabras Clave: Venezuela, postgrado Ecología, organización, disciplinas dominantes, tesis de postrgrado

Introducción

La actividad científica profesional en Venezuela es un proceso de organización relativamente reciente (Roche 1979, Freites 1989, Roche y Freites 1992, Requena 2003). Antes de 1950 la investigación académica en ciencias naturales se concentraba en facultades de Medicina, Agronomía e Ingeniería Forestal en la Universidad Central de Venezuela (UCV) y la Universidad de los Andes (ULA), y es después de 1958, con cambios políticos profundos y con el impulso generado desde asociaciones no gubernamentales como la Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia (AsoVAC) que comienza definitivamente el accionar científico con la creación de facultades de Ciencias en la UCV, la ULA y la Universidad del Zulia (LUZ). Un centro de investigación creado durante el gobierno militar (1948-58), el Instituto Venezolano de Neurología e Investigaciones Cerebrales (IVNIC), disponía de infraestructura apropiada para investigación científica de frontera, aunque su planta de investigadores estaba desligada del entorno nacional. Este instituto sirvió de base para un experimento desconocido en el país, como era la promoción de la actividad científica mediante la formación de investigadores y la provisión de los medios necesarios para que se llevase a cabo en condiciones de competitividad en el área internacional.

Dentro de este contexto el desarrollo de la ecología comienza de manera titubeante, desde la tradición de las ciencias naturales (botánica, zoología, climatología) que tenían ya una base desarrollada a partir de los estudios de grandes naturalistas que recorrieron buena parte del territorio hasta finales del siglo XIX. Durante la primera mitad del siglo XX las ciencias naturales continúan su desarrollo laborando en la documentación de la diversidad biológica, contribuyendo a la resolución de los grandes problemas de las enfermedades tropicales, y elaborando las bases cartográficas de vegetación, hidrografía y geología.
La era de los exploradores y naturalistas

Venezuela ha sido un destino de destacados naturalistas desde tiempos de la colonia, aunque no fue objeto de expediciones prolongadas destinadas a la prospección de recursos naturales como la expedición botánica de José Celestino Mutis a Colombia financiada por la Corona española, ni de esfuerzos florísticos de la magnitud de la Flora Brasiliensis de Carl Friedrich Philip von Martius y colaboradores, patrocinada por los emperadores de Brasil y Austria y el rey de Baviera (CRIA 2005).

El primer explorador científico del territorio venezolano fue un discípulo de Carlos Linneo, Pehr Löfling, incorporado a la Expedición de Límites al Orinoco enviada en 1754 para trazar los confines entre los dominios españoles y portugueses en América. El viaje de Humboldt y Bonpland -realizado 45 años después- y la posterior publicación de sus resultados, con descripciones de numerosas especies animales y vegetales nuevas para la ciencia, atrajeron a muchos otros naturalistas en una verdadera fiebre exploradora prolongada a lo largo del siglo XIX (Lindorf 2008a). Uno de los más influyentes fue Karl Moritz cuya permanencia de casi 25 años en Venezuela fue determinante para que durante un largo período nuestro país fuese visitado por contingentes de coleccionistas alemanes y de otros lugares de Europa. Entre las expediciones más importantes por la riqueza de las colecciones y las contribuciones teóricas a las ciencias naturales destacan las de Humboldt y Bonpland entre 1799 y 1800, Schomburgk entre 1839 y 1844, Linden y sus colaboradores en 1841y 1845, Spruce en 1853 y Chaffanjon entre 1885 y 1887 (Huber y Wurdack 1982, Texera 1991). Son relevantes igualmente los aportes de Karsten derivados de sus visitas de 1844 hasta 1847 y 1848 a 1852 (Alert 1999) y de Fendler, radicado en el país de 1853 a 1857 (Todzia 1989, Smith y Todzia 1989).

Fueron muy pocas las figuras nacionales que se ocuparon de analizar la naturaleza venezolana en aquellos tempranos tiempos. Destaca entre ellos José María Vargas a partir de 1825 por su contribución al conocimiento científico de muchas plantas autóctonas, de las que tomó muestras representativas que se encuentran depositadas en importantes herbarios del mundo. Desde 1861, y durante más de 30 años, hubo una importante etapa de actividad en ciencias naturales en Venezuela bajo la conducción de Adolfo Ernst, naturalista alemán residente en el país, dedicado investigador de la flora y fauna nativas. Ernst fue responsable de la creación de la cátedra de Historia Natural en la Universidad Central de Venezuela, que tuvo a su cargo desde 1874 hasta su muerte en 1899 (Texera 1987, Wagner 1995). Asimismo fue promotor de la fundación del Museo Nacional y de la primera agrupación científica venezolana, la Sociedad de Ciencias Físicas y Naturales, todas ellas iniciativas muy relevantes pero efímeras, lamentablemente.



