De la palabra del dia




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AMIGOS Y SERVIDORES DE LA PALABRA

13 marzo 2015, viernes. III Semana de Cuaresma
DE LA PALABRA DEL DIA

Uno de los escribas se acercó a Jesús y le preguntó: ¿Cuál es el mandamiento primero de todos? Jesús respondió: El primero es: “¡Escucha Israel! El Señor nuestro Dios es el único Señor; amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con toda tu fuerza”. El segundo es éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” No hay mandamiento mayor que éstos.” Mc 12, 28b-31
¿Cómo vivir esta Palabra?

He aquí una de las página evangélicas más importantes y conocidas, pero también más sujeta al riesgo de ser mal entendida. Es una gran alegría, pues, escuchar este Evangelio de hoy que proclama que el mandamiento primero de todos es Amar. La traducción elegida del texto evangélico es la más cercana al griego, para que se pueda captar toda la fuerza expresiva del original.


Jesús, respondiendo a la pregunta del escriba cita dos textos entre los más utilizados en la oración y en la espiritualidad de Israel: un pasaje del Deuteronomio, el célebre shemà Israel: (“¡Escucha Israel!... Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda tu mente, con todas tus fuerzas”) 6,4-5, y un pasaje del Levítico (“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”)19,18. En el laberinto sin límites de preceptos, Jesús elige solamente estos dos, que expresan claramente la esencia de la voluntad de Dios en toda su simplicidad: amar a Dios y a los hombres.

La Ley mosaica se había preocupado después de los casos de la vida, variados y múltiples, formulando toda una serie de prescripciones, pero perdiendo de vista el centro que da unidad e impulso a todo. Y este centro que significa todo, para Jesús es el Amor. Jesús responde también al escriba que el primero de los mandamientos no es uno solo, sino dos, pero íntimamente unidos, como las dos caras de una misma moneda: una cara está dirigida hacia arriba, a Dios, y la otra está dirigida hacia abajo, a los hombres. Estos dos amores no van nunca separados. Y está en la capacidad de mantener estos dos amores sólidamente unidos, la genialidad y la novedad de Cristo

Una última consideración. Los dos amores (a Dios y al prójimo) están –como se ha dicho antes- estrechamente unidos y el uno es la verificación del otro. Sin embargo ellos son también distintos entre sí. La medida del amor a Dios –si se hace caso al texto- es la totalidad. Pues en efecto, en la respuesta de Jesús queda subrayado cuatro veces el adjetivo “todo”: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con toda tu fuerza”. En cambio, la medida del amor al prójimo no es ya el todo, sino “como a ti mismo”. A Dios, pues, la pertenencia total e incondicionada, al hombre, en cambio, no. Al hombre hay que ayudar, servir y amar, como a nosotros mismos, pero no adorarlo como a Dios.

La voz del gran Agustín

El amor a Dios es el primero como mandamiento, pero el amor al prójimo es primero como actuación práctica. Aquel que a ti te da el mandamiento del amor en estos dos preceptos, no te enseña primero el amor al prójimo y después el de Dios, sino a la inversa. Pero dado que a Dios tú no lo ves todavía, amando al prójimo adquieres el mérito de verlo; amando al prójimo purificas el ojo para poder ver a Dios, (Agustin, Tratado sobre Juan, Tratt 17, 7-8).


Comentario de Don Ferdinando Bergamelli SDB

f.bergamelli@tiscali.it


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