Dc. Gerardo Bolado Ochoa uned-cantabria En torno a la polémica recepción de Ortega en la España nacional-católica (1939-1961)




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Esteban Molist Pol, en Diario de Barcelona 7 marzo 1958, p. 22 : exposición serena, metódica, análisis ponderado y prudente, estudio de gran pulcritud y altura: b. J.B.O., Hoja del lunes, Barcelona, 17 marzo 1958: estudio objetivo, ponderación serena y verdadera, caridad y elegancia; C. F. R., en Perseverancia, nº200, abril 1958: valoración objetiva y certera de la filosofía de Ortega; d. Enrique Sordo, en Revista, Barcelona, nº310, 26 marzo 1958: una exposición objetiva y una valoración certera de la filosofía de Ortega, que este sin duda habría aceptado; e. Angel Marza, en El correo catalán, 11 abril 1958: “probidad realmente admirable”;f. Ernesto Salcedo, en La Hora, Madrid 22 marzo 1958: exposición objetiva y valoración precisa y libre de prejuicios; g. Destino nº1077, Barcelona de 29 marzo 1958: este libro es un modelo de objetividad; h. A. Lobato, en La Ciencia Tomista, nº266, abril-junio 1958, p.315: refutación siempre serena, luminosa, objetiva, sin mezcla de pasión; i. A. Topete S.I., en Radio Vaticana, de 4 junio 1958: honestidad científica, respeto y ciencia, serenidad y caridad hacia la obra de Ortega, escueto sentido de la verdad; j. Cruzado Español, nº5, 1 junio 1958: espíritu de total objetividad; k. Salvador Caballero Sánchez, en Estafeta Literaria, 7 junio 1958, p. 7: una crítica objetiva de las ideas de Ortega y Gasset; l. Alejandro Díez Macho, en El libro español. t.I, nº 5, mayo 1958, p. 217: “El juicio más sereno, objetivo y autorizado que sobre la filosofía y heterodoxia de tan dicutido pensador hemos leído”; m. Joaquín de Entrambasaguas, Madrid, ibidem p. 218: “el estudio más sereno y objetivo de la obra de Ortega que se ha hecho entre nosotros”; n. Guillermo Fraile, en Salmanticensis, 5(1958), 237, o el mismo A. Lobato: Ortega habría salido ganando con la sistematización realizada por Ramírez; o. P. Alberto G. Fuente O.P., La doctrina de Ortega y Gasset, 163-173, considera que la obra de Ortega es funesta (“No se pueden poner en manos inexpertas las obras de Ortega y Gasset, ni tampoco exponer sus doctrinas fundamentales sin el correspondiente correctivo.”, esta es un acertado colofón de Ramírez) y que la obra de Ramírez es una crítica definitiva, no sólo de la obra de aquel, sino de sus secuaces católicos; p. Victorino Capánaga, en Augustinus 13 (1959), pp 103-107: acepta el procedimiento y las conclusiones de Santiago Ramírez, pero invita a aprovechar lo que de aprovechable hay en Ortega: “El es sin duda un maestro y refinador de la sensibilidad para la problemática de nuestro tiempo. He aquí una lección que todos pueden aprender de él (…) Pero además de este elemento, digámoslo así, formal de la educación filosófica, hay en Ortega partes vivas que se pueden aprovechar para la solución de los granes problemas de la Filosofía. Su raciovitalismo sin duda como sistema ontológico es endeble, pero , en cambio, conserva, su valor como fenomenología.”. Quiere rescatar el “modo de pensar Orteguiano”, que a su juicio, no entra en colisión con el tradicional, sino que lo completa. Sorprende la sutil manera de salvar la obra de Ortega, que tiene este agustino.


97 en Revista de Filosofía, 17 (1958), 499-505,

98 “moderación y espíritu de justicia; por la moderación en la exposición de las doctrinas propias sin acentos dogmáticos ni presunición de infalibilidad; por la jsticia con que se interprete y evalúe el pensamiento ajeno, haciendo suya la aúrea consigna de San Ignacio“. Ibidem, p. 505

99 en la revista Salmanticensis, 1958.

100 PUF, Paris 1957, 177 páginas

101 Pedro Laín Entralgo, Los Católicos y Ortega, en Cuadernos Hispano Americanos, nº 101, 16 pp., mayo de 1958. A la refutación del artículo de Laín dedicó Ramírez 219 páginas. Parece que se tomó bastante en serio esta contestación de Pedro Laín.

Anónimo, Un libro sobre Ortega, en Religión y Cultura, nº3 abril de 1958, p. 321-325. Dejarlo anónimo no es por gusto. Se trataba de algún clérigo agustino orteguiano. Por otra parte, defender a Ortega contra Ramírez era jugarse la carrera académica. Sólo profesores consagrados como Laín o Aranguren podían afrontar esa crítica, o defenestrados como Marías.

José Luis Aranguren, La ética de Ortega, Madrid 1958. A la refutación de este opúsculo breve de Aranguren, dedica Santiago Ramírez 39 páginas (220-259), pues la crítica de la moral de Ortega ya la había tratado en relación a Laín.