Crecimiento poblacional, economía y estabilidad política

Para entender la conformación de la actividad científica en Venezuela es necesario tener un cuadro general de como se ha estructurado el país a partir de la independencia del régimen colonial hasta nuestros días. Venezuela alcanza su independencia del imperio español con la formación de la Gran Colombia, después de más de diez años de cruenta guerra. A este período le sucede una época de fuerte inestabilidad política que comienza con la fundación de Venezuela como estado independiente, y es seguido por numerosos levantamientos y encuentros militares, bajo regímenes de corta duración, frecuentemente de naturaleza dictatorial. Esta etapa termina en 1908, cuando comienza la dictadura más prolongada y feroz en la historia del país (1908-1935). Durante el lapso comprendido entre 1830 –año de fundación de la república-y 1908 Venezuela no dispuso de infraestructura científica, y el conocimiento de sus realidades geográficas y recursos naturales era insignificante (Roche 1997).

Hasta 1935 la población de Venezuela superaba escasamente los 3 millones de habitantes, dispersos en un territorio cercano al millón de km2. Se descubren entonces los primeros yacimientos de petróleo y con la II Guerra Mundial Venezuela se convierte en importante productor de este material. Así comienza el impresionante crecimiento demográfico hasta alcanzar los casi 28 millones en 2010. Ese período de bonanza económica se refleja en la actividad científica a partir de 1958, con la creación de facultades de Ciencias y Consejos de Desarrollo Científico y Humanístico en las universidades autónomas y la organización del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas, institución que impulsó muy vigorosamente programas de investigación científica en todo el país. Se asignan presupuestos importantes para el desarrollo de la ciencia en universidades nacionales e institutos de Investigación, como el IVIC y el FONAIAP y la producción científica aumenta notablemente (Requena 2003). Sin embargo, la administración de los bienes de la República siempre demostró deficiencias importantes que distorsionaron el curso del crecimiento, incluso se llegó a hablar de crisis en el área científica (Roche y Freites 1992). Respecto a la estabilidad política del período considérese que desde 1958 se produjeron en Venezuela cinco golpes militares cruentos (enero 1958, mayo 1962, junio 1962, febrero 1992, noviembre 1992) pasando por la destitución de un presidente, y finalmente un golpe “cívico-militar” en 2002.
Ciencias naturales en la primera mitad del siglo XX

En las primeras décadas del siglo XX la labor científica venezolana estaba centrada en el reconocimiento de la biodiversidad y continuaba siendo realizada casi exclusivamente por individuos o instituciones foráneas. Sólo aisladamente intervenían personas del país, a veces aficionados, no por ello menos aptos pero quienes se dedicaban sólo parcialmente a la investigación. Por otra parte, no existían todavía instituciones educativas formadoras de científicos ni tampoco centros de investigación en ciencias naturales.

En 1920 se produjo la mudanza a Venezuela del botánico suizo Henri Pittier, contratado por el gobierno para realizar un inventario de las especies forestales y la búsqueda de productos vegetales apropiados para exportación. La historia exitosa del Herbario Nacional de Venezuela se fundamenta en la tenacidad de este hombre que se entregó durante las últimas décadas de su vida al estudio de la flora terrestre de Venezuela (Texera 1998). De igual manera la evolución de la zoología durante el siglo XX se sustentó en la labor pionera de varios zoólogos extranjeros que se radicaron en el país y formaron escuela para el estudio de la biodiversidad del mundo animal (Texera 2003).

Durante esta época tanto la ejecución de proyectos de investigación como la publicación de los resultados fue muy limitada, debido principalmente a la carencia de infraestructura institucional. En ese contexto se destaca la actividad de la Sociedad Venezolana de Ciencias Naturales que desde 1931 comenzó a publicar un boletín que llegó a convertirse en referencia obligada para los estudios de ciencias naturales en el país. Los nombres de Alfredo Jahn, Lisandro Alvarado, y Eduardo Röhl, Charles Ballou, René Lichy, Henri Pittier resaltna por sus contribuciones en los campos de hidrografía, geología, climatología, y biodiversidad del país, esenciales para estudios de mayor alcance.