Julián Marías, El lugar del peligro. Una cuestión disputada en torno a Ortega, Madrid 1958, 43 páginas.



102 “(…) desconocimiento de la filosofía actual y del mismo Ortega; imprudencia intelectual por meterme a juzgar de lo que no entiendo; improvisación de ese juicio por haber leído de un tirón y precipitadamente las Obras Completas de Ortega, sin interesarme por ellas; condenación de éste sin haberlo entendido; carencia de espíritu científico y de sentido histórico; simplificador terríble y antípoda simplista, que se contenta con facilonas interpretaciones sin darse siquiera cuenta de los problemas; hombre que se escandaliza por nada y que no ve en Ortega más que veneno; ocultador-o desconocedor- de sus textos principales, por haber leído sus obras con prejuicios, o sin interés, y haberme fijado únicamente en los que convenían a mi propósito condenatorio” (en Ibidem, p.221; referencia a José Luis Aranguren, La ética de Ortega, Madrid 1958, pp. 9,10, 13, 23, 27, 36, 38,39-40, 41, 43, 47, 54)

103 Ibidem, p.221.


104 Santiago Ramírez, ¿Un Orteguismo católico?. Diálogo amistoso con tres epígonos de Ortega, españoles, intelectuales y católicos, San Esteban, Salamanca 1958, p.94.

105 Ibidem, p. 81.

106 Madrid 1958, 43 páginas.

107 Edic. Punta Europa, Madrid 1959, 63 páginas.

108 Pensamiento, 19 (1963), pp. 21-22.

109 M. Llamera, El problema católico de Ortega, Teología espiritual, Valencia, 7 (1959) pp. 139-144. “Para facilitar sin detrimento este lucro (aprovechar lo bueno de la obra de Ortega), es de urgente necesidad una Introducción católica a las obras de Ortega , en la que ha de hacerse como dice Laín “una atenta crítica católica de Ortega; pero con lealtad, amplitud, rigor y caridad”. Esta introducción no ha de ser censoria, sino una valoración justa y serena, que ayude a discernir lo aceptable y lo rechazable de la obra de Ortega. Esta introducción habrían de hacerla conjuntamente Santiago Ramírez y Laín Entralgo, que contrapesasen sus puntos de vista.


110 En la revista Crisis 33-36 (1962), pp. 245-294.

111 El hombre y la gente (1957), Idea del teatro (1958), La idea de principio en Leibniz y la evolución de la teoría deductiva (1958), Prólogo para alemanes (1958), Meditación del pueblo joven (1958), Meditación de Europa (1960), Origen y epílogo de la filosofía (1961), Vives-Goethe (1961) (todavía faltaban otras lecciones, como Unas lecciones de metafísica, Investigaciones psicológicas, o ¿Qué es conocimiento?).

112 Meditaciones del Quijote, El Espectador, España invertebrada, La deshumanización del arte, Espíritu de la letra.

113 La rebelión de las masas, Historia como sistema, Ideas y creencias, Ensimismamiento y alteración, varios prólogos magistrales, p. e. a la Historia de Brehier, Un tratado de monteria al Conde de Yebes.

114 Ibidem, p.249.

115 Ibidem, p. 261.

116 “La voluntad de sistema es evidente. Ahora bien, ¿tiene Ortega un sistema? SI por sistema se entiende una visión totalitaria de la realidad, centrada en torno a un principio fundamental o apoyada sobre una idea que da sentido y cohesión a todas sus derivaciones, nosotros responderíamos que si. No obstante los vaibenes, y altibajos de la moda filosófica, cuyas etapas ha marcado Morón Arroyo, con sagaz y juvenil maestriía, desde muy temprano aparece en Ortega una idea, que creemos nunca abandonó, al menos explícitamente en adelante. Esa idea básica consistiría en una visión general del ser o de la realidad, que raras veces aflora expresamente a la superficie, pero que perdura a lo largo de las múltiples inlfuencias que se van superponiendo en el desarrollo de su pensamiento y que está siempre latente en la diversidad de sus actitudes como filósofo y en su actuación como escritor y como hombre. Los textos son menos abundantes de lo que hubieramos deseado. Pero los hay bastante explícitos. “Todo induce a creer que si al fenómeno que llamamos vitalidad corresponde una realidad efectiva esta será como un torrente cósmico unitario; es decir que abrá una sóla y universal vitalidad, de que cada organismo es sólo un momento o posición. Ello es que los más agudos problemas biológicos no resultan inteligibles sino se supone esa vida única y armónica en todo el Cosmos. (Por ejemplo: el hecho de la adaptación mutua entre especies diversas y en general, la armonía entre “todas” las especies, sólo comprensible si un principio vital único a organizado su conjunto, lo mismo que organiza el cuerpo de cada individuo)…En fin; las situaciones de máxima exaltación corporal, como son embriaguez, el orgasmo sexual, y la danza orgiástica, traen consigo la disolución de la conciencia individual y un delicioso aniquilamiento en la unidad cósmica.”(El Espectador: “Vitalidad, alma, espíritu”). “EL ser, el universo es igual que vida” (Adan en el paraiso, 6 y 7). “Lo íntimo es la verdadera vida, latido del cosmos, médula del universo”. “La vida vive de su propio fondo y mana de su mismidad”. “Algunos filósofos han sospechado sino habrá un solo espíritu universal, de que el nuestro particular es sólo un momento o pulsación”. Refiriéndose a Valle Ynclán, escribe en 1906: “Si no estás unido en las grandes corrientes de subsuelo que enlazan y animan todos los seres.”. Ortega no gusta de hablar de Dios. Una de las pocas que se refiere a El dice: “Dios es el símbolo del torrente vital, al través de cuyas infinitas retículas va pasando poco a poco el universo, que queda así impregnado de vida, consagrado”.