Para mediados de los años treinta, en consonancia con muchas iniciativas surgidas a raíz de la finalización del régimen gomecista de 27 años, comenzó a despertar el interés por la conservación de los recursos y la toma de conciencia sobre la preservación de áreas naturales, factores que promovieron poco a poco su análisis científico. En los años treinta y cuarenta se contaba con varios núcleos dedicados a la investigación de la naturaleza en dependencias adscritas a ministerios, como las divisiones de fauna y el Herbario Nacional de Venezuela, el Instituto Experimental de Agricultura y Zootecnia, y varios museos, a los que se sumaban asociaciones privadas, como la Sociedad Venezolana de Ciencias Naturales (1931) y la Sociedad de Ciencias Naturales La Salle (1940). Aquí vale la pena mencionar el papel significativo que jugaron dos estaciones biológicas que sirvieron como base de operaciones para estudios ecológicos. La Estación Biológica de Rancho Grande (Parque Nacional Henri Pittier) del Ministerio de Agricultura y Cría en pleno bosque nublado en el Estado Aragua (Beebe y Crane 1948) y la Estación Biológica de los Llanos Francisco Tamayo en el Estado Guárico, organizada por la Sociedad Venezolana de Ciencias Naturales y dedicada al estudio de sabanas (Bonazzi 1960, Blydenstein 1961).

A lo largo de este período predominó el interés por el reconocimiento de la biodiversidad, sin objetivos integradores de mediano o largo plazo, con una fuerte tendencia hacia la concepción conservacionista más que a la funcional, de los sistemas terrestres y acuáticos. Gran parte de esta actividad pudo llevarse a cabo a través de la cooperación con instituciones extranjeras, que recibían fuerte apoyo de sus respectivos países. De esta manera, por ejemplo, se diseñaron y pusieron en marcha, conjuntamente con contrapartes internacionales, intensivos programas de exploración biológica de la región guayanesa, especialmente de la flora de los tepuyes (Maguire 1964). Sin embargo, dentro de Venezuela el apoyo efectivo siempre fue, y continúa siendo, comparativamente débil. Un caso que probablemente confirme la apreciación anterior, es el de Leon Croizat, uno de los grandes de la biogeografía del siglo XX, quien vivió en Venezuela desde 1947 hasta su muerte en 1982, donde escribió varias de sus obras fundamentales que publicó con fondos personales (Díaz y Gómez 2000). Su trabajo fue apoyado hacia el final de su vida por la Universidad Francisco de Miranda, pero su impacto en el ambiente académico local fue muy reducido (Morrone 2000).

Una actividad fundamental para la comprensión de la realidad ecológica de un país y fundamento para el uso racional de sus recursos naturales es la representación cartográfica de sus ecosistemas. Esta labor la inició Pittier (1920) como parte de su trabajo en el Ministerio de Relaciones Exteriores y tenía que ver con el inventario de los recursos madereros de Venezuela. Otros mapas de vegetación de diferente grado de precisión y fundamentos conceptuales fueron producidos posteriormente, entre los cuales destacan los de Tamayo (1958), Hueck (1961), Ewel y Madriz (1968), Huber y Alarcón (1988), por la calidad de las detalladas memorias explicativas que establecieron los fundamentos ecológicos para la clasificación de sistemas y formaciones vegetales. El Ministerio del Ambiente (MARN) ha publicado varios mapas de vegetación, el último en conjunto con el Instituto Geográfico Simón Bolívar (MARN 2003). Más recientemente Huber y Oliveira-Miranda (2010) revisaron en detalle los avances conceptuales en la cartografía de la vegetación de Venezuela y produjeron un nuevo mapa con información actualizada sobre unidades de paisajes y formaciones vegetales.
La institucionalización de la enseñanza e investigación en ecología

Los primeros cursos de ecología en nuestro país trataban de ecología vegetal y fueron dictados en 1951 en la Escuela de Ciencias de la UCV (llamada posteriormente Escuela de Biología) por el ecólogo austríaco Volkmar Vareschi, contratado en 1950 para trabajar en el Instituto Botánico del Ministerio de Agricultura y Cría (Lindorf 2008b). Estos cursos, de nivel de pregrado, se ofrecían con dos orientaciones. La primera era el estudio de la fitosociología y geobotánica según la escuela de Braun-Blanquet, en boga a mediados del siglo XX en Europa, y la segunda era una introducción de ecología fisiológica de acuerdo a la orientación de Schimper en su “Fitogeografía sobre bases fisiológicas”. En 1962 Vareschi ofrecía también las asignaturas electivas Vegetación del Mundo y Ecología del Valle de Caracas, donde se estudiaban sus principales comunidades vegetales y cultivos, las condiciones ambientales y relaciones fitosociológicas (Fac. Ciencias 1962). Vareschi fue pionero en varias disciplinas que incluyeron taxonomía de helechos y líquenes (1968, 1973) y produjo importantes contribuciones sobre ecología de sistemas tropicales tales como la selva nublada, las sabanas llaneras, los bosques xerófilos y los páramos, cuyos resultados han sido sintetizados en su libro Ecología de la Vegetación Tropical (1980).

En lo referente a ecología animal es destacable la labor del zoólogo Giorgio Marcuzzi, contratado en 1947 por la Escuela de Ciencias para el dictado de Biología General, quien publicó un estudio de la ecología animal del medio xerófilo venezolano (Marcuzzi 1950), que contemplaba también observaciones en ecología vegetal. Sin embargo, es luego de la creación de la Facultad de Ciencias (1958) cuando comienza a dictarse la materia Ecología Animal por Janis Roze, egresado de la segunda promoción de la Escuela de Biología en 1955 y Juhani Ojasti, biólogo formado en Finlandia. En 1960 se tuvo un fuerte impulso al participar como invitado el zoólogo Frederick Test, de la Universidad de Michigan, quien posteriormente (1968) fue designado profesor honorario de la UCV por sus aportes pioneros al conocimiento ecológico de la fauna del estado Aragua (Test et al. 1966) y especialmente por su contribución al establecimiento y consolidación de la asignatura (Lindorf 2008b). Otro curso que se ofrecía en los inicios de la Facultad era el de Ecología de Organismos Marinos, a cargo de Janis Roze y Alonso Gamero, profesor igualmente de la Escuela de Biología con formación académica en la Universidad de Michigan.

En 1963 aparece ya estructurado en la Escuela de Biología el primer Departamento de Ecología con secciones de botánica y zoología.

En la Facultad de Ciencias Forestales de la ULA se deben reconocer los esfuerzos pioneros dentro del Instituto de Silvicultura encabezados por Hans Lamprecht, Hermann Finol y Jean Pierre Veillon, cuyos estudios estaban dirigidos fundamentalmente al establecimiento de las bases ecológicas para el manejo de bosques tropicales.

En el IVIC es la labor de Gilberto Rodríguez la que conduce a la creación del Departamento de Ecología en 1964, inicialmente solo con laboratorios de investigación, desarrollando poco después un sólido programa de formación de postgrado en ecología.

En las últimas décadas se han consolidado los estudios de postgrado en ecología en Venezuela y actualmente se pueden obtener títulos de maestría o doctorado en Ecología dentro de una amplia variedad de áreas temáticas en Caracas, Mérida, Cumaná, Maracaibo y Puerto Ordaz (Tabla 1). No todos los programas tienen grados de desarrollo similar; los más avanzados, en razón del tiempo de funcionamiento y la magnitud y nivel de la planta profesoral son los de la Universidad de los Andes (adscrito al Instituto de Ciencias Ambientales y Ecológicas), el del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (adscrito al Centro de Ecología) y el de la Universidad Central de Venezuela (adscrito al Instituto de Zoología y Ecología Tropical). A estos postgrados circunscribimos el análisis que sigue.

De los postgrados de Ecología el que aparece más estructurado y definido desde sus inicios es el de Ecología Tropical en la Facultad de Ciencias de la ULA (ICAE-ULA), donde ya desde la licenciatura en Biología se ofrecen opciones de Ecología Animal, Ecología de Parásitos y Ecología Vegetal. La estructuración del postgrado en Ecología Tropical fue la responsabilidad de un grupo activo en ecología vegetal, establecido en 1969 en la Facultad de Ciencias de la ULA y constituido inicialmente por los biólogos argentinos Guillermo Sarmiento y Maximina Monasterio, junto a sus colegas venezolanos Juan Silva, Aura Azócar y Eliseo Castellanos. El programa de maestría en Ecología Tropical se inicia en 1981 y el de doctorado en 1987. En la actualidad ese programa está adscrito al Instituto de Ciencias Ambientales y Ecológicas fundado oficialmente en 1999 (ICAE-ULA). Entre 1983 y 2010 el postgrado en Ecología Tropical produjo 80 tesis de maestría y 35 tesis doctorales distribuidas en áreas temáticas que abarcan desde aspectos ecofisiológicos hasta ecología regional y manejo sustentable (Anexo 1, Fig. 1).