Conforme a esto, tendríamos como primer principio ontológico y como fondo básico de toda la realidad y de todo el Ser a la misma Vida, la cual no es un principio estático, inerte, sino móvil, dinámico, evolutivo, en perpertuo devenir creador de formas de vida, más o menos a la manera de Bergson. O lo que es lo mismo, tendríamos una especie de monismo vitalista, en que la vida primordial equivaldría al Ser o a Dios, y de la cual irían saliendo por evolución las más diversas formas vitales hasta llegar al hombre, creador a su vez de cultura, osea de nuevas formas vitales conforme más o menos al esquema trazado por Darwin y los biólogos de su tiempo.

Ahora bien, en este aspecto la originalidad de Ortega es escasa o nula. Lo mismo y mejor habían dicho ya otros filósofos y biólogos contemporáneos. Cada uno debe medir sus propias posibilidades. Tal vez, por èsto nunca puso especial interés en explicar y desarrollar esos conceptos, y prefirió dejar en una discreta penumbra esa zona soterrada de su pensamiento, sin los desarrollos y ampliaciones acostumbrados en los tipos corrientes de filosofía. En cambio multiplicó y desparramó pródigamente su actividad en otras regiones correspondientes a las formas vitales humanas y culturales, más periféricas y superficiales, pero también más claras, más brillantes y más propias al lucimiento del escritor.

Por nuestra parte confesamos que no lo lamentamos demasiado. Ya tenía España bastante con la calamidad padecida en el siglo anterior, con un señor que fue a Alemanía, pensrionado por el gobierno para que se informase de las corrientes filosósifcas corrientes por allá, y nos trajo de vuelta un “sistema” rígido, cerrado, y “filosófico”, en cuyas mallas se enrredó a sí mismo, y enrrredó a toda una generación de krausistas. La adopción de un sistema cerrado habría quizá privado a Ortega de la libertad, la flexibilidad, la riqueza y de la gracia literaria, que son sus principales encantos. Para nosotros al menos, el Ortega que más vale no es el “filósofo sistemático”, sino el escritor culturalista, que aunque siempre hizo profesión de filósofo –y lo era de verdad- tuvo el acierto de moverse en un campo, o en múltiples campos, en que supo brillar desplegando a velas henchilladas la agudeza de su ingenio fertilísimo, en captar destellos y matices de las personas, las obras y las cosas, luciendo de paso una amplia riqueza de información sobre el pensamiento extranjero, entonces poco menos que desconocido en España.

Más que un sistema de filosofía cerrada, Ortega adoptó un estilo de filosofar, en que, en lugar de empeñarse en la ardua tarea de penetrar en las zonas abisales del sentido del ser, de la existencia y naturaleza de Dios, del origen y destino del hombre, y de otros temas parecidos, en que tantos grandes filósfoos han despilfarrado su trabajo y se han jugado su prestigio, prefirió prescindir de laboriosas lucubraciones sobre problemas tan tenebrosos y tan ingratos, cultivando otros paisajes más superficiales, fáciles, luminosos y agradables, para un público menos exigente.

Ortega poseía una finísima retina intelectual, más apta para mirar devotamente las cosas humanas, que para elevarse en alas de la abstracción a contemplar el misterio del Ser. “ (pp. 150-152)



El sistema de Ortega, recensión de la obra del mismo título de Ciriaco Morón Arroyo, publicada en la revista Salmanticensis en 1968

117 Ortega, filósofo «mondain», Biblioteca del pensamiento actual de Rialp, Madrid 1961, 355 págs.

118 Gonzalo Fernández de la Mora, Ortega y el 98, Biblioteca del pensamiento actual de Rialp, Madrid 1961.

119 Emilio Lledó, Ortega: la vida y las palabras, en Revista de Occidente, nº 48-49, Mayo 1985, p. 57-58.

120 La revitalización del movimiento fenomenológico en España, en los años ochenta„ fue obra de alumnos de Millán Puelles, Montero Moliner y Rábade Romeo. El impulso y las contribuciones de Montero fueron decisivas. (San Martín (Hrsg.), Phänomenologie in Spanien, Könnigshausen & Neumann, p. 7-8).. Ver también el artículo de Javier Lerín, Aufnahme und Entwicklung der Phänomenologie in Spanien, (Ibidem, p. 24-25). Agradezco al profesor San Martín, que me facilitó estos dos artículos antes de su publicación efectiva.

121 Obra Completas, vol. I, ed. 1947-1950, p. 212, “Una respuesta a una pregunta”..



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