El postgrado de Ecología del IVIC es el más antiguo, iniciándose en 1975 (Eco-IVIC). Desde el comienzo su estructura está íntimamente asociada a la composición de laboratorios de investigación del Centro de Ecología. Entre 1977 y 2010 se han producido 51 tesis de maestría y 21 tesis de doctorado cuya variedad temática abarca desde la ecofisiología de plantas y animales, hasta el funcionamiento de ecosistemas y agroecología (Anexo 2, Fig 1).

El postgrado de la UCV (IZET-UCV) ha producido 8 tesis de maestría y 64 de doctorado desde la primera graduación en 1984 hasta el 2007, con una mayor proporción de proyectos relacionados con el área de poblaciones animales (Anexo 3, Fig. 1). Dentro del postgrado en Botánica de la UCV también se desarrollan tesis de interés ecológico, principalmente en el área de ecofisiología vegetal, aunque estos dos programas no parecen estar integrados.

Las gráficas de la Fig. 1 muestran diferencias de importancia. En la ULA y el IVIC el énfasis inicial del postgrado se hizo sobre el programa de maestría, destacando el proceso de consolidación organizativa y de capacidad de la planta de profesores, mientras que el programa doctoral se desarrolla con más intensidad después de transcurrir varios años de iniciación. Por el contrario, en la UCV el énfasis se hizo desde el principio sobre el programa doctoral.

Un segundo aspecto corresponde a las especialidades dentro de las cuales se han desarrollado las tesis de postgrado. Como es de esperar, todas ellas están basadas en las líneas de investigación de profesores individuales o grupos de investigación dentro de cada institución. Una distribución preliminar de las tesis de acuerdo a grandes áreas temáticas indica que las de Ecología de Poblaciones y Comunidades dominaron en el postgrado de la UCV, IZET (67%) y alcanzaron cerca del 20 % tanto en ICAE-ULA como en ECO-IVIC (Tabla 2). En el área de Ecofisiología se concentraron cerca de 25% de las tesis en ULA y 22% en IVIC. El área de Ecología de Suelos tiene la mayor representación en el IVIC (25%) mientras que Ecología de Sistemas tiene una participación similar en ULA e IVIC (≈25%). En IZET-UCV el área de Ecología Cuantitativa y Modelos Ecológicos tiene mayor importancia relativa, mientras que Agroecología tiene similar importancia relativa en los tres programas de postgrado.

Para una evaluación integral del papel de los postgrados en el avance de las ciencias ecológica en el país habría que contestar varias interrogantes:

a) ¿Se han publicado los resultados de esas investigaciones en revistas especializadas?; b) ¿Las contribuciones son originales o novedosas y tienen importancia para el campo de las ciencias ecológicas?; c) ¿Se han aplicado los resultados derivados de esas investigaciones? Esta información debe ser objeto de análisis por especialistas en informática.

Resulta pertinente evaluar además cómo se distribuye territorialmente la población de graduados en ecología y qué papel juegan dentro del país. No disponemos de estadísticas para contestar esta pregunta, pero podemos dibujar un cuadro general cuyo fundamento cuantitativo habría que documentar posteriormente:
- una fracción de esos graduados ha quedado en las universidades donde se formaron, con pocos casos de intercambio institucional. Este aspecto es negativo por el potencial efecto de reducción de diversidad conceptual

- otra fracción trabaja en organismos gubernamentales esencialmente dedicados a la tramitación de permisos relacionados con el análisis de la biodiversidad, o a supervisar estudios de impacto ambiental de actividades gubernamentales o privadas.

- otra fracción trabaja con compañías consultoras especializadas en estudios de impacto ambiental

- una fracción pequeña se desempeña como investigadores y funcionarios de organizaciones privadas vigilantes de la salud ambiental, la conservación de la biodiversidad y proyectos de desarrollo sustentable (Fundación La Salle, Fudena, Provita, Conservación Internacional-Venezuela)

